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Sábado 08 de Abril de 2017

"El teatro es el único arte realmente vivo"

La actriz debuta como directora con "Le prenom", la exitosa comedia que hoy se presenta en el auditorio fundación.

Lejos del retiro, Selva Alemán está en plena actividad y acepta nuevos desafíos. Con cinco décadas de carrera en el teatro, el cine y la televisión, la actriz de 72 años ahora se anima a la dirección en "Le prenom" (El nombre), la exitosa comedia francesa que estuvo tres años en cartel en Buenos Aires y que hoy se presenta, a las 21, en el Auditorio Fundación, Mitre 754. La obra estuvo dirigida desde sus comienzos por su marido, Arturo Puig, pero ahora Selva tomó la posta con un nuevo elenco integrado por Mercedes Funes, Esteban Pérez, Esteban Prol, Dalia Elnecavé y David Masajnik.
   "Le prenom" fue un un suceso en Europa y también llegó al cine. La comedia escrita por Matthieu Delaporte y Alexandre de La Patellière se desarrolla en París, a la largo de una noche, cuando un grupo de amigos se reúnen a comer. Una controversia que en principio parece una nimiedad —el nombre que uno de ellos le va a poner a su bebé— provoca toda una cascada de situaciones imprevistas que sacan a la luz viejos rencores y mezquindades. En apenas unas horas, el grupo podría acabar con varias décadas de una amistad inquebrantable.
   En una extensa charla con Escenario, Selva Alemán explicó las razones del éxito de esta obra y defendió al teatro como "el único arte realmente vivo". También aseguró que tiene una materia pendiente con el cine, criticó la falta de ficción en la televisión y habló de su "amor único" con Arturo Puig.
   —"Le prenom" siempre estuvo dirigida por Arturo Puig, desde su estreno. ¿Cuándo y por qué vos te sumaste a la dirección?
   —En noviembre pasado terminaron las funciones del grupo original de actores que hacían "Le prenóm". Entonces había que reemplazarlos por otro grupo de actores y ensayar de nuevo desde cero. Pero Arturo estaba muy ocupado con los ensayos de "Sugar", que se estrena la semana que viene. Entonces me ofrecieron a mí la posibilidad de hacer la reposición. Me pareció una buena idea, me pareció divertido, me gustaron los actores que se eligieron, y así nos pusimos a trabajar. Esta es la primera vez que dirijo a nivel profesional, aunque he hecho cosas más pequeñas. Y también durante cinco años di clases de teatro con sus correspondientes puestas de fin de año. Creo que algo de teatro sé (risas).
   —¿Por qué pensás que la comedia ya lleva cuatro años en cartel? ¿Por qué pegó tanto en el público?
   —Porque está muy bien escrita. Yo te diría que es una de las mejores comedias que he leído en los últimos años. Tiene muy buenos disparadores y los personajes son muy reconocibles. Es reconocible el encuentro de esos personajes esa noche en la casa de uno de ellos y los temas que van apareciendo en las conversaciones. Es una comedia divertida y también muy profunda, y eso la hace maravillosa.
   —Los autores de la obra dijeron en una entrevista que el texto es "una caricatura de burgueses y bohemios". ¿Vos coincidís con esta definición?
   —Sí, tiene un poco de eso. Pero esas definiciones a mí nunca me terminan de entusiasmar. Yo creo que lo que importa es que son personajes reconocibles y las situaciones también. Son situaciones en las cuales uno podría haber estado, podría estar o podrá estar en algún momento de la vida. Creo que hablan de "burgueses" porque los franceses están mucho más politizados que nosotros (risas). Lo que a mí me importa son esas criaturas que están ahí arriba del escenario, esos personajes hermosos con todas sus contradicciones, con sus bondades y con sus miserias.
   —La hipocresía y las máscaras sociales son uno de los temas centrales de la obra. ¿Creés que es posible mantener amistades y relaciones a través del tiempo sin estas máscaras?
   —Creo que sí. Yo creo en la verdad, en mostrarse como uno es y que el otro se muestre como es, y en aceptarse mutuamente. Me he pasado la vida tratando de no entrar en hipocresías ni en máscaras raras. La amistad con la verdad absoluta y con el corazón abierto existe. Creo en ese tipo de amistad, en la pareja y en el matrimonio de esa manera. Entiendo que lo otro son relaciones, las que tienen máscaras y no muestran todos sus sentimientos, ni sus límites ni sus pudores. Esas son relaciones más livianas, pero la amistad me parece que es algo más profundo y tiene que ver con una entrega del ser, y ser admitido y querido por el otro de igual manera.
   —¿Y qué le pasa a los personajes de esta obra? ¿Por qué entran en conflicto?
   —Porque se han callado algunas cosas que no han sabido decirlas a tiempo. Por otro lado los conflictos también tienen que ver con las personalidades. Hay un personaje que está permanentemente haciendo bromas y chistes y ya todos lo saben, y hay otro que siempre engrana con eso. Esa es una historia repetida entre ellos, pero esa noche las cosas van un poquito más allá. Y lo interesante es cómo termina la comedia.
   —¿Qué es lo más difícil de dirigir esta obra?
   —Lo más difícil es que son cinco personajes que prácticamente están en escena los cinco al mismo tiempo. Hay que encontrar las acciones de cada uno y definir sus roles. Después el trabajo con los actores fue divino. Son todos hermosas personas. Confiaron absolutamente en mí, en mi criterio. Trabajamos muchísimo, trabajamos frase por frase, los pensamientos, las reacciones, fue muy intenso el trabajo.
