31-05-09 | Por Alfredo Montenegro / La Capital
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Una historia sin olvido ni perdón

En movimiento. Bayer encabeza un reclamo contra los homenajes a Julio A. Roca en monumentos y sitios urbanos. (Foto: F. Guillén)

Osvaldo Bayer habla sin levantar demasiado la voz. Pero sus palabras tienen la fuerza necesaria: “Los gobiernos argentinos deben realizar una autocrítica y pedir perdón por las matanzas cometidas contra los pueblos originarios, así como lo hicieron Canadá y Australia con las comunidades masacradas en esos países”. El periodista e historiador dejó ese reclamo en Rosario, donde estuvo presentar el documental Awka-liwen —”Rebelde amanecer”, en mapudungun, lengua mapuche—, una película que relata “la historia del saqueo, de la llamada conquista del desierto, desde el general Julio Argentino Roca a la actualidad, cuando aún se les niega sus tierras a las comunides originarias”.

El documental, dirigido por Mariano Aiello y Kristina Hille, está casi terminado. “Fue filmado en todos los lugares donde hay pueblos originales, con sus respectivos problemas, sueños y luchas que mantienen para reconquistar el territorio”, según la explicación de Bayer al público que colmó el auditorio del Museo del Diario La Capital. El autor de La Patagonia Rebelde fue presentado por el director del Museo de la Memoria, Rubén Chababo.

En una entrevista con Señales, Bayer insiste en la necesidad de la reparación histórica del genocidio. “Hoy todo se vende, aunque en el medio de un terreno queden comunidades. Se trata de antiguos habitantes de esas tierras, que no tienen títulos de propiedad porque nunca creyeron en la propiedad privada. Pero esas comunidades han retomado la organización, hacen encuentros y están unidas. Además, participan en el movimiento que iniciamos para terminar con los monumentos de Roca y para cambiar los nombres de las calles que los recuerdan a él y sus oficiales, como ya ocurrió en Rojas, Puerto Madryn y Concepción del Uruguay, entre otras localidades”.

Sobre la autocrítica exigida al Estado, Bayer resalta que “hace cinco años, un serio estudio antropológico realizado por investigadores de la Universidad de Buenos Aires, registró que el 56 por ciento de los argentinos tienen sangre ancestral. Ese porcentaje, ahora ha subido al 61 por ciento, por la corriente que viene del norte. Por eso debe hacerse el pedido de perdón, si la mayoría de la población lleva sangre de comunidades originarias, no admitirlo es un acto de racismo y desprecio a todos esos pueblos que cayeron”.

Los realizadores y el escritor fueron recibidos por la presidenta Cristina Fernández, a quien le solicitaron apoyo para el financiamiento del film, y una declaración del gobierno argentino con disculpas “por el genocidio instrumentado por el Estado, en la campaña de Roca”.

El silencio oficial

La reparación de la historia encubierta por “la versión oficial” es una de las largas luchas del escritor. Ya en 1973, al escribir sobre los fusilamientos de peones rurales en la Patagonia durante 1921, Bayer había solicitado investigar el episodio y realizar un juicio de la verdad. “El entonces rector de la Universidad de Buenos Aires, Rodolfo Puiggrós, apoyó la instancia. Le dije que necesitaba un equipo de excavación en las tumbas masivas para hallar los restos de los fusilados. Aceptó la idea y agregó que la Universidad financiaría el proyecto. Pero a la semana cayó Cámpora y ya nadie se interesó por el tema”, recuerda Bayer.

“Luego, cada vez que asumía una nueva autoridad en la UCR —agrega— les solicité que aceptaran la responsabilidad del entonces presidente Hipólito Yrigoyen en la matanza de los trabajadores. Pero el radicalismo siempre se negó. Desafié a los historiadores radicales para hacer un congreso y que cada uno presentara sus pruebas, pero nunca respondieron”.

Luego, “invité a (Ricardo) Balbín a que dejara una flor en la estancia santacruceña La Anita, un 10 de diciembre, para homenajear a los fusilados. Le recordé que en 1972, en su primer acto de gobierno, el primer ministro alemán Willy Brandt fue al monumento al Holocausto y se puso de rodillas para pedir perdón en nombre del pueblo alemán. Pero nunca respondió, y también Alfonsín se negó rotundamente a ese reconocimiento”.

