19-12-10 | Por María Teresa Andruetto
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Pequeño Marshall ilustrado

Aunque su enorme carrera como comediante nos hace olvidar su lugar de escritora, Niní Marshall creó una galería de personajes inolvidables, estereotipos argentinos de comienzos del siglo XX, vinculados entre sí, hasta formar una red como Catita, su abuela Doña Caterina, la gallega Cándida, la judía Doña Pola, la mucama Belarmina , la aristócrata Mónica Bedoya Hueyo de Picos Pardo Unzué Crostón, la solterona Niña Jovita, la turista Miss Bárbara Mc Adam o Lupe, la mexicana esposa de un borracho, una galería de mujeres que en su ridiculez o su ingenuidad retratan nuestros sufrimientos y extravagancias, revelan nuestros modo de ser.

Buenos Aires 1903/1996. Se llamaba Marina Esther Traverso, fue actriz, cantante y escritora de obras de teatro, diálogos de películas, un libro de memorias (Editorial Moreno, 1985) y numerosos monólogos. La llamada Chaplin con faldas retrató los arquetipos de la inmigración argentina, especialmente en los personajes de la gallega Cándida y la italiana Catita.

Hacia 1943, poco antes del peronismo, se la acusó de deformar el idioma, por lo que tuvo que exiliarse en México. Se casó en dos oportunidades y tuvo una hija, Ángeles Edelmann. Entre sus películas más conocidas se encuentran Ya tiene comisario el pueblo, Catita es una dama y Hay que educar a Niní y entre sus obras de teatro El pequeño Marshall-Luz ilustrado, Y se nos fue...redepente! y Coqueluche.

En los años 60, la Universidad de La Plata se interesó por su modo de captar el habla de los distintos estratos sociales y convirtió a sus monólogos en material de estudio. Buena parte de su obra está reunida en Las travesuras de Niní: los mejores libretos de Catita, Cándida, Niña Jovita y otras criaturas (Planeta, 1994). Recibió infinidad de reconocimientos, entre ellos Konex de Platino, Ciudadana Ilustre de Buenos Aires y Martín Fierro, Santa Clara de Asís y Premio Podestá a la trayectoria artística.

Se han escrito sobre ella numerosos libros, entre otros Niní Marshall, la máscara prodigiosa (Susana Degoy, Manrique Zago, 1997), Niní Marshall desde un ayer lejano (Abel Posadas, Colihue, 1993), ¡Niní está viva! (Patricia Narváez y Ángeles Abregó, Sudamericana, 2003), Niní Marshall y el humor como refugio (Marily Contreras, Libros del Zorzal, 2003), Niní Marshall, la biografía (Raúl Etchelet, La Crujía, 2005) y Niní Marshall: todas las voces (Josefina Delgado, Aguilar, 2006).

Se dijo de ella

“De la mano de Niní, los argentinos nos reímos de nosotros mismos, de la prepotencia y la cursilería, de la mezquindad y la picardía” (Susana Degoy. La máscara prodigiosa, 1997).

“Desde muy temprano, parece haber madurado un vasto fresco de mujeres que reflejaran, con sus propias palabras y no con las palabras uniformadoras de la Academia, cada una a un estrato de la sociedad argentina. Una especie de Comedia Humana caricatural”(Leopoldo Brizuela. La Nación, 2003).

Ella dijo

“Creo mis personajes observando a la gente, prestando atención a los pequeños defectos que pueden causar risa. Yo voy a la peluquería, por ejemplo, y paro la oreja para ver lo que hablan los clientes. Es increíble lo que pueden decir allí las mujeres” (http://trucosdeescritor.blogspot.com/2010—09—01—archive.html).

 

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