La lupa
Viernes 28 de Abril de 2017

Contame un cuento

Es uno de los resortes más fantásticos para echar a volar la imaginación. El pedido, contame un cuento, estremece los rincones más remotos de la memoria, cansada ya de atesorar tantos recuerdos. Pero el que pide esa recreación de una fantasía apenas trae consigo el estreno de su tábula rasa en la que empieza a anotar las primeras vivencias, escritas, eso sí, desde la extrañeza y la fascinación. Entonces, las historias de duendes y dragones, de caballeros y superhéroes, de hadas y princesas, se estampan en la nobel alma con tinta indeleble.

En esos lugares no existe la realidad, molesta, de modo que debe tomarse como algo muy normal que haya tipos que vuelan impulsados por extrañas fuerzas, manejan a su antojo las leyes de la gravedad y sortean obstáculos imposibles sin mancharse el traje que disimula su identidad real.

También están los que se estiran como el látex, los que les crece una caparazón de rocas, los que manipulan tormentas de distinta índole, los que usan un martillo para imponer justicia, aunque no estén afiliados a la Uocra, los que expulsan virulentas lenguas de fuego y los que lanzan rayos mortíferos.

Hay una obligación célebre ya, el malo no puede ganar, configurando la primera gran quimera, y el bueno, tras ganar, no aplica todo el peso del triunfo, sino que trata de redimir al perverso.

Un mundo hermoso. Ese ejercicio de inventar historias debería mantenerse con los años. Algo así como que un adulto le diga a otro che, contame un cuento. Sí, tengo uno fantástico, Argentina es un gran país. No, ese ya me lo sé, contame otro.

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