   —Estamos en un año difícil, con inflación y recesión. Algunos productores afirmaron que bajó la cantidad de gente que va al teatro. ¿Cuál es tu visión con respecto a este tema?
   —Eso es verdad. Por suerte no ha sido la experiencia que nosotros hemos tenido. El fin de semana pasado estuvimos en La Plata con el estreno de este elenco y convocamos a 1.500 personas, que es un número muy importante. El teatro siempre es un misterio, cuando la gente va y cuando la gente no va. Yo entiendo que la situación económica es difícil, pero también entiendo que el teatro es el único arte realmente vivo, en el sentido de que vos vas y ves, durante una hora y media, una historia que empieza y termina. Y por otro lado ves a los actores en vivo, no cuadriculados como en la tele. Acá los ves completos, en su totalidad, y creo que esa es una experiencia única. Así como la gente gasta dinero en ir a ver un partido de fútbol o grandes conciertos, me parece que también podría gastarlo en el teatro. No es ninguna mala idea, porque del teatro uno sale con una sonrisa, divertido, pensando. Es toda una salida, una gratificación. A mí me parece que una salida al teatro te modifica algo, te hace un click, sobre todo en un mundo como el de hoy, dominado por las pantallas.
   —Arturo está trabajando mucho como director de teatro. ¿Creés que él encontró en su papel como director un nuevo rumbo en su carrera?
   —Sí, totalmente. Ya va por la quinta obra que dirige. De todas maneras no deja de lado su tarea como actor. A partir de mayo vuelve a actuar con (Guillermo) Francella y con (Jorge) Marrale en "Nuestras mujeres", la obra que empezaron el año pasado. Pero dirigir es algo que lo apasiona.
   —¿Te gustaría seguir dirigiendo a partir de esta experiencia con "Le prenom"?
   —Sí, pero no me gustaría dejar de actuar (risas). Me gustaría porque creo que puedo hacerlo bien. Tal vez yo no logre hacer puestas muy espectaculares o muy extraordinarias, porque no es mi estilo, pero sí estoy segura que mis actores van a estar bien.
   —¿Tenés alguna materia pendiente en cine, teatro o televisión?
   —Sí, en el cine. En estos momentos yo tendría que estar filmando una peli muy linda, con un libro hermoso. El proyecto era con Eliseo Subiela, y en el medio él lamentablemente murió. Fue muy triste. Yo quedé como un poco en el aire. El guión de Subiela (titulado "Corte final") estaba basado en una historia que él conocía, y era una especie de homenaje al cine y a los trabajadores del cine, a los técnicos. Era un guión muy particular y muy mágico, como era el cine de Subiela. Para mí fue un golpe tremendo, porque él era una persona que recién empezaba a conocer y a querer. Creo que sí, que tengo una cosa pendiente con el cine. He hecho poco cine en relación a la cantidad de obras de teatro y a la cantidad de televisión que he hecho. Además el cine argentino está pasando por un momento espléndido, hay muy buenos directores. Hay dos directoras con las que me gustaría trabajar en cine: Ana Katz, que lo dirigió a Arturo en "Los Marziano", y Sandra Gugliotta, que también trabajó con Arturo y me pareció una persona muy interesante.
   —En 2010 trabajaste en "Malparida" y ganaste un Martín Fierro. ¿Te llegan propuestas de la televisión?
   —¡Nada! Muy poquito (risas). Yo creo que tiene que ver con la edad. La edad en las mujeres es todo un tema en el mundo. Hasta en Hollywood es tremendo. Si las actrices no se ponen a producir no trabajan. La única que trabaja es Meryl Streep (risas). Acá pasa más o menos lo mismo. Todas las producciones están volcadas a un público joven. Y otro problema es que hay muy poca ficción en la tele. Yo creo que cuando hicieron la ley de medios se olvidaron de ese tema, y no pensaron que cada canal debería tener la obligación de tener un 10 ó 15% de su programación que sea ficción nuestra. Eso no solamente le da trabajo a los actores, sino también a técnicos, autores, directores, iluminadores... Hay como 50 personas detrás de cada capítulo de un programa de televisión. Ahora uno ve canales que no tienen nada de ficción, u otros que te ponen latas. Yo no estoy en contra de las telenovelas turcas o brasileras, pero que haya lugar también para lo nuestro, porque hay muchos actores desocupados. Encima las pocas ficciones que hay las ponen en el mismo horario, sólo a fines de la competencia. Es terrible que las ficciones tengan que competir cuando los canales tienen cualquier cantidad de horas libres donde colocar ficciones. Y después se quejan de que la gente mira poca ficción. Es increíble.
   —Tenés 72 años y se te ve muy bien, muy vital. ¿Te cuidás? ¿Seguís alguna rutina?
   —Me cuido, siempre me cuidé mucho. Estoy pendiente de mis estudios, de mis análisis, de mis médicos. Soy una persona que desde hace muchos años como muy bien, como sano. No hago mucho ejercicio, hago poco, sólo algo de yoga. Y me limpio mucho la cara y la piel.
   —Con Arturo Puig hace casi 40 años que están juntos. ¿Por qué creés que se transformaron en una pareja tan sólida?
   —Cuando Arturo y yo nos conocimos ya teníamos 30 años y pico, entonces ya teníamos alguna experiencia en relaciones. Creo que esa madurez influyó. Además entre nosotros se dio un amor único: no podíamos despegarnos, no podíamos separarnos, no podíamos vivir el uno sin el otro. Y eso nos dura hasta ahora, con todos los cambios lógicos de la vida, claro, pero nos seguimos eligiendo. No tengo una fórmula ni nada parecido para que la pareja dure. Si la tuviera escribiría un libro. Seguramente sería un best seller (risas).

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