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Viernes 20 de Enero de 2017

Humo para tapar el agua

"Este es un año electoral y habrá mucho marketing político. Esperemos no ahogarnos con el humo antes de votar".

Que la política y la gestión en distintos niveles se han vuelto prácticamente puro marketing es una verdad tan evidente como aceptada. Hay cientos de ejemplos que lo certifican. Y los hay todos los días.

Sin ir más lejos, las inundaciones causadas por las copiosas lluvias de diciembre y enero volvieron a mostrarlo con una repetición pasmosa y a veces irritante. Casi no hay gestión destinada a atenuar los efectos de los temporales en ninguno de los niveles del Estado, pero a cada rato se ven muestras de cómo conciben nuestros políticos y funcionarios la política y el gobierno.

Ahí está Twitter para probarlo. Basta con iniciar sesión en la red social del pajarito, hacer tres o cuatro scroll y comprobarlo in situ en ese muro despiadado: enseguida aparecerá algún funcionario, o un legislador, un concejal o incluso alguien con poder ejecutivo, fotografiados por un agente de prensa en algún lugar anegado, "ocupándose" de los inundados. "Acá estamos, al lado de la gente que nos necesita", sería una frase que bien podría sintetizar lo que esos hombres públicos adosan a sus imágenes junto a la "gente".

En estos días hubo una foto que se repitió: mostraba a funcionarios de distintos niveles "reunidos" (otra marca distintiva de la política moderna y marketinera, el reunionismo) para analizar y hacerle frente a la emergencia. Se los veía serios, preocupados, circunspectos, parados frente a tres o cuatro teléfonos celulares e inclinados sobre mapas (¡mapas de papel, en la era del GPS y Google Maps!). El mensaje que querían transmitir es que se estaban ocupando, una vez más, de la gente que los necesita. Es triste decirlo, pero eso es marketing, no gestión.

Hay algunos a los que esta manera de hacer política y de gestionar los atrae más que a otros. Es más: hay quienes no conocen otra forma de hacerlo. No muestran resultados, venden una imagen.

Hay concejales en Rosario, por ejemplo, a los que les gusta tomarse fotos en barrios humildes para difundirlas en Instagram, Twitter o Facebook. Se los ve siempre de la misma manera: hablando con alguien, "escuchando sus problemas", supuestamente interesados en resolverlo.

Hay legisladores provinciales convencidos de que la presencia del Estado en un lugar donde la gente lo necesita se muestra a través de un tuit o una imagen en Instagram.

Hay funcionarios políticos con rango ejecutivo que parecen estar persuadidos de que echarles la culpa de todo a otros (el tercero de los grandes males de la política de estos días) los aliviará de responsabilidad en lo que no se hace o está mal hecho. Y que, de paso, les dará rédito político.

Es cierto que no todos son iguales. Y es irrefutable que todavía hay quienes trabajan en la política por vocación. Del mismo modo, debe admitirse que el marketing es útil y necesario en la medida en que se lo utilice como una herramienta para comunicar, divulgar, orientar, enseñar y sobre todo informar. Los desvíos y cortes de una ruta que quedó bajo agua, para citar un ejemplo de estos días. O la necesidad de que todos nos cuidemos del aedes aegypti, ese mosquito insignificante que vino a jorobarnos la vida. O tantos otros.

La foto de un funcionario estatal, un legislador, un intendente o un concejal en la casa de una familia inundada cuando el agua ya bajó ("una semana después volvimos a Empalme Graneros para seguir ocupándonos de esta gente", publicó alguien en estos días) no es más que humo para tapar el agua, porque es evidente que si todos ellos fueran eficientes muchas de las cosas que pasan podrían evitarse. Eso lo sabemos todos, y lo saben más que nadie quienes padecen de distintas maneras aquello que el Estado deja de hacer y proyectar para mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

La mala noticia es que 2017 es un año electoral y que esta manera marketinera de hacer política y de gestionar tocará su clímax. Esperemos no ahogarnos con el humo antes de la hora de votar.

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