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Sábado, 31 de julio de 201001:00

Alertan sobre el consumo de un medicamento altamente adictivo

Se lo indica como antitusivo. Su uso está difundido entre los jóvenes. Contiene opioides, que utilizados en exceso afectan el sistema nervioso central.

Por Silvia Lo Presti / La Capital

El toxicólogo Juan Carlos Piola alertó respecto del consumo de un medicamento para la tos de alto poder adictivo y cuyo uso está muy difundido entre los jóvenes. El medicamento en cuestión, cuyo nombre comercial es Aseptobron Unicap, se vende en comprimidos y contiene hidrocodeinona, una droga del tipo de los opioides, que consumida en exceso afecta el sistema nervioso central produciendo severas alteraciones de conducta.

Los opioides se usan para el tratamiento del dolor y como antitusígenos. Los más usados, afirma Piola, son la hidrocodeína, nalbufina, morfina y propoxifeno. Sus efectos sobre el sistema nervioso central generan un estado de bienestar o euforia, y entre las contraindicaciones figuran la prohibición de conducir automóviles o máquinas. Los fabricantes advierten también que su uso prolongado puede producir dependencia. “El consumo genera síntomas que interfieren severamente con las actividades laborales, sociales y de interrelación con otras personas”, explica el toxicólogo del Servicio de Toxicología del Sanatorio de Niños (Sertox).

La dosis diaria de consumo recomendada para frenar la tos es de 5 a 10 mg tres veces por día, es decir, entre 3 a 6 cápsulas diarias (el laboratorio que lo comercializa aconseja no superar las 8 cápsulas). “En los pacientes atendidos en nuestro servicio estas cantidades pueden variar entre 30 y 90 o más cápsulas diarias”, afirma Piola.

El Aseptobron Unicap y el Klosidol, medicamento utilizado para calmar fuertes dolores de uso frecuente entre los adictos, contienen otros compuestos químicos que también pueden resultar inadecuados cuando se abusa de ellos, como es el caso de la dipirona.

“Si su único uso fuera como antitusivo, las ventas deberían ser muy limitadas”, advierte el toxicólogo, y sugiere que habría que investigar “a cuánto asciende la comercialización de este producto para ver si no estamos frente a una sorpresa como fue lo de la efedrina”, dice. Como una forma de desalentar el consumo el toxicólogo propone recategorizar el medicamento, lo que implicaría incluirlo en el grupo de fármacos que requiere de una receta oficial archivada, hasta medidas más drásticas. Actualmente se comercializa con una receta simple archivada.

“La hidrocodeinona, presente en el Aseptobrón, es superadictiva. De cuatro personas que la prueban, una queda enganchada —afirma el médico—. Generalmente la consumen los varones, por vía oral o parenteral, y quienes lo hacen quedan permanentemente con un sindrome de supresión que no pueden dejar pasar pocas horas sin la sustancia”.

Según el médico existen escasas investigaciones clínicas que permitan establecer las circunstancias que influyen en el inicio del consumo de opioides. “A veces son prescriptos inicialmente por un médico por algún cuadro de dolor posoperatorio y luego los pacientes lo continúan utilizando por su cuenta, sin receta, en farmacias de la ciudad u otros lugares de venta ilegal —afirma—. También encontramos una elevada proporción de consumidores entre los profesionales de la salud, especialmente médicos, enfermeros y farmacéuticos, quienes pueden acceder fácilmente a estos medicamentos”.

Cuando el consumo de opioideos es excesivo o en caso de sobredosis los síntomas que aparecen son miosis (contracción de las pupilas) , depresión neurológica y respiratoria, hasta incluso provocar un paro cardiorrespiratorio. “Lo más característico y desagradable es la aparición del sindrome de abstinencia donde puede haber inicialmente nerviosismo, lagrimeo y rinorrea, insomnio, nauseas, vómitos, diarrea, hipertensión y taquicardia. El desasosiego que les produce la falta de droga los lleva a hacer cualquier cosa para conseguirla. En estos casos, y previo a cualquier tratamiento, se realiza una desintoxicación mediante el uso de buprenorfina, que mejora notablemente la adhesión, posee escasa frecuencia de síntomas de abstinencia y disminuye la posibilidad de recaídas”, afirma Piola.

Cocaína y alcohol. “A partir del 2004 aumentaron las consultas en el Servicio de Toxicología del Sanatorio de Niños, con un récord de atenciones en el 2008, año en que se duplicaron”, dice el toxicólogo. Los datos surgen de un relevamiento efectuado en el servicio, entre el 2000 y el 2009, y que contempla las edades y sexo de los consumidores así como el tipo de droga utilizada. El médico aclaró que quienes concurren al servicio generalmente lo hacen porque presentan síntomas de sobredosis o abstinencia, y de ninguna manera estos datos representan un mapa del consumo de drogas en Rosario.

La información da cuenta que el mayor consumo se da entre los 10 y 39 años, mayoritariamente varones (78% sobre 21% en las mujeres). También que en el 45% de los casos la intoxicación se produce con más de una sustancia (alcohol, la más frecuente, junto con cocaína o medicamentos, marihuana y opioides), mientras que la vía de intoxicación más frecuente es la oral (39%) o la mixta (35,76), seguida por la inhalatoria (17,27%), parenteral (4,39% y mucosas (1,67%).

El Sertox funcionó hasta enero de este año como un centro de derivación de intoxicaciones por drogas de la Municipalidad. Además de la atención en la emergencia cuenta con un servicio telefónico de consultas (4800202). Hoy esta función la cumple el Centro de Toxicología, Asesoramiento y Servicios que funciona en Tucumán 1544 (teléfono 4242727).

"Entre las adicciones las más frecuentes son el alcohol y la cocaína. Probablemente sea mayor el consumo de marihuana, sobre todo entre los jóvenes, pero ellos no llegan a la consulta”, puntualiza finalmente el toxicólogo.

 

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