El sector porcino, entre los costos y las importaciones

• De acuerdo a un estudio académico, los precios al consumidor crecen más rápido que los valores pagados a los productores

El sector de producción porcina pasa por una situación delicada, debido a los bajos márgenes de rentabilidad en los primeros eslabones de la cadena de valor. Lejos de subsanarse, en los últimos dos años la situación se complejizó, a partir de altos costos internos y un ingreso irrestricto de carne procesada desde el exterior que se profundizó en los últimos dos años.

Así lo detalla un informe elaborado por la Universidad de Avellaneda (Undav) el cual da cuenta de la alta disparidad entre el precio de la góndola y el que recibe el productor primario. Por caso, un relevamiento por los precios internos de diferentes cortes muestra que se registraron subas de hasta 108 por ciento entre diciembre de 2015 y septiembre de 2017, como contrapartida, los valores que se le pagaron a los productores tuvieron un alza sustantivamente menor, ya que promediaron el 43,7 por ciento en el mismo lapso.

Por el lado de los costos, se destacan dos principales factores: el aumento de los precios de granos en el mercado local producto de la devaluación y _mayormente_ la quita de retenciones, el segundo se debe al aumento de tarifas en la ecuación económica de los productores.

Pero sin dudas el cambio más perjudicial sobre el sector tiene que ver con una mayor permeabilidad de compras desde el exterior, que aumentaron 173 por ciento en dos años, según detalló Undav. "El avance de las importaciones, desplaza producción local y disciplina precios internos. Los productores escasamente pueden competir contra carne de origen brasilero o español, la cual no siempre cumple con los estándares fitosanitarios locales", indicó el estudio y reveló que "en este escenario, se abre un panorama de riesgo sobre una actividad altamente competitiva con potencial para abastecer largamente el mercado local".

El estudio de Undav revela algo que ya venían denunciando desde las entidades de productores, como Federación Agraria Argentina (FAA) y las cámaras sectoriales que el mes pasado alzaron la voz de alarma por las consecuencias económicas y sanitarias que podría tener sobre el mercado argentino la apertura de las importaciones desde Estados Unidos, avaladas directamente por el presidente Mauricio Macri cuando el vice presidente estadounidense Mike Pence visitó el país.

La misma situación es la que plantearon esta semana en Plaza de Mayo los productores de frutas y verduras, que alertaron por la crisis de rentabilidad de las economías regionales (ver aparte).

El relevamiento recuerda que si bien el mercado argentino no estuvo ausente de importaciones en la última década, pero eran un complemento de la producción local, que no lograba cubrir la totalidad de la demanda. "Con el aumento de las compras del último año, principalmente de origen brasilero y dinamarqués, se calcula que el producto importado pasó de ocupar del 3 al 11 por ciento de la cuota del mercado local, que se calcula en 17 kilos anuales por habitante", indicó Undav.

En en actual escenario, los grandes productores son los que más chances tienen de sobrevivir porque pueden abaratar costos con invirtiendo para reducir costos y absorber a productores más pequeños. Pero esa posibilidad implicaría mayor concentración económica y la pérdida de miles de proyectos y trabajos independientes.

Precios altos para pocos. Según detalló Undav, el precio de la carne en el mercado porcino dio un salto importante desde 2015 a la actualidad, considerando que, desde hace algunos años, presenta niveles inferiores en comparación con el precio de la carne de pollo o de vaca, no solo a niveles locales sino internacionales.

Según el índice de precios de la FAO, desde el último trimestre de 2009 el índice de precios de la carne de cerdo fue el menor en relación a otras carnes, lo que ha sido un factor que ha favorecido el aumento de su consumo. Pero en el análisis de los precios del porcino y sus diferentes cortes, es necesario realizar algunas consideraciones. En la década de los 90 la comercialización de la carne de cerdo en el Mercado de Liniers, desapareció reemplazando por la modalidad de "compra directa a frigorífico", donde el comprador recorre directamente los diferentes establecimientos, pero con la dificultad que no existe un mercado concentrador que determine un precio de referencia.

