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Martes 12 de Abril de 2011

Charlas de Candi - Martes 12

—Naturalmente, no es fácil obtener la calma interior. Pero tampoco es imposible —¿Sigue con el tema de ayer? —Un poco. Lamentablemente, las autoridades constituidas, esas que deberían ser líderes conductores...

—Naturalmente, no es fácil obtener la calma interior. Pero tampoco es imposible

—¿Sigue con el tema de ayer?

—Un poco. Lamentablemente, las autoridades constituidas, esas que deberían ser líderes conductores hacia un destino de paz, poco hacen para que el ser humano obtenga ese tesoro tan preciado. No voy a enumerar los problemas que padecemos los seres humanos como consecuencia de la ausencia de políticas adecuadas, ya bastante hemos hablado de eso y todos lo sabemos. Pero como hemos dicho muchas veces, no sólo se trata de las autoridades públicas, sino también de la mezquindad de los poderosos del orden privado (por ejemplo ciertos empresarios). Y también (por qué no aceptarlo) de nosotros mismos los hombres comunes, que con frecuencia somos reacios a vivir de acuerdo con normas elementales.

—Basta con salir a la calle para advertir la ausencia de cortesía, de solidaridad, de bonhomía. En la urbe cotidiana parece haber una guerra tácita, solapada. Note usted que va caminando por las estrechas veredas de Rosario y muchas personas, groseras, mal educadas, pasan sin siquiera ceder unos centímetros para evitar el atropello o codazo. Ni hablemos del tránsito, hay verdaderos asesinos latentes al volante y la autoridad ausente, por supuesto. Una autoridad que se ocupa en recaudar mediante multas innecesarias, pero que permite la impunidad para quienes avanzan sobre la senda peatonal, van a alta velocidad con sus vehículos o conduciendo peligrosamente.

—Por eso lograr la calma en una sociedad bastante desquiciada no es fácil. Tampoco es fácil lograrla puertas adentro del hogar, en muchos casos. Seamos sinceros, no siempre las cosas son como quisiéramos en nuestra propia casa. Y esto es así porque ni esas personas que viven junto con nosotros, ni nosotros mismos estamos en condiciones de ser “el ideal”. A veces, incluso, hay personas que tan lejos de lo aceptable están que bien podría decirse que son responsables de ciertas desestabilizaciones familiares. De todos modos, soy un convencido de que no existen imposibles y creo en el cambio de las personas, en su evolución y mejoramiento. Creo también, y mucho, en la palabra oral y escrita como forma de diálogo y encuentro. En una época de mi vida, por ejemplo, las cartas fueron para mí determinantes. Yo creo en el diálogo, sí. Pero antes del diálogo es necesario que haya reflexión. Reflexión basada en estas preguntas: ¿Quién soy? ¿Qué deseo para mi vida? ¿Es que acaso no soy capaz del esfuerzo para que el grupo al que pertenezco viva en armonía y en amor? Ciertamente no creo (a menos que haya una patología que requiera de un profesional) que una persona, tras reflexiones sobre su ser y su vida, se niegue a vivir conforme a actitudes que traigan paz al conjunto. Creo que este desquicio social se debe a que la mente está bloqueada, impedida por una fuerza siniestra para reflexionar. El preludio de la paz es, creo, la reflexión sincera y profunda.

candi2050@gmail.com

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