La lupa
Martes 07 de Febrero de 2017

Costumbres

Son una respuesta a la incertidumbre de lo que vendrá, a pesar de que la última incógnita sobre el ciclo de la vida ya está explicada de todas las maneras posibles. Las costumbres, de todos, de cada quien, aparecen como un bastón ante los cambios permanentes, los propios y los impuestos.
Así, se sigue una rutina que reitera movimientos, destinos, preferencias. Alguien carga la tarjeta del colectivo en la misma caseta y ahí se entera que el empleado vive horas dentro de un cubículo de un metro cuadrado con un ventanuco por único ojo a la calle, va al mismo supermercado a comprar, alternativamente, las mismas cosas de la misma marca, lo único que varía es el precio y no de tanto en tanto.
También, como una idea de tener un bastón imaginario que lo ayude a transitar los días, hace el mismo recorrido para ir al trabajo, cuando entra saluda de la misma manera llueva, truene o incendie el Sol, y sigue un mismo ritual a lo largo de la jornada.
Se pierde la sorpresa de ver cosas nuevas, cada día. Si ve. Caminar, trasladarse de un lugar a otro implica toda una serie de relaciones automáticas, y la consciencia abandona la tarea tediosa de coordinar la mecánica de los pasos que se suceden, los ojos registran como una máquina ajena objetos en movimiento y los puntos de referencia, y los recuerdos, presunciones y temores lejanos o cercanos ocupan la existencia. El timón de las cosas que se hacen sin pensar es la costumbre, por el tiempo que sea.
Seguir el impulso de la costumbre da tranquilidad, pero quita la alegría de la sorpresa, la emoción de lo inesperado, la adrenalina que genera la incertidumbre más fiera.

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