22-11-09 | Por Pablo Montini
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Las pasiones del pintor

Existen registros de que Manuel Musto se dedicó al tema del desnudo, al que le brindó un notorio interés, como práctica y problema inherente de la representación artística. Luego de su muerte muchas de sus obras fueron legadas, al igual que su casa, a la municipalidad de Rosario. Por eso en la colección del Museo Castagnino encontramos su serie más importante de pintura de desnudo que se inicia en 1925 con Naturaleza muerta, en la que muestra un ángulo de su atelier a partir de la silla y la mesa de trabajo con floreros, pinceles y pinturas y donde también se vislumbran una serie de dibujos, estudios y bocetos dedicados al desnudo femenino.

En 1933, representa a La modelo, donde vuelve a referir a estos elementos pero con la modelo en el centro de la escena, trabajo que se une al óleo Torso. Estas búsquedas formales y los problemas del encuadre reaparecen en 1936, con La modelo en el taller. Desnudo de la Srta. A. C. y El descanso de la modelo, en la que el encuadre, los colores y las texturas cobran protagonismo como en La cortina verde (1937) donde lo resuelve con algunas innovaciones compositivas y con espacio determinado con diagonales, olvidando la mancha y trabajando con planos de colores contrastantes. En estas últimas pinturas están enmarcados nuestros cartones si nos atenemos a su datación.

Andrea Giunta, en una sección dedicada al desnudo en su curaduría de la exposición La Sociedad de los Artistas en el Museo Castagnino durante el 2004, analiza el tema del desnudo y el pintor: "La critica señaló en reiteradas oportunidades la calidad de Musto como paisajista y su fracaso en el tratamiento de la figura humana. Sin embargo, tanto su retrato de Schiavoni como sus modelos desnudos no sólo son pinturas interesantes sino, también, reveladoras del mundo afectivo que lo rodeaba y de las características de su taller... A pesar de que ni la critica ni sus amigos valoraban demasiado su representación de la figura humana, Musto necesitaba pintarla. Igual que los objetos que poblaban su estudio, sus modelos formaban parte de su mundo (y, al parecer, salían desnudas al jardín, para malestar de su vecina). (...)"

Musto dejó unos "cuadernos de notas", aunque sin fechar. Sabina Florio quien los ha estudiado, infiere que pueden ser de la década del 20 ya que allí se encuentran cartas de amor destinadas a su prima, a la que, como dijo su primer biógrafo R. E. Montes y Bradley, quiso "con el frenesí con que amaba a la naturaleza". Una de las primeras notas refiere a Anatomía, destacando la importancia que debía tener para los artistas desde el punto de vista anatómico y psicológico de los retratados, tomado como un verdadero problema plástico cargado de tradiciones desde el arte griego hasta el Renacimiento. Aquí deja sentada una frase que en relación a nuestros cartones adquiere una importancia destacada: "nosotros no haremos solamente el estudio de las proporciones, de las formas, de las actitudes, de los movimientos sino además de la expresión de las emociones y de las pasiones".

Estos estudios anatómicos reflejan los problemas formales que los artistas deben enfrentar en torno a la representación de la figura humana. Aunque si recorremos los trabajos de Musto vamos encontrar pocos relacionados con la figura humana (el retrato del coleccionista y sastre Martorana, la pintora señorita Adelaida Perrone y su gran amigo Schiavoni).

Los trabajos, bocetos, estudios y pinturas de figura humana son los más numerosos dedicados a la modelo, muchos de estos realizados en su taller, como lo señalan los elementos que allí aparecen. Es en estas obras donde encontramos la práctica del dibujo en estos cartones, en el que la modelo es el tema excluyente, generalmente posando, pero hay otros que podrían mostrar escenas sexuales como en La modelo en el taller. Desnudo de la Srta. A. C., de 1936. Yo no he encontrado cartones que refieran otro tema, sólo a la modelo desnuda. Aun por estos días siguen apareciendo en subastas dibujos al natural o de modelo vivo de Musto. Recientemente salió a remate en Buenos Aires uno fechado y firmado en 1937, con dimensiones y de calidad similar a los nuestros pero mejor conservados.

 

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