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Viernes 13 de Octubre de 2017

Todo muy normal

Familiares de un narco impiden la presentación de un libro sobre Los Monos, barras de Newell's intimidan y desbaratan una asamblea de socios, representantes de dos sindicatos se disputan afiliados arrojando toneladas de basura a la calle.

Familiares de un narco impiden la presentación de un libro sobre Los Monos, barras de Newell's intimidan y desbaratan una asamblea de socios, representantes de dos sindicatos se disputan afiliados arrojando toneladas de basura a la calle.


Sólo el repaso de las últimas 48 horas abruma por la manera en la que la prepotencia y la violencia se han adueñado de la ciudad. Ni qué hablar si se revisan otras situaciones que nos conmovieron tiempo atrás y poco después se perdieron entre presentaciones judiciales y el consabido "vamos a investigar hasta las últimas consecuencias".

Baste recordar que todavía no se sabe quién arrojó una botella desde un edificio y le arruinó la vida a una joven que disfrutaba de una charla en la vereda frente a un bar, o cuál fue la responsabilidad policial en algunas muertes confusas. Podría ser demasiado larga la lista.



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Pero volviendo a los sucesos de las últimas horas, resulta alarmante comprobar de qué manera nos estamos acostumbrando a este tipo de alteraciones en la vida cotidiana de los rosarinos. Es penoso cómo se naturalizan los hechos de abuso institucional o social. Y de qué manera se empieza a tolerar también que después no pase nada. Que nadie tome medidas, que no se haga justicia con los responsables y que todos miren para otro lado. Hasta el próximo episodio.

Aunque lo ocurrido en los últimos días tiene algunos detalles agravantes. La presentación del libro de Los Monos, si no fuera por su inusitada gravedad, parece una emboscada a sus autores. Tal vez alcance con describir la situación:



Lorena Verdún en el ECU
Lorena Verdún en el ECU 3


• Se iba a presentar en la ciudad, donde una banda ejerció durante años la violencia más extrema, un libro que retrata lo que se sabe de sus actuaciones. Iban a asistir los autores y es conocida la inclinación de algunos de los miembros de este grupo a intimidar y dejar su sello. Lo más evidente de este comportamiento probablemente haya sido seguir "trabajando" desde la cárcel en ejecuciones y secuestros.

• Por las dudas que las autoridades del área de Seguridad estuvieran distraídas, los propios protagonistas de la presentación editorial se encargaron de advertir que sería conveniente poner algún tipo de seguridad en la puerta, ya que imaginaban que podía pasar algo.

• La respuesta no dejó de conmover a quienes trasladaron esa inquietud: les dijeron que como era un espacio federal (el ECU pertenece a la Universidad Nacional de Rosario) no se podía. Pero que se quedaran tranquilos, iban a enviar más policías caminantes para intimidar. Nunca estuvieron.

• Cuando la viuda del Pájaro Cantero irrumpió en la sala e interrumpió la presentación que recién comenzaba, los periodistas y autores del libro empezaron a mirar con inquietud hacia los costados. No había nadie. Fue un remanso ver a un señor fornido, tal vez un sereno del ECU, que finalmente anunció que el acto se interrumpía "porque no estaban dadas las condiciones".



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• Previamente le habían pedido a la ex pareja del Pájaro Cantero que se retirara, pero se negó. Así de simple fue cómo ganó la partida frente a un centenar de personas que habían asistido a la presentación del libro. (De paso, qué escasez de políticos en el acto).

• Para los responsables de Seguridad de la provincia privó entonces la prudencia y el respeto a la jurisdicción federal. Quizás podrían haber acordado una vigilancia compartida, a tenor de la especial situación de la que se trataba. ¿Qué hubiera pasado si alguien entraba armado? ¿No intervenían?

• No parece difícil imaginar que era un tema sensible la presentación de un libro que trata sobre una banda que irá a juicio por múltiples asesinatos.

En el caso de los barras de Newell's asombra también la escasa intervención del Estado. Igual que la actitud de las propias autoridades del club, que casi defienden a los barras presentes en las puertas del Coloso. ¿Qué tenían que hacer ahí? Es inexplicable la respuesta que ayer dio un directivo cuando dijo que eran "simpatizantes del club que tiraban para los dos lados". Es realmente curioso escuchar de una hinchada de fútbol cánticos a favor de que se apruebe un balance. Era más normal oírlos alentar a un equipo de jugadores. Parece que las modas cambian.



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Es triste ver cómo se degrada la vida institucional de un club. Cuando dos partes no se ponen de acuerdo sobre si una asamblea aprobó el balance o fue suspendida, algo grave pasó en el medio.

En cuanto a los "muchachos" de la basura, es de esperar que las promesas de severas medidas terminen en algo. Aunque si se repasa la historia reciente, es probable que ya nadie confíe que pasará demasiado.
Por estos sucesos, los medios nacionales e internacionales volvieron ayer a hablar de una Rosario violenta. Tal vez sea tiempo de actuar mejor sobre la realidad antes de culpar a la prensa porque estigmatiza a la ciudad.

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