02-11-08 | Por Irina Garbatzky
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Periodismo en emergencia

Buscando algo distinto. Ruiz Mateo se pronunció contra “la uniformidad de la información cultural”.

¿Qué se entiende por periodismo cultural? ¿Qué pasa cuando los periodistas emergen como gestores poniéndose al frente de proyectos? La invención de diferentes objetos culturales y la búsqueda de distintos modos de gestión fueron los contenidos del curso Estados Alterados (emergencias en el periodismo cultural), dictado en el Centro Cultural Parque de España con la participación del barcelonés José Ribas, creador de la revista "Ajoblanco", en mayo, y con la escritora Mercedes Cibrián, en agosto. El tercer bloque estuvo a cargo de Emilio Ruiz Mateo (Madrid, 1974), quien en octubre participó de una charla con el rosarino Andrés Conti, como cierre del ciclo.

Ruiz Mateo resumió lo analizado a lo largo del curso, sobre el ejemplo de las revistas Eñe, Ling y Ojo de Pez, dirigidas por él mismo. La idea del encuentro, además, era pensar estas problemáticas en el marco de cuestiones locales. De este modo, Conti, periodista del diario El Ciudadano y editor de la revista Atypica, realizó un recorrido con preguntas acerca de las vicisitudes en el trabajo de la gestión y la edición, las dificultades del sostenimiento económico y el público al que se debe acceder.

"Cerca de 1999 en Madrid se hablaba mucho de gestión cultural", dijo Ruiz Mateo en el comienzo, "sin embargo no había casi ningún lugar donde se pudiera trabajar". Esta condición, tan cercana al contexto local —donde se vuelve cada vez más difícil sostener la especificidad de los medios culturales— permitía pensar que el relato del caso madrileño no se alejaba tanto del nuestro: "El único sitio donde podíamos realmente trabajar era en La Fábrica, una empresa privada de gestión cultural, ya que prácticamente era la única que existía".

Desde ese espacio, Ruiz Mateo, periodista audiovisual y especialista en cine, realizó un master en gestión y comenzó a dirigir distintos proyectos, como algunas revistas que se insertaron en el mercado y el campo intelectual de España.

La más importante fue Eñe, una revista sobre narrativa de escritores españoles y latinoamericanos, que lleva tres años en su haber.

El caso de Eñe sería el prototípico de una revista literaria. Es decir, el problema que se le presentó de entrada fue el de la rentabilidad. La Fábrica, entonces, como motor de la gestión, intentó crear el campo para distribuirla. Distintas negociaciones con empresas para conseguir publicidad, la ubicación de grandes nombres de escritores en el índice o en el consejo editorial fueron estrategias que los gestores inventaron para sostener un producto literario, vinculado no sólo al ocio sino a un sector no masivo.

El objeto del ocio 

Otros productos que Mateo mostró daban cuenta de la dificultad de pensar en objetos culturales vinculados al entretenimiento. Dificultad que en nuestro medio se acrecienta debido a la baja inversión tanto en prensa como en edición. Una revista como Ling, ideada para una línea aérea de bajo costo (Vueling), muy divertida, que aúna notas críticas, crónicas y excelentes fotografías, parecería incierta respecto del interés del consumo local. Se trata de uno entre tantos productos que funcionan en Europa y que difícilmente podrían volverse masivos aquí, sobre todo por la condiciones económicas.

La conclusión sería que el sostenimiento de un proyecto varía según cada región. Entre nosotros, la forma más frecuente ha sido a través de subsidios estatales, ya que la inversión privada es muy baja. En este sentido, la creación de un objeto llamativo para el público y necesario, aún siendo parte de la esfera del ocio, intensifica su condición de gesta casi heroica.

O comunitaria. Porque si bien Ruiz Mateo no se refirió a ello, podríamos recordar el fenómeno que tuvo lugar en nuestro país como consecuencia de la crisis del 2001: la emergencia de varias editoriales artesanales, de proyectos comunitarios de publicación, mediante el reciclaje o centros culturales, como, entre otros, lo fueron las ediciones de Eloísa Cartonera o Belleza y Felicidad en Buenos Aires o Junco y Capulí en Rosario. Es claro que en Latinoamérica la gestión debe pensarse en otros términos, tal vez más ligados a la invención y al rebusque, o al sostenimiento de productos de muy bajo costo.

Lo que sí y lo que no 

Sin embargo dos preguntas finales que realizó Conti parecieron sumamente pertinentes para terminar de delimitar las pautas propuestas por el español. "¿Qué no harías nunca como gestor cultural?", en primer lugar, y luego: "¿cuál sería el proyecto ideal?", cuestiones a las que el madrileño respondió dando cuenta de un fenómeno destacable y vinculado con la creación, tanto de la información como de un producto.

"Me enojan mucho los proyectos que participan de la uniformidad de la información cultural —respondió Ruiz Mateo—. De repente, y por explicaciones que exceden los motivos del dinero o de la moda, en todas las revistas aparecen los mismos reportajes, los mismos escritores, las mismas temáticas. Hacer una revista de tendencia es hacer algo que sea diferencie. Es decir, debemos crear revistas de tendencias, en plural. Un proyecto ideal sería aquel que logre insertar en el mercado lo aparentemente imposible: un objeto literario, entretenido, que le dé tanto lugar a lo reflexivo como a lo comercial".

Un objetivo que entre nosotros ha aparecido, aunque no vinculado a lo masivo, sino generalmente integrado a los márgenes.

 

 

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