22-11-09 | Por Osvaldo Aguirre / La Capital
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Estés donde estés, podés dibujar

Bienvenidos al club. Una extraordinaria colección reúne a estudiantes y aficionados en torno a la pasión por el dibujo.

La idea puede ser: Si no dibujo, me desmayo. O con menos urgencia: Estés donde estés, podés dibujar. O también, para pensar, citando a Manuel Belgrano: El dibujo civiliza. O con impaciencia: ¡Dibujá ya!. Como sea, las consignas del Club del Dibujo han tenido y tienen notables efectos, como se puede apreciar en la presentación —esa es la palabra, y no muestra, porque muestra remite a los animales del zoológico, según la enseñanza de Edgardo Antonio Vigo— que se realiza en el Centro Cultural Parque de España. El resultado no es sólo la producción constante de dibujos sino, como apunta Claudia del Río, a cargo del guión y edición del evento, la circunstancia de habilitar muchos y diferentes modos de dibujar.

"La novela del dibujo", tal el nombre de la presentación, se despliega en dos túneles del Parque España. En el primero se exhibe la colección del Club; en el segundo, mesas de trabajo cedidas en préstamo por diversos artistas. Diana Aisenberg, Aníbal Brizuela, Max Cachimba, Javier Carricajo, Daniel García, Mario Gemín, Emilio Ghilioni, Mauro Guzmán, Fernanda Laguna, Silvia Lenardón, Hugo Padeletti, Margarita Paksa, Alfredo Prior, Dani Umpi y siguen los nombres. Muchos nombres. Además hay invitados: Marcelo Pombo, Marosa di Giorgio, Julián Usandizaga y Delfo Locatelli, entre otros.

Pero los nombres tienen aquí una importancia relativa. No tanta como la de los dibujos. "Fue una decisión mía —dice Claudia del Río—: los nombres de los autores iban a estar separados de las obras. Quería hacer un ejercicio de percepción de obra y no tanto de los autores: está ese vicio de atender al autor y perder de vista la obra".

Teoría y práctica
   Entre lo que salta a la vista, se encuentran cuatro dibujos eróticos de Manuel Musto, que recién se conocieron a partir de su aparición en una librería porteña y que se exponen por primera vez en Rosario. En una de las charlas a propósito de La novela del dibujo, Pablo Montini presentó un informe de atribución, a fin de validar la autoría de las obras (ver aparte).

   Hay también un dibujo de Arturo Zinny, el primero que Claudia del Río compró en su vida, a los 15 años. Un texto de Federico Manuel Peralta Ramos, enmarcado. Obras de Vigo, porque “la idea de dibujo trasciende la técnica: sea un collage, un grabado, en su caso, me parece que perfectamente puede estar en este lugar”.

   La editora explica su orden: “Fui encontrando familias. Algunas tenían que ver con la geometría, otras con las relaciones entre escritura y dibujo. Hay también asociaciones por colores: cada tanto poner una cantidad de dibujos con mucho color, además, rompe la monotonía. Hay textos de diarios personales, como el de Sergio Chejfec, ritmos con piezas que van repitiendo un módulo, zonas de retratos”. En esas filiaciones, “busco que las obras se relacionen pero también que se diferencien al acercarse”.

   Las mesas, lámparas y sillas obtenidas en préstamo son el soporte de la Escuela lenta de dibujantes (temporaria), desplegada a través de charlas y presentaciones de artistas. “El segundo túnel tenía que ser de práctica, para ver al Club en forma viva —explica Del Río—. La generosidad de los dibujantes fue fundamental. Cuando uno entra a ese túnel lo que encuentra son escenas de trabajo, trasladadas desde la casa”, y desde la historia, con la mesa de Luis Bras que cedió Max Cachimba.

La trama
   El título La novela del dibujo alude al nombre del blog clubdeldibujo.wordpress.com y a las historias y las relaciones que se traman a través de los dibujos. Los capítulos se pueden leer en las dedicatorias de las piezas, en dibujos que ostentan un valor documental, en acciones que se actualizan: las copias que Fabián Marcaccio repartía en 1989, a propósito de una muestra en el Museo Castagnino curada por Carlos Basualdo, vuelven a distribuirse veinte años después. “Hablar de novela —dice Del Río— permite un formato expansivo, que puede abrir muchos caminos. En realidad lo que estoy haciendo es editar un material que tiene muchísimos años de generación y que aquí se encuentra reunido”.

   Los dibujos tienen orígenes diversos, y allí también se puede seguir la novela. La mano que dibuja es más rápida que la vista. Están los que provienen de eventos realizados en la Colonia Psiquiátrica de Oliveros. Hay un frottage de Arturo Carrera. Están los dibujos hechos a dúo o colectivos. Los que vienen de Bariloche, de la Bienal del Mercosur de Porto Alegre, de Tucumán, de Córdoba, de clubes del dibujo instalados aquí y allá. Los que se obtuvieron por trueques, en casas de familia, centros culturales, museos. Los que se hicieron en vivo, siguiendo una de las actividades clásicas del Club, que apunta a poner en cuestión la imagen del dibujo como actividad solitaria y al mismo tiempo abrir el juego: “que los otros vean cómo alguien puede dibujar habilita modos de dibujo, y de hecho es lo que hace esta presentación: no hay una pretensión de cerrar sino de habilitar modos de dibujo”, apunta la editora.

   Y la novela continúa. “Cuando Hugo Padeletti fue a dibujar a ArteBA estaba tremendamente nervioso. Se había llevado los dibujos hechos en una hoja A 3 y otra hoja más grande, para copiarlos. Fue una técnica maravillosa, porque ante la ansiedad de hacerlo en vivo se armó ese plan”. Así ingresaron en la colección los dibujos que Padeletti trajo aquel día de su casa y las versiones de las mismas obras que hizo en vivo.

El oficio en cuestión
   “Dibujar es una actividad que todo el mundo puede practicar, obviamente con persistencia —dice Claudia del Río. Siempre me preguntan quién puede integrar el club: bueno, sólo el que se dedique a dibujar, con cierto compromiso de hacerlo, porque ahí es donde uno encuentra qué y cómo dibujar. El dibujo enseña sobre el dibujo; además de toda la información que uno pueda recabar y de las reglas y ejercicios, hay que hacerlo con la lentitud, la persistencia y la concentración de cualquier oficio”.

   El Club del Dibujo surgió en 2002, por impulso de Claudia del Río y Mario Gemín. El antecedente documental fue el “Manifiesto por la promoción internacional para el estudio y la práctica autodidacta del dibujo”, escrito por América Sánchez y Norberto Chaves en Barcelona en junio de 1979.

   La presentación en el Parque España supone una escala nueva para que pueda apreciarse su colección, en su mayoría contenida en carpetas. Y otro punto de partida, que hoy tendrá un nuevo capítulo a partir de las 17.30, con una invitación “a toda la comunidad de dibujantes e historietistas, a solitarios dibujantes y aficionados y a curiosos que quieran compartir sus dibujos en las galerías del centro cultural”. Es simple: estés donde estés, podés dibujar.

Hasta el 29 de noviembre, en Sarmiento y el río Paraná.
 

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