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Martes 20 de Diciembre de 2016

Noticias poco valoradas

Descubrir a los autores intelectuales y materiales del atentado a la Amia y qué apoyo local tuvieron para el ataque todavía son asignaturas pendientes.

Hace pocos días la investigación del mayor atentado terrorista sufrido en suelo argentino, la voladura de la Amia, tuvo una novedad importantísima que casi pasó desapercibida en los medios de comunicación y en la sociedad.

A 22 años del atentado se resolvió uno de los fantasmas que sobrevolaban sobre la mecánica del ataque. Increíblemente en un freezer ubicado en una dependencia de la Policía Federal en Buenos Aires se encontró un balde de color rojo con restos orgánicos congelados y esquirlas de una Trafic que terminaron con todas las dudas: una camioneta cargada con explosivos causó la masacre. Con esta evidencia se disiparon hipótesis, algunas fantasiosas, tales como que hubo una implosión, que nunca existió un coche bomba o que los restos de la camioneta hallada en el lugar fueron plantados después del atentado con objetivos difusos.

No sólo se halló ese material decisivo para esclarecer al menos cómo se gestó el crimen masivo, sino también un viejo video en formato VHS donde médicos forenses describen autopsias de las víctimas a pocas horas de la explosión y muestran las esquirlas metálicas extraídas de los cuerpos, que se corresponden con piezas de la Trafic.

Además de la importancia del hallazgo para la causa, el descubrimiento revela el bajo nivel de investigación de la Justicia argentina, al menos en este caso, donde pruebas de esa envergadura estaban prácticamente desechadas, cosa que ante tamaño despropósito no parecería casualidad.

El primer juez de la causa, Juan José Galeano, había dicho a pocas horas del ataque que la sociedad "se caerá de espaldas" cuando conozca la verdad. Fue una cortina de humo más en una investigación que empezó mal y que aún no está terminada.

El reciente descubrimiento de la evidencia fue posible porque la causa ha tomado nuevo impulso (que parece nunca haber tenido) a partir de la designación de los tres fiscales que reemplazaron a Alberto Nisman en la Unidad Fiscal Amia. Los nuevos funcionarios judiciales, Sabrina Namer, Roberto Salum y Leonardo Filippini, también habían logrado identificar hace pocos meses los restos de la víctima número 85 de la explosión. Se trata de Daniel Jesús, hijo de una mujer también fallecida en el ataque. Ambos realizaban en la sede de la mutual hebrea un curso para el cuidado de enfermos.

Sobre este mismo tema, también tiene escasa repercusión pública el juicio por encubrimiento del atentado que actualmente se desarrolla en un tribunal oral federal de Buenos Aires y que tiene como principales imputados, entre otros, al ex presidente Carlos Menem, al ex juez Galeano, a dos fiscales federales, al ex presidente de la Daia Rubén Beraja y a Carlos Telleldín, último poseedor de la camioneta que ahora, sin dudas, se sabe que se usó en el atentado.

Precisamente Telleldín había recibido de la Side, durante el gobierno de Menem, 400 mil dólares para imputar falsamente a varios policías bonaerenses por el ataque. En 2004 la Justicia federal que investigaba la conexión local del atentado anuló todo lo actuado cuando se comprobó algo que parecía increíble: el Estado, en complicidad con un juez, sobornó a un imputado para que preste falso testimonio. El tribunal, entonces, ordenó un nuevo juicio, esta vez para saber quiénes fueron los encubridores. Se inició en agosto de 2015 y ya se han desarrollado 67 audiencias, la última el jueves pasado cuando declaró un ex agente de la Side que relató su participación en el pago ilegal a Telleldín y se desdijo de dos declaraciones anteriores, en las que sin dudas mintió o lo hizo ahora. Este juicio deberá dilucidar el segundo interrogante más importante de la causa: por qué y para qué se quiso encubrir el atentado. El principal, descubrir a los autores intelectuales y materiales y qué apoyo local tuvieron en el ataque, todavía es una asignatura pendiente.

Tal vez si algún día se revela toda la verdad, la noticia podría ser valorada en su justa medida en medio de tanta "basura" comunicacional.

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