15-02-09 | Por Osvaldo Aguirre / La Capital
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Un libro, muchos libros

Beatriz Actis dirige la colección La Flor de la Canela.

El rescate y la preservación de la memoria colectiva constituyen los propósitos declarados de La Flor de la Canela, una colección de literatura infantil que "recupera la historia y el folclore de América", según su lema. Publicada en Rosario por Homo Sapiens Ediciones y dirigida por la escritora Beatriz Actis, cuenta ya con un catálogo incluido por obras de autores como Enrique Butti, Jorge Accame, Elena Bossi y Adela Basch, entre otros.

Nacida en Sunchales, Beatriz Actis cuenta con una amplia obra, por la que ha recibido diversos premios. Entre sus libros se encuentran la novela Alrededor de las fogatas, los libros de cuentos El Fabuloso Kraken, Manual de bichos y parientes y Gatos, hormigas y sirenas y los ensayos ¿Qué, cómo y para qué leer? y Literatura y escuela y Taller de Lengua. Una rica experiencia literaria y crítica que vuelca en La Flor de la Canela.

—¿Cómo definirías las características de la colección?

—La Flor de la Canela presenta diferentes puertas de entrada a la lectura, ya que cada libro reúne cuentos y también otros textos a modo de misceláneas sobre una temática común, que hasta ahora han sido, entre otras: historias de náufragos, piratas, diablos, pícaros, exploradores, inmigrantes, aventureros. También, resultan aglutinantes las cuestiones de género: relatos históricos, leyendas en clave humorística, cuentos de terror, fábulas. Personalmente, me interesa la alternativa de "exacerbar" de algún modo esas posibilidades que todo libro tiene de ser, a la vez, muchos libros, como si la colección funcionara como una especie de metáfora del hecho mismo de leer: los temas de cada libro no se agotan sino que, por el contrario, se abren a variados recorridos lectores, sugeridos en cada volumen en particular y, a veces, surgidos del vínculo entre los diversos libros de la colección, que de algún modo se potencian entre sí. Por ejemplo, los dos títulos de Jorge Accame y Elena Bossi se leen, por supuesto, de manera independiente pero también transitan un espacio común: las fábulas de El más fuerte pierde se interrogan —al menos— sobre el tema del poder, del mismo modo que ¿Quién engaña a quién?.

—Los cuentos, las leyendas y las creencias populares están muy presentes en los títulos publicados. ¿Qué tienen de interesante o novedoso ese tipo de relatos?

—En cuanto a tomar como punto de partida la tradición literaria popular, generalmente de carácter oral, la idea es que, dentro de las características definitorias de la colección, el registro sea, sin embargo, lo más amplio posible: desde el respeto de un orden cercano a lo etnográfico en el relevamiento de historias de la tradición oral latinoamericana hasta la posibilidad lúdica de variar las historias, jugar con sus límites, inventar una mitología. Y a esto lo hacen muy bien escritores como los que han publicado en La Flor..., como los ya mencionados Accame y Bossi, Enrique Butti o Adela Basch, para nombrar sólo a algunos de ellos.

—¿Hay límites temáticos o estilísticos para la literatura infantil y juvenil en Argentina ?

—La producción de literatura infantil y juvenil en la Argentina es actualmente muy variada, y existen propuestas más convencionales y otras más innovadoras tanto desde el lenguaje como desde la imagen y el diseño. Los límites temáticos y estilísticos, generalmente presentes en esas propuestas más convencionales, persisten cuando lo literario, en especial a partir de ciertos mandatos institucionales, está subordinado a la ejemplificación de pautas consagradas que tienden a homogeneizar las conductas sociales desde la infancia, es decir, cuando se produce en la literatura una reproducción de conductas sociales sin revisión crítica alguna. De este modo, se mantienen temas tabú, en cuanto a los contenidos, y se presenta un modelo estético sumamente simplificado en cuanto a sintaxis y vocabulario, desde lo estilístico. Sin embargo, hay felizmente muchas propuestas superadoras de esta concepción. Pero, en este sentido, cabe señalar al menos una paradoja: muchas veces el mismo mercado impone temas políticamente correctos, en especial en la literatura destinada a los jóvenes, y esto no necesariamente implica que mucha de esta literatura por encargo que aborda temas más controvertidos, por decirlo de algún modo, dé cuenta de un cambio genuino o significativo en la concepción global de la literatura para niños y jóvenes.

—¿La escuela influye de alguna manera en la literatura infantil y juvenil que se produce?

—En general, la literatura para niños y jóvenes ha tenido escolarmente un carácter esencialmente instrumental, y lo sigue teniendo en muchos casos. Me refiero a lo instrumental tanto en relación con su circulación escolar: el texto literario como "excusa" o simple medio para trabajar un contenido de tal o cual disciplina. En la recepción escolar, la literatura para niños ha sido y es comentada y analizada desde el discurso pedagógico, exigiéndole la donación de textos utilitarios, en detrimento de una interpretación crítica necesaria. Y lo instrumental también en la unilateralidad con la que es leída dentro de los límites del aula, es decir, "condenada" a que se centre el trabajo escolar en el mensaje de un texto. Sin embargo, los cambios en la concepción de literatura para niños y jóvenes se siguen produciendo: en la actualidad coexisten en las aulas concepciones en litigio, es decir, posturas diversas sobre los ejes literatura-infancia-escuela, y líneas de convalidación y de crítica ante tales posturas. En los últimos años puede notarse, por ejemplo, una mayor preocupación por el objeto literatura, ya que se impone la autonomización de la práctica literaria frente a las imposiciones de la cultura escolar que desdibujan tal objeto.

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