25-10-09 | Por Sara D'Angelo / La Capital
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"Es obligación del artista mostrar otra realidad"

El arte vuelve a adueñarse de la ciudad y se extiende a través de la provincia.

La Semana del Arte Rosario (SAR) ha hecho suya desde sus orígenes aquella vieja aspiración de las vanguardias, fuertemente actualizada por el movimiento pop, de unir arte y vida. Y muy particularmente en su quinta edición, que tiene a Edgardo Giménez como artista invitado. La SAR busca hacer de una de sus obras —¿Por qué son tan geniales?, de Giménez, Carlos Squirru y Dalila Puzzovio, leit motiv de este año—, una sutil genealogía para su propuesta de sacar el arte del espacio consagrado del museo y provocar la experiencia estética en el espacio urbano.

Jorge Glusberg señalaba que ninguna reseña de la obra de Giménez puede eludir la aventura del enorme cartel que realizó junto a Puzzovio y Squirru y ubicó en el invierno porteño de 1965 en una pantalla publicitaria que coronaba el viejo edificio de la esquina de Florida y Viamonte. Y Giménez asegura: “El gesto del cartel manifestaba el deseo de incrementar el público que visitaba las galerías, que por lo general era siempre el mismo. A partir de esa intervención la gente comenzó a interesarse y pudimos constatar lo eficaz que era publicitar la cultura en otros medios que no fueran cerrados como la galería o el museo”. Hoy el emblema de esa obra, en una versión reeditada y producida por Juan Hernández bajo la supervisión de Giménez, será anclada en la autopista a Córdoba, a la altura del arroyo Ludueña.

Es un lugar común ya calificar a Edgardo Giménez como artista multifacético: antes de que el diseño gráfico, el diseño industrial y de indumentaria y la arquitectura efímera existieran como campos profesionales autónomos, él ya los había explorado, tensando sus límites hasta más allá de lo entonces imaginable. Había construido casas sin título de arquitecto, decorado interiores, producido publicidad, creado escenografías teatrales muebles, ropa, objetos indefinibles pero irreductiblemente hermosos, a caballo entre la galería de arte y la tienda de decoración más exquisita, supervisando él mismo, como autodidacta, el campo que iba abriendo con esa actividad arrolladora.

—Jorge Romero Brest dijo de usted: “Le da lo mismo construir una casa, diseñar un jardín, proyectar un corto publicitario, hacer la escenografía de un filme, objetos, pinturas o posters”, ¿Cuál fue el motor de esa búsqueda?

—Esa es la opinión de él, a partir de haberme conocido profundamente y a raíz de trabajar juntos, con él y con su mujer, Martita. Hicimos Fuera de Caja, La casa de City Bell, eso tuvo una gran trascendencia, inclusive entró dentro de una obra muy importante que se llamó Transformaciones en arquitectura moderna. Allí participaron los arquitectos más destacados del mundo. Romero Brest fue el gestor cultural más importante que tuvo el país, y es un puesto vacante, él aún no ha sido reemplazado, como tampoco ha sido reemplazado el Di Tella. Romero fue una persona que vivía acorde a lo que predicaba. Hoy escuchamos que algunos dicen palabras maravillosas, pero que no coinciden con lo que ese personaje después hace con su vida. A mí me resulta muy respetable la gente que sostiene con su conducta lo que dice, eso es lo que fue Romero.

—¿El Di Tella ha tenido descendencia en el arte argentino?

—Una vez le dijeron a Romero Brest, ¿y después del Pop, qué? Y él dijo: “puede aparecer otra cosa como no puede aparecer nada”. No es que se descuelga una cosa y automáticamente existe un reemplazo. Puede surgir, pero hoy no encuentro ese momento de brillo y de esplendor del arte argentino, me parece que no se volvió a repetir. Digo esto porque nuestro movimiento, el Pop, se mezcló con la vida. Había películas Pop, moda Pop.

—¿Cómo es hoy su relación con los artistas de aquella época?

—Con Marta (Minujín) me llevo perfectamente bien, también con Alfredo Arias, con Juan Stoppani, solo por nombrar algunos. De repente me llevo mejor con la gente que sigue en actividad, la gente que sigue haciendo. No me divierte para nada encontrarme para rememorar viejas épocas. Lo importante es el aquí, ahora; y el aquí en adelante.

—¿Puede explicar su propuesta de “vivir en el arte”?

—Hay mucha gente que cuelga su cuadro, le pone la lucecita para que se vea y de repente el resto de esa vida es opaca, sin interés. Vivir en el arte es estar en un estado como de gracia con respecto a lo que a uno lo rodea, no estar adormilado. Que el arte sirva para estar despierto, no un rato, sino constantemente despierto porque es maravilloso todo lo que nos rodea.

—¿Por qué habla de su creación como un acto lúdico?

—A la gente le hace falta jugar un poco más. Las cosas que yo hago no tienen nada que ver con las malas ondas, con las malas noticias porque estamos invadidos de ellas las 24 horas. La misión del artista actual es buscarle una salida a todo esto. El juego que puede hacer un artista es mínimo frente a la difusión que tienen todo ese tipo de noticias. Es obligación del artista mostrar otra realidad. Como ya está todo destruido, ha llegado el momento de construir. Ser vanguardista es construir.

—¿Cree en el arte como herramienta para el cambio social?

—Por supuesto que sí. Yo he tenido experiencias muy importantes. En la primera retrospectiva que hice para el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, el sponsor que tenía publicó cantidades de afiches con una imagen muy sofisticada en todo el Gran Buenos Aires. Puedo decir, con orgullo, que gente de barrios muy humildes de la ciudad vinieron a ver la muestra y les encantó. Eso quiere decir que el arte no es patrimonio de ninguna clase social sino que es de la gente que está despierta y que está permeable a que eso penetre en su cabeza.

—¿Podría decirse que para los años 60 fue un artista provocador? Pensando en una sociedad mayoritariamente cerrada y reprimida.

—Cuando el arte no es provocador no es arte. Todas las cosas que uno ha hecho han provocado cosas, y eso es lo que le da la importancia. Si no, estaría olvidado. Es como el Di Tella. Los mitos se fabrican de cosas muy importantes que pasan. Para que sigamos hablando de cosas que han ocurrido hace 45 años es porque provocaron cosas muy importantes en la gente. En un país donde todo se olvida tan rápidamente y donde una noticia tapa la otra, que esto siga teniendo vigencia y un prestigio in crescendo, es maravilloso.

 

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