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Miércoles 25 de Enero de 2017

Metrobus, una obra mal hecha

"La obra pública significa progreso. Y el progreso de una ciudad conduce también al progreso de sus habitantes".

Puede ser que ya nadie recuerde la frase, una más entre las tantas que los funcionarios dicen para quedar bien no se sabe exactamente con quién, pero ahí están los archivos para recuperarla. Quien la pronunció fue el ministro de Transporte del gobierno nacional, Guillermo Dietrich. "Rosario es una de las ciudades más innovadoras", aseguró. Lo dijo casi al mismo tiempo que los primeros colectivos rosarinos comenzaban a circular por el Metrobus Norte, el carril exclusivo para el transporte público que corre por la avenida Alberdi. A su lado, la intendenta Mónica Fein asintió, halagada. No es posible saber si el funcionario nacional estaba informado en ese momento que la obra innovadora que estaba inaugurando había sufrido un retraso por un insólito error de cálculo en la altura de las paradas que obligó a rehacerlas. ¿Sabrá que ahora están repavimentando la calzada frente a esas mismas paradas porque el asfalto no soportó el embate de los colectivos y se deformó hasta romperse?

Para construir el tramo del Metrobus Norte que va de Vélez Sarsfield a la Génova el municipio de Rosario invirtió 38 millones de pesos. La obra se demoró casi el doble del tiempo previsto por aquel error de cálculo del que aún hoy no se sabe que alguien se haya hecho cargo, ni política ni técnicamente. Ahora que se conoció que la están reparando quizás convenga recordar que no se inauguró hace una década sino apenas el año pasado. Significa que una obra menor (no es un puente sobre el Paraná, ni el entubamiento de un arroyo, ni una autopista), que no ofrecía grandes dificultades para su construcción, se hizo mal y por lo tanto costó más dinero. Y, lo que es peor, sigue demandando una inversión municipal, ahora para repararla.

La obra pública es esencial para una ciudad. Por múltiples razones: porque mejora y le da calidad de vida a sus habitantes, porque los ayuda a progresar individual y colectivamente, porque demanda mano de obra y por lo tanto da trabajo, y porque le quedará a las generaciones futuras. La obra pública significa progreso. Y el progreso de una ciudad conduce también al progreso de sus habitantes.

¿Quién se equivocó?

En Rosario hay poca obra pública, mucha menos de lo que los rosarinos necesitarían para sentir que habitan una ciudad que progresa. Aun así, sería tranquilizador saber que lo que está en marcha se hace bien, y que servirá por años o por décadas y no por seis meses.

En el caso del Metrobus Norte, no sólo no se sabe que haya existido una investigación en el municipio para deslindar responsabilidades sobre los errores de cálculo y las calidades del pavimento que se utilizó. Peor que eso, hay explicaciones que oscurecen más de lo que aclaran y no hacen más que agrandar el malestar social por lo que se percibe como la gestión deficiente de una obra sin mayor complejidad.

Una de ellas, tal vez la única que se haya conocido públicamente, la dio la secretaria de Transporte y Movilidad, Mónica Alvarado, cuando afirmó que las reparaciones que se realizan sobre la calzada del carril exclusivo son parte del mantenimiento de la obra. La explicación sólo se entiende porque se supone que Alvarado es especialista en transporte y no en obras civiles. No hace falta ser ingeniero para saber que cualquier obra necesita mantenimiento. Lo que se está haciendo en la avenida Alberdi en estos días es bastante más que eso.

La inauguración del Metrobus Norte fue el 30 de junio de 2016. Esa misma mañana, la intendenta Fein y el ministro Dietrich firmaron un compromiso para extender el carril exclusivo para el transporte público por el bulevar Rondeau hasta conectarlo con la avenida San Martín de Granadero Baigorria. Si se concreta será una gran obra. Habrá que esperar que no tengan que repararla antes de que cumpla un año.



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