“Tampoco lo hicieron los historiadores militares, que en el libro La tragedia patagónica, del coronel Orlando Mario Punzi, se justifica el accionar del ejército en esos asesinatos, pero sin rechazar ninguno de mis argumentos. Sin embargo, ya con el título reconocen que hubo una tragedia, aunque no murieron soldados o estancieros”, afirma Bayer.

Estatuas y billetes

Bayer explica que la Sociedad Rural Argentina (SRA), fundada en 1868, tuvo como primer presidente a José María Martínez de Hoz, “bisabuelo del ministro de Economia de la dictadura de la desaparición de personas”. La entidad financió la llamada conquista del desierto “comprando bonos de 4 pesos, a cambio de una hectárea de tierra. Después se entregaron 41.787.023 hectáreas a 1.843 terratenientes. Al presidente de la SRA le dieron 2,5 millones de hectáreas y 541 oficiales recibieron 4.679.500 mil hectáreas”.

Roca recibió 65 mil hectáreas y fundó una estancia en Guaminí. “Al final de la campaña, decía ante el Congreso: «La ola de bárbaros que han inundado por siglos la llanura ha sido por fin destruida». Pero no aclaró que vivían en esas tierras y que los españoles llegaron después”.

La campaña y el exterminio de los aborígenes, sigue Bayer, fueron justificados por destacados intelectuales. En el diario La Tribuna, de 1877, Estanislao Zeballos escribió por ejemplo que “para acabar con los restos de los que fueron peligrosas tribus”, no hacía falta otra táctica “que la que los cazadores europeos utilizan contra el jabalí, mejor dicho contra el ciervo, porque el indio ya es un ciervo disparador y jadeante”. E indicaba: “es preciso no tenerles lástima”.

Bayer opone la figura de Roca —“con él como ministro de Guerra, se lanzó el proyecto de exterminar a los salvajes y bárbaros”— a la de San Martín, que cuarenta años antes hablaba de “nuestros paisanos, los indios”.

En ese sentido, el historiador santafesino (nació en la capital de la provincia en 1927) remarca que “el monumento más grande de la ciudad de Buenos Aires no es de San Martín sino de Roca: está en la Diagonal Sur, que desemboca en la Plaza de Mayo. Ahí se lo ve en su brioso corcel, a pesar que no sabía andar a caballo —lo dicen sus oficiales en memorias—, y debió hacer la campaña patagónica en carroza”.

Bayer señala la distinta valoración de los personajes en otro detalle. “La imagen de San Martín está en el billete de 5 pesos. Pero Roca figura en el de 100. El poder económico no es tonto”, dice. Y quizá esa sea una manera en que el mismo poder reconoce a quien lo favoreció como ningún otro.



 

 

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comentarios - 7

Pagina 1 de 1 -

pareciera que para algunos hablar de genocidio pueblos originarios es diferente del pueblo de medio oriente, para unos si para otros no , EL GENOCIDIO NO DISCRIMINA Y MERECE CASTIGO POR AMS ILUSTRE ARGENTINO SE TRATE

Un juicio reparador es lo menos que la sociedad debe a esos martires , sacarle la personeria juridica a la nefasta sociedad rural que tanto daño ha hecho

como rompen con el pte roca, la verdad nos tendrian que seguir gobernando los españoles, a lo mejor, hubieramos estado mejor. este pais apesta

con ese mismo criterio hay que sacar la calle ROSAS QUE MATO INDIOS (Y OPOSITORES POLITICOS) A LO LOCO . Hay millones de argentinos que prefeririamos no tener una Av.Perón, o una Av. Uriburu ... NO SE TRATA DE SANTOS, SINO GENTE QUE FUE IMPORTANTE

Apoyo a Bayer en que los gobiernos deben pedir perdon a los pueblos originarios y sacar el nombre de ese genocida de las calles. AGUANTE LOS AONIKEN

El monotemático Bayer ya cansa con su eterna bronca hacia Roca. Pareciera ser que no tiene otro tema en que emplear su tiempo.

julio '96,infructuosamente busqué asentamiento mapuche. Deseaba conversar y más aún escucharlos. No los localicé, los esconden, los mandan a sitios recónditos, mercan sus tierras sagradas. Qué desencaminados los argentinos...

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