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Sábado 22 de Febrero de 2014

La lucha de los estudiantes: de Chile a Venezuela

Hay una tendencia a equiparar las diversas manifestaciones universitarias de la región. ¿Es correcto?

En todos los tiempos, los estudiantes han jugado un rol importante en los procesos políticos de cambio. Ya en el siglo XIX en nuestro país, podemos dar el ejemplo de Mariano Moreno, que si bien cuando asumió en la Primera Junta ya estaba graduado, había consolidado su pensamiento revolucionario en las aulas de la Universidad de Chuquisaca.

Cien años después, el Movimiento de la Reforma Universitaria, gestado en Córdoba en 1918, fue el inspirador, de distintos movimientos políticos de avanzada en toda Latinoamérica.

Los sucesos que se desarrollan en Venezuela, preocupantes para el escenario de nuestra región, traen nuevamente a primer plano el papel de los estudiantes. Las manifestaciones que enfrentan al gobierno de Nicolás Maduro tienen como actores principales a jóvenes que provienen de institutos privados e incluso de universidades estatales, conducidas por sectores opuestos al gobierno nacional. La vivienda de la mayoría de los manifestantes se ubica en los sectores más acomodados de Caracas y, para los que conocemos la ciudad, es evidente que las manifestaciones se localizan fundamentalmente en urbanizaciones al este de la capital venezolana, habitadas por clase media y alta. Se puede agregar que Leopoldo López, el líder más radical de la confrontación en las calles, es un egresado de Harvard, que ha sido alcalde de Chacao, considerado el municipio más rico y poderoso de Caracas.

En Chile. Teniendo en cuenta que en los últimos años, los estudiantes chilenos ganaron también las calles para manifestar sus reclamos, existe la tendencia de hacer una analogía entre ambos movimientos. Conviene hacer algunas puntualizaciones.

Los universitarios chilenos se enfrentan a una crítica situación para avanzar en sus estudios. El sistema educativo chileno puede describirse a grandes rasgos como un sistema de mercado, donde el Estado delega su responsabilidad en el ámbito educacional a actores individuales o personas jurídicas, para que las familias compren los servicios educativos, según lo permita su capacidad adquisitiva.

Los estudiantes chilenos han manifestado reiteradamente que uno de los objetivos de su lucha es lograr una educación universitaria pública y gratuita, como la que existe en la Argentina.

Según los datos oficiales, a partir del derrocamiento de Salvador Allende, el país trasandino redujo en un 50 por ciento la inversión destinada a educación. Un espíritu setentista podría señalar, paralelamente, que Chile presenta el gasto militar más alto para la región.

Donde rige el mercado. En una educación como la chilena, regida por la ley del mercado, conseguir un título universitario, en caso de no tener fondos propios suficientes, puede significar endeudarse de por vida solicitando un crédito estatal o privado.

En líneas generales, haciendo un promedio entre distintos centros de estudios, puede decirse que un estudiante chileno necesita algo más de un sueldo básico por mes para afrontar el derecho de matriculación y los aranceles anuales, no sólo en las instituciones privadas sino también en las públicas. Como contraparte, Venezuela ha logrado desde el año 1998, erradicar el analfabetismo, con la implementación de Misión Robinson. Robinson era el seudónimo en el exilio que utilizaba Simón Rodríguez, maestro y tutor de Simón Bolívar.

Logros educativos. Entre los años 2003-2012 se alfabetizaron 1.750.000 ciudadanos venezolanos y, al mismo tiempo, se implementó la enseñanza primaria universal. Durante el proceso político iniciado en 1999, con el primer triunfo electoral de Hugo Chávez se crearon en Venezuela 22 universidades y se incorporaron a ese nivel educativo más de 3 millones de alumnos. En la actualidad, el 70 por ciento de los estudiantes universitarios está matriculado en Universidades públicas gratuitas y solamente el 30 por ciento cursa en Universidades privadas.

La lucha de los jóvenes en general y de los universitarios en particular, siempre despierta simpatías, por su entrega, su idealismo, la fortaleza de sus convicciones. Sin embargo, el impulso emocional que nos lleva a apoyar esas protestas no debe impedirnos bucear en la realidad económica, social y política en que se desenvuelven esas manifestaciones.

Hay, en estos días, una tendencia a equiparar la lucha de los estudiantes chilenos con la de los venezolanos. Conviene, en esta oportunidad, evitar las simplificaciones.

Se dice que las comparaciones son odiosas. En el caso de Chile y Venezuela son incorrectas.

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