La cadena productiva comienza con la producción primaria, compuesta por establecimientos productores de genética, granjas de cría, recría e invernada (ciclo completo), que se encargan de la terminación de los capones. La mayoría de los establecimientos son de tamaño pequeño, donde la cantidad total de porcinos en relación al número de madres va aumentando a medida que crece el tamaño de los establecimientos. Esto es debido a una mayor eficiencia por mejores condiciones sanitarias, mejor alimentación y mejor cuidado de los cerdos, lo que genera una menor mortalidad de los mismos.

El segundo eslabón lo constituyen los mataderos frigoríficos, municipales y rurales, donde se realiza la primera transformación, mientras que la segunda se realizará mediante establecimientos para chacinados. En cuanto a la comercialización, los cortes frescos y congelados se comercializan a través de carnicerías y grandes supermercados. Por su parte, la industria chacinera comercializa mayoritariamente a través de distribuidores y en menor medida, la distribución es realizada por la misma fábrica.

En resumen, todo comienza con los pequeños productores porcinos, se transforma en frigoríficos y chacinadores y finalmente se comercializa en supermercados mayormente.

Tomando los precios realizados en diferentes relevamientos a páginas web de supermercados, se observa que entre diciembre de 2015 y septiembre 2017 el corte de consumo masivo y popular como lo son las costillitas de cerdo aumentaron un 134 por ciento, pasando de $62 a $144,90 por kilo. El pecho y manta valía $69,9 el kilo en 2015 y hoy cuesta $145,50 (108 por ciento). La bondiola se incrementó de $79,90 a $162,90, es decir 104 por ciento y, finalmente, el matambre de cerdo tuvo una variación del 87 por ciento, yendo de $115 a $215.

De las comparativas de precios se desprende que todos los productos aumentaron por encima de la inflación medida por el IPC Caba para ese período que totaliza 65 por ciento.

Respecto a los precios pagados al productor, los mismos varían de acuerdo al tipo de porcino en venta. Por ejemplo, el precio del capón (cerdos con dientes de leche y peso mayor a 40 kilos limpios; machos adultos castrados y hembras que no hayan tenido servicio) a diciembre de 2015 era de $13,64 por kilo, mientras que actualmente el mismo se encuentra en $23,63, implicando un aumento del 73 por ciento. Las chanchas (hembras que hayan tenido 1 o más servicios), por su parte pasaron de costar $9,44 a $13,41 el kilo (42 por ciento de variación). Los lechones livianos (hasta 15 kg limpios) tenían un valor por kilo de $25,4 en diciembre de 2015 a $34,42 en septiembre de 2017 (36 por ciento de incremento). Por último, los lechones pesados (más de 15 kg limpios) aumentaron de $17,62 a $21,95 por kilo, explicando una variación del 25 por ciento).

políticas y rentabilidad. De este modo, la brecha de precios en los diferentes productos entre la góndola y el valor pagado al productor se incrementó en el período analizado. "Este fenómeno ocurre porque los precios que fijan los supermercados a los consumidores finales tienen una variación porcentual mayor al precio que obtienen los productores", puntualizó el informe de Undav y señaló que además, hay que tener en cuenta que el eslabón primario cuenta con diferentes costos que se comportaron de manera creciente, como por ejemplo la alimentación a base de trigo y maíz, los cuales tuvieron un importante incremento con la eliminación de las retenciones (representa aproximadamente un 20 por ciento del costo total).

"Dicha política económica incrementó un 20 por ciento el gasto en alimento, que se suman a los 33 por ciento en promedio de incremento del costo de la mano de obra (según paritaria) que representa el 20 por ciento de los costos totales, 220 por ciento de aumento de la energía (que ocupa el 10 por ciento del costo total), mientras que el resto de los costos se reparte en mantenimiento, gastos generales, sanidad, etcétera", indicó.

Calcularon entonces que el margen de rentabilidad a diciembre de 2015 era del 16 por ciento, es decir por cada kilo de capón que el productor cobraba ($13,64), $2,18 eran ganancia. Por su parte $2,29 iban para mano de obra, $2,29 de alimento y $1,15 en energía eléctrica, cubriendo el 50 por ciento de los costos totales ($5,73).

Actualmente, el gasto en alimento por kilo de capó asciende a $2,74, la mano de obra a $3,05 y la energía eléctrica a $2,52, totalizando $8,32. Teniendo en cuenta que en 2015 los mismos costos totalizaban el 50 por ciento, actualmente éstos abarcan el 65 por ciento.

