La lupa
Viernes 17 de Febrero de 2017

Las dietéticas

Son como la antesala de las farmacias. Todo, o la mayoría de lo que se ve, se come. Pero, además de saciar el hambre, tiene que servir para otra cosa. Ganan cualquier campeonato los compuestos y preparados para adelgazar, pero también hay específicos para recobrar energía, para dormir mejor, para regular el tránsito intestinal, para equilibrar la presión sanguínea, para regenerar la piel, para favorecer la circulación, y para tantas otras cosas como tipos de cereales, frutas secas, jarabes y harinas existan.

La clientela de las dietéticas forman una suerte de grupo que en poco tiempo y a intervalos regulares comienzan a coincidir en un local. Piden casi siempre lo mismo, maníes sin cáscara, maíz o arroz inflado, sésamo, semillas para agregar a las ensaladas, nueces, castañas de pará, porotos alubia, arroz integral, dulce de algarrobo, alfajores de arroz, dulce de batata (o membrillo) de bajas calorías, galletitas para celíacos, ají molido, nuez moscada, azafrán, chocolate light, frutas abrillantadas así como ananá, mango, pera, duraznos, damascos, ciruelas con o sin carozo disecadas.

Todo tiene un propósito ulterior a la satisfacción del bocado que da placer. Placer que no se iguala de ninguna manera a un asado con chinchulines, tripa gorda rellena, morcillas con pasas de ciruelas, mollejas y provoleta a la parrilla acompañadas con cebollas y morrones que crepitan sobre las brasas.

Eso sí, cuando el dolor de cabeza es fuerte, no queda otro remedio que recurrir a la farmacia por una aspirina.

Lo dicho.

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