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Jueves 02 de Febrero de 2017

A veces, los ojos no ríen

Pasa, es incontrastable, como la ley de la gravedad, a través de los ojos se muestran los rincones más ocultos del alma. Hay que leerlos, eso sí, no hablan pero dicen mucho. Las fotos grupales lo ponen en evidencias. En el cuadro hay cinco, seis personas con labios abiertos que muestran los dientes y con pómulos arremangados que estiran la trompa a los costados, pero cada par de ojos revela algo distinto, el brillo de la alegría, el soslayo del desgano (o el aburrimiento), o la opacidad de una tristeza indoblegable, o una desesperanza pertinaz.

También son el reflejo de intenciones mal guardadas, como la famosa mirada de Obama a la espalda (no precisamente) de Mayra Rodrigues Tavares, representante de la Unicef durante una reunión del G8 en Italia, o de franco divertimento, como los del entonces presidente francés Sarkozy viéndolo a Obama tan descolocado.

Los ojos de quienes venden pañuelitos de papel en la peatonal Córdoba reflejan una mezcla de la esperanza de una venta y el ruego de que el ofrecimiento sea aceptado, y los de algunos mendigos en silla de ruedas muestran una resignación que demuele.

Distinto es el brillo extraño de los empleados de las sucursales de grandes casas de artefactos del hogar o electrónicos, cuando tratan de averiguar cuál fibra tienen que tocar para lograr una oferta irresistible.

Y también están los ojos llorosos de los chicos que son arrastrados a un maratónico paseo por calles ardientes cuando a ellos les gustaría estar en el patio con la manguera y el Cachito.

Lo mejor es cerrar los ojos y soñar un mundo a medida del que nadie se entere.

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