Es decir que los mismos costos (alimentos, mano de obra y energía eléctrica) en 2015 llegaban al 50 por ciento de los costos totales, mientras que en 2016 subieron al 65 por ciento de los costos totales. Como se observa en el gráfico, esto repercute en la brecha que existe entre el precio que reciben los productores por kilo de cerdo y el precio de góndola en supermercado.

Comercio exterior. Por el lado del comercio exterior en el último bienio se observa un alza creciente en importaciones ( 65,9 por ciento promedio), y un crecimiento de menor cuantía en las ventas al exterior ( 5,9 por ciento promedio).

Las compras desde el exterior no parecen encontrar freno en los primeros siete meses de 2017. "En comparación con igual período del año pasado, se observan subas del 67,4 por ciento en carne de cerdo conservada, de 89,6 por ciento en carne congelada y del 131 por ciento en preparaciones de carne de cerdo", indicó el informe de Undav.

En el detalle por país, para igual período, se destaca el incremento de importaciones desde Brasil, en un 95,7 por ciento y de Italia, en un 261, 9 por ciento.

Con todo, el incremento de las importaciones del sector porcino en 2017 es el mayor desde el año 2003. De hecho, este año la evolución de la balanza comercial del sector porcino acentuó su resultado negativo, como consecuencia de un crecimiento exponencial de las importaciones _en términos absolutos y porcentuales_ y una suba más moderada de las exportaciones.

Medidas en montos, las importaciones alcanzaron los 62,5 millones de dólares en los primeros siete meses del 2017, superando en 28,0 millones de dólares a lo importado durante el mismo lapso de 2016 (34,5 millones de dólares). Las exportaciones, en cambio, llegaron a 7 millones de dólares en el acumulado de enero a julio de este año, es decir, 2,1 millones más que en 2016 (año en el cual se exportaron productos por 4,9 millones de dólares).

Estos datos indican que en 2017 las importaciones en valores crecieron 81,1 por ciento, es el salto más brusco de los últimos 14 años, y las exportaciones 43,0 por ciento, en relación a 2016.

Por su parte, cuando se analiza la evolución de las cantidades importadas en el período enero-julio 2017 (en forma interanual) se advierte una variación porcentual positiva de 62,8 por ciento. En este lapso, se pasaron de importar 12.266 toneladas en 2016 a 19.970 toneladas en 2017. En tanto, en 2017 se observa un crecimiento de 197,4 por ciento si la comparación se realiza con respecto a 2015. Es decir que, en el período 2015/17, se triplicaron las cantidades importadas de porcinos y derivados.

Las cantidades exportadas, por su parte, subieron mucho menos ( 11 por ciento). De esto surge que el incremento de los valores totales exportados se explica mayormente por una suba del valor unitario por kilo exportado.

De este modo, el balance comercial en el acumulado a julio de 2017, se mantuvo deficitario en 55,6 millones de dólares, y se incrementó un 87,4 por ciento en relación al desbalance del año previo. Es dable destacar, que tanto las exportaciones como las importaciones ocupan una reducida proporción de la producción local de porcinos y derivados. No obstante, las variaciones porcentuales de los últimos meses se mostraron elevadas, en relación a la evolución de los últimos años.

Rubro, producto y origen. Las importaciones de porcinos y derivados se encuentran altamente concentradas en partidas encasilladas en el rubro "carne de cerdo congelada", que representaron en 2017 casi el 90 por ciento de las importaciones totales. Las importaciones de este rubro crecieron 89,6 por ciento en el acumulado hasta julio, interanual.

Por origen los principales países de origen de las importaciones porcinas argentinas durante 2017 fueron Brasil, España, Dinamarca e Italia, concentrando estos cuatro países el 99 por ciento del total importado. Brasil, es claramente el principal país de origen de las importaciones de cerdos y derivados acaparando el 88,5 por ciento del total importado. Le siguen España (4,5 por ciento), Dinamarca (4,4 por ciento) e Italia (1,7 por ciento).

Si se analizan las empresas importadoras, hay un elevado porcentaje de despachos sin información sobre el importador. De los despachos sobre los que, si se cuenta con información, se advierte que las principales firmas importadoras fueron Alimsul S.A., Frigorífico Riosma SA, Sadia Alimentos SA., Mirabras Argentina SA y Frigorífico Paladini SA.

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