La lupa
Jueves 04 de Mayo de 2017

¡Feliz día!

Pocos se pueden sustraer a la alegría de festejar algo propio, y afortunadamente, nuestras costumbres más acendradas ofrecen un cosmos vastísimo de oportunidades. Los cumpleaños, los aniversarios, los días de los gremios, las fechas patria, todos los meses hay una fecha que sirve de excusa para armar una reunión en la familia, en los círculos laborales, entre amigos, del grupo de yoga, los compañeros de la secundaria, los muchachos del club, lo que fuera.

Pero hay categorías, no es lo mismo el día de la madre, o de los maestros, que el del peluquero, y eso que es uno de los satélites familiares más queridos. Porque, bueno, en estas cuestiones el corazón manda (todavía) más que la corporación de comerciantes que impulsa hasta el día de la nube rosada.

Y entonces se arman las fiestas donde no faltará una torta, una fuente de ravioles con pollo, y helado y un champagne (o un vino fino, una sidra, un licor, un oporto) para la sobremesa, con el correspondiente y obligadísimo reparto de regalos que la pobre mujer deberá aceptar con esforzadas muestras de asombro y el también obligado "me hacía falta". Todos contentos, y cuando termina el día, la homenajeada apilará en el aparador, en el ropero y en el trinchante las cosas que ya tiene repetidas varias veces, que le quedaron de fiestas anteriores y que todavía no alcanzó a usar.

Por supuesto que hay quienes, para gambetear un condenable desapego, van a soltar un "todos los días es el día del padre", por ejemplo. Y debería tomárseles la palabra y obligarlos a regalar todos esos días un agua de colonia Eau Savage, un par de medias de cashmilon amarillo patito, un bufanda, un pulóver azul marino, un abono para El Círculo, o el Astengo, o la Sala Lavardén.

Comentarios