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Miércoles 20 de Abril de 2011

Un equívoco persistente

La madrugada del Año Nuevo de 1997 Norberto Eduardo González escuchó ruido en el fondo de su casa de Punta del Este y al asomarse advirtió una silueta manoteando el picaporte de la puerta trasera.

La madrugada del Año Nuevo de 1997 Norberto Eduardo González escuchó ruido en el fondo de su casa de Punta del Este y al asomarse advirtió una silueta manoteando el picaporte de la puerta trasera. Abrió fuego con un revólver 38 y la figura se desplomó sin vida. Con horror descubrió que era su nieto, José Luis Ricciardi, de 15 años, que había vuelto antes de tiempo porque se había olvidado las llaves.

El 18 de septiembre de 2003, en la calle Freyre de Alberdi, Pablo Bomer, de 18 años, notó que de la casa de Jorge Mestroni salía humo abundante. Advirtiendo un incendio el muchacho se desesperó suponiendo que su histórico y apreciado vecino dormía adentro. Cuando Pablo forzaba la puerta para entrar recibió un escopetazo mortal que Jorge, de 66 años, disparó pensando que intentaban robarle.

Estos casos, a diferencia del de ayer, partieron de un trágico equívoco. En la autopista, en cambio, no hubo ladrones imaginarios sino auténticos. Lo que enlaza sin embargo a los tres episodios es que en cada hecho las que determinaron las muertes fueron armas en poder de civiles. Y que estos dramas propios de la autodefensa armada, algo que se propone como solución frente a situaciones de miedo y de bronca, suelen ser un camino sin retorno a la fatalidad.

La portación de armas de uso civil se permite en ocasiones especiales. Pero eso más que evitar tragedias parece convocarlas. Las fuerzas de seguridad tienen un entrenamiento específico ante situaciones de violencia imprevista que los civiles no tienen. Y por eso cuando un civil adopta actos propios de un policía las cosas se complican.

En general cuando un civil decide armarse es porque siente que el Estado no ocupa el lugar que debería en proveerle seguridad. Pero que al armarse su problema quede resuelto es otra cosa. Ayer los policías en la escena de tantriste hecho lo repetían. El más persistente error cuando un civil dispara es dar por seguro que el destino del tiro será el que tirador previó. Eso nunca pasa. Decir esto no intenta buscar culpables en la castigada familia de Lucas Renna. Hubo muertos porque en el lugar hubo asaltantes. Pero también, acaso, porque hubo allí un civil armado en situación defensiva.

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