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Martes 23 de Mayo de 2017

Hasta las bombillas tienen filtro

Es lógico, si el hombre llegó a la Luna, ¿cómo no se habrían de fabricar lavarropas o heladeras, inteligentes?

Es lógico, si el hombre llegó a la Luna, ¿cómo no se habrían de fabricar lavarropas o heladeras, inteligentes? Es inevitable que la evolución se traslade a las cosas que la gente usa todos los días, cosas que ahorran tiempo, esfuerzo y plata. Hay una infinidad de cuestiones que comienzan a darse por sentadas, y eso lleva a otras que transitan caminos sorprendentes. Como los filtros para las bombillas, diseñados para evitar que ésta se tape y morigerar la acidez y malestares causados por el polvillo de la yerba.

Y son populares. Los hay de fibra, de “puso algodón que no altera los sabores de las infusiones” y hasta de un tejido plástico que, para estirar al infinito la duración se ajusta con un prensacable usado en electrónica.

Fantástico para quienes no bajan de las cinco pavas de mate por día.

Pero sigue resultando raro ¿Alguien puede imaginarse un pedido de Don Segundo Sombra de dos bolsas de harina, unas cuantas piezas de charqui, alguna bolsa de azúcar, varias de yerba —si es posible misionera, la más preciada entonces—, unos cuantos cartuchos del 16 para la escopeta y una gruesa de filtros para bombillas? En realidad le hubiesen venido al pelo porque las bombillas eran simples canutos vegetales.

Más raro todavía son las yerbas que están elaborando. Tienen tantos yuyos y esencias agregadas (“blended”) que vaya uno a saber qué porcentaje real de yerba tiene cada paquete. Hasta hay “yerba de autor”.

Claro, así no hay asombro que aguante. ¿Por qué debería sorprender, entonces, que una heladera avise que falta un corte de lomito especial, un kilo de asado, tripa gorda rellena, chinchulines, morcilla y los ahora tan controvertidos chorizos?

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