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Sábado 23 de Septiembre de 2017

Una Nación sin destino

Por estos días estamos conmocionados por las situaciones adversas que están sufriendo en el Caribe, en México, con casi todo está en ruinas, donde la incertidumbre de esa pobre gente crea desesperación

Por estos días estamos conmocionados por las situaciones adversas que están sufriendo en el Caribe, en México, con casi todo está en ruinas, donde la incertidumbre de esa pobre gente crea desesperación. Ahora, si tenemos que analizar el por qué vemos tanta preocupación de nuestra parte, tanta dedicación de los medios, dando el tenor que noticias como estas realmente asustan y crean una sensación de fragilidad interior que por momentos nos deja atónitos. Pero siempre de un análisis de este tipo debemos profundizar en el qué nos deja, pero sobre esto debemos agregar una pregunta que su respuesta debe ser parte de qué vemos y qué sentimos, pero no mirando hacia afuera, sino hacia adentro de nuestra sociedad. Cómo nos ocupamos o preocupamos por la pobreza en los lugares más alejados de nuestro territorio, cómo se sanea el sistema hídrico que ha dejado millones de hectáreas inundadas para que nunca más se pueda ya sembrar en ellas, cómo interrumpir la estigmatización de los indígenas de nuestro país que han sido azotados por los gobiernos regionales dejándolos en una pobreza extrema de donde difícilmente en algún momento puedan salir. Cuál es la mirada que damos desde la sociedad toda para la problemática subdesarrollada en la cual estamos inmersos. Las mezquindades políticas de siempre siguen haciendo mella desde el poder, desde donde todo se propone y nada se hace. La salud pública está en el peor grado de desgaste y de safectación presupuestaria, la educación, donde quienes tienen que tener la predisposición de aprender para tener un futuro mejor siguen teniendo herramientas de enseñanza obsoletas, y los resultados están a la vista. Si a todo esto debemos agregar el candor por el pedido de justicia por la inseguridad constante que vivimos los ciudadanos día a día, digamos que el combo es bastante arrollador. Sin embargo, dejamos de hacernos preguntas como hasta cuándo seguir preocupándonos u ocupándonos por aquellos que necesitan de nuestra solidaridad en otro extremo del planeta, cuando las necesidades internas de nuestro país nos apabullan. No obstante hemos recibido distintos legados para llegar a nuestros días en una posición de total desequilibrio, donde como ciudadanos hablamos de grieta cuando deberíamos hacer cosas por estar juntos y dejar que unos pocos no nos convenzan de que el otro es el enemigo.

Guillermo V. Ferreyra


Los verdaderos “hijos del viento”

El 11 de septiembre, 101 años atrás, nacía en Rosario Alfredo Morosano, “El hombre de la rosa”. No estoy confundido, juego con el título del libro de Umberto Eco, “El Nombre de la Rosa”. ¿A qué “rosa” me refiero? Me refiero a la “rosa” de un poema que le dedicó Alfredo a su club, a nuestro club, a Temperley, cuando inició sus versos con: “Te vieron por vez primera/aparecer en la esquina/como una rosa divina/regalo de primavera”. No sé de cuando data el poema, lo que sí se, y siempre me llena de dudas y me asombra, es el año en que aquellos pibes, nuestros fundadores, tuvieron la idea de hacer un club. Primavera del 27, pero con fecha incierta, después se optó por el 21 de septiembre por lo benigno del clima en los días en que concretaron su increíble idea, a pesar de lo ventoso del momento sublime en que la hoja de un diario se enreda en las piernas de Alfredo. La histórica página, que el azar hizo que trajera entre sus noticias, una dedicada a la localidad del nombre que, hoy, tanto queremos: Temperley. Lo de las dudas y el asombro, es nada más por la edad de los “padres” de nuestro club. Niños en la etapa de la adolescencia temprana. Tengo algunas certezas por ser el yerno de Alfredo que en el momento de la fundación tenía 11 años, sus hermanos, Alberto, mayor un año, y Ernesto de 9. También sé que Enrique Remiro era de la edad de mi suegro. Entonces deduzco que la mayoría andaba entre los 9/10 años a los 12/13. Sencillamente asombroso, casi milagroso, que esa idea de aquellos pibes hubiera perdurado en el tiempo, y no podemos olvidar aquello de las ráfagas que empujaron, mágicamente, la hoja del diario aquel, casi del valor del “manto sagrado” en “nuestras albinegras y sagradas escrituras”, entiéndase bien, para nosotros, los verdaderos “hijos del viento”.

Elvio Carlos Carbajales

DNI 6.071.830


El abanderado de la Estación Fluvial

No dejo de preguntarme cuántos rosarinos, de todas las edades y condiciones, pasan casi sin mirar o preguntarse quién es el joven que porta una bandera a la entrada de la Estación Fluvial, por avenida Belgrano, inmortalizado en el bronce, con un uniforme que nos recuerda a la Guerra de Secesión americana. Es ese joven, muerto hace 151 años, un 22 de septiembre, el abanderado del Batallón Santafesino, Cleto Mariano Grandoli. No puedo dejar pasar esta fecha sin recordarlo y recordarlos; casi 5.000 muertos en una carga frontal, a pecho descubierto, un pelotón de fusilamiento, y estos jóvenes veteranos de nuestro ejército en la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, cuyo resultado, pese a un sector de historiadores favorables a Mitre, disfrazan de “retirada honrosa”, un eufemismo que encierra la más sangrienta derrota que sufriera un ejército argentino en guerra internacional, supieron cumplir con su deber. Más allá del triste resultado, no se puede olvidar el valor, la gallardía, el temple heroico de Grandoli y sus compañeros, que sabiendo que iban a una muerte segura no dudaron en ofrendar lo más valioso que tenemos: la vida. En épocas donde el sacrificio y el honor faltan en muchos estamentos, rescatemos su memoria. Tal vez, alguien lea estas líneas y mire su estatua y pueda reconocer o interesarse por esa gesta heroica. Gracias por su atención y un gran saludo.

Aldo Oscar Rotondaro

DNI 13.544.665


Los jubilados queremos ser escuchados

Los jubilados provinciales (la gran mayoría) estamos pagando lo que mal se denomina: un seguro mutual. En mi caso me descuentan de mis haberes la bonita suma de $ 737,86. Ante nuestros reiterados y permanentes reclamos se nos informa que está en manos del Poder Legislativo la situación del problema: ya que ese seguro se implementó entre los años 1938-1939 aproximadamente, era un seguro para la vida: se nos debía abonar un 20% a los 65 años (algunos ese monto lo percibimos, en mi caso a los 69 años), otro 20% a los 70, otro a los 75 y otro a los 80, quedando un 20% final para los herederos. Es nuestro reclamo permanente y no somos escuchados. ¿Y saben qué nos duele? Que esta gestión, que nos cambió la vida a los jubilados provinciales, no sea copiada por el actual grupo del Seguro Mutual que pareciera burlarse de nuestros permanentes reclamos. Los legisladores provinciales, que no dudo deben estar al tanto de este calvario, ¿demorarán tanto en comprenderlo y al fin legislar para estos viejos que no estamos pidiendo más que justicia? Confío ciegamente en nuestros legisladores, y a mis felices 83 pirulos deseo percibir lo que nos corresponde, ya que como presidenta de la Asamblea Permanente de los Jubilados Provinciales he tomado como un deber que seamos escuchados. ¿Será Justicia?

Consilia Varrenti

DNI 3.229.119

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