Antes de que me olvide
Viernes 12 de Mayo de 2017

Paraíso

Puede vérselos sobre el borde los balcones, en las grietas de la mampostería que los viejos balcones armaron con sus años y su cansancio. En los bordes de la terraza. Son los árboles tenaces, la botella al mar que envía la pampa.

Sobre la pared de ladrillo de una casona, en una calle céntrica, a la que al lado le quitaron el edificio y le habilitaron una playa de estacionamiento, el paraíso sale al aire desde el aire.

Es definitivamente una botella al mar del olvido que la pampa envía a las calles y los hombres de las ciudades. Mensaje clarito. Clarito. Aquí estuvo la tierra, la pradera, el humus, los granos, las plantas.

Por aquí reinaba el verde y los vientos y había temporadas y temporales. Era otra cosa este pedazo de barranca sobre el Paraná. Era otra cosa.

Deja otro mensaje el paraíso, en un escorzo obligado sobre la pared, desnuda por la ausencia de medianeras alevosas y vengativas. Se puede. Que se puede crecer en mitad de la adversidad mas adversa y adversaria.

Ni el sol ni el agua del Paraná, como canta la canción, ni el sol ni el agua le son dados de buen modo. Ni siquiera la tierra y la sencilla humedad le llegan naturalmente.

En mitad de las basuritas que se van haciendo base, pequeño terrón de una tierra esquiva, mas polvo que suelo, en mitad de los ladrillos el paraíso armó su tronco, sus ramas. Crece y de modo natural enfila hacia arriba, se tuerce y sube.

No hay explicación ciudadana al mensaje terrenal. No hay otra cuestión que la determinación de una semilla, de una nada que de pronto se convierte en algo, en pequeña cosa confusa, un verde sobre ladrillos enmohecidos.

No puedo quedarme toda la mañana contemplando el paraíso chueco que de la pared se esfuerza por enderezarse y subir. No puedo. Debería hacerlo para saber que habrá un pájaro, también sobreviviente, que dará el certificado de nacimiento de una historia. Un pájaro, un árbol. Que mas. Tanta gente que en la ciudad se esfuerza por la desesperanza y allí, solo con su determinación, el árbol arranca con su mandato. Fue una semilla, germinó y debe crecer y ser verde.

Melia azedarach, llamado popularmente cinamomo, agriaz, lila, paraíso sombrilla o, de manera más imprecisa, árbol del paraíso (nombre que se refiere al principio a otra especie, Simarouba glauca), es un árbol mediano, de hoja caduca, de la familia de las meliáceas. Paraíso.

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