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Domingo, 29 de mayo de 201101:00

Previsibles

(Por Jorge Besso). _ Uno de los ideales más caros entre los humanos es el extendido consenso sobre la importancia de ser previsibles. Necesitamos que el otro sea alguien...

Uno de los ideales más caros entre los humanos es el extendido consenso sobre la importancia de ser previsibles. Necesitamos que el otro sea alguien previsible en el amor, en los negocios, en la política, en los trabajos, etcétera. La fidelidad con respecto a la palabra dada o empeñada da certidumbre tanto sea para los proyectos como para las promesas, en definitiva para cualquier declaración de todos los días. No es demasiado aceptable que alguien en el desayuno declare "te amo" y ante la misma requisitoria por la tarde diga simple y secamente "te quiero bastante".

Múltiples, imprescindibles, en ocasiones inútiles, congresos, campañas, jornadas y demás eventos de prevención se realizan más o menos a diario en los centros y rincones del planeta mostrando la necesidad de estar prevenidos en los más variados terrenos. Las sociedades en general, probablemente en todos los tiempos y formas, requieren habitantes lo más previsibles que se pueda. No deja de ser curioso que cuando en el siglo pasado el mundo estaba dividido en dos mundos predominantes, la previsibilidad era igualmente prioritaria tanto en el capitalista como en el comunista, aunque claro está con formas y procedimientos diferentes. En el comunista era el Estado el encargado de supervisar la Previsibilidad Ambiente lo que llevó al sistema a conformar el oxímoron ideológico más sonoro: una burocracia revolucionaria, algo por demás contradictorio en tanto las burocracias son conservadoras y paralizantes por definición y actuación. En realidad una suerte de pesadilla de Marx, encargada además de diseñar un hombre nuevo superador de los desatinos consumistas del capitalismo.

El resultado fue un fuerte dispositivo (aterrador en muchos casos) para medir la ampliación de la conciencia revolucionaria o sus supuestos y variados desvíos: ideológicos, religiosos o sexuales. En definitiva los sospechosos de desvíos o infiltración fueron rotulados de contrarrevolucionarios con las consecuencias del caso. Uno de los desvíos más curiosos es el relatado por Milán Kundera en su primera novela "La Broma". En la Checoslovaquia comunista un pesimista era un sospechoso, en tanto en su inconformismo y en su quejismo se insinuaba como un contra en acto o en potencia.

Semejante locura social constituyó el nudo de la novela de Kundera donde un joven militante envía una tarjeta amorosa a su novia, también militante del partido, quejándose de no vacacionar juntos por culpa de los inefables seminarios de formación política. Cierra la misiva con una broma irónica con relación a la obligación de ser optimista para ser previsibles: el optimismo es el opio de los pueblos (en referencia a F. Engels y su sentencia de que la religión es el opio de los pueblos).

En el sistema capitalista los desvíos y desvaríos morales, políticos, y de cualquier tipo pululan por doquier con consecuencias e inconsecuencias variadas para sus actores. Derrapes previsibles o no según sea, pero lo cierto es que por lo general no derraman demasiadas lágrimas de cocodrilo ni de las otras respecto de la imprevisibilidad de los humanos. Donde la sociedad capitalista exige y fabrica (hasta donde puede y puede bastante) seres previsibles es con relación al Mercado. Con la debida aclaración de que en las sociedades último modelo la sociedad misma es un mercado como tal. Una sociedad - mercado que va consumiendo a sus consumidores que consumen su vida consumiendo en una lógica de la redundancia fabricante de previsibilidad crónica. Sin embargo como es sabido no todo lo que reluce es oro, más aún tratándose de humanos.

Por estos días un ejemplo sobresaliente: a un ejemplar masculino paradigmático se le sale la cadena en un escenario bastante inadecuado. Dominique Strauss Khan, director gerente del célebre y fatídico Fondo Monetario Internacional, gestor del recetario económico para países en crisis, ex futuro presidente de Francia uno de los países más emblemáticos de la cultura occidental, se comportó en Nueva York como "un chimpancé en celo" (según la comparación de una de las mujeres de las que abusó) saltando sobre una mucama que se permitió rechazar a un Dios terráqueo. No a un diablo, los diablos transgreden, pero no violan.

Según trascendió hay muestras de ADN del súper gerente en la falda de la mucama, que gritaba ¡pare que pierdo mi trabajo! ¿Tú sabes quién soy yo? gritaba a su vez el director. ¿Sabrá él realmente quién es? Tan híper exigente con respecto a la previsibilidad que debían demostrar los países a rescatar se encuentra ahora en régimen de detención domiciliaria con un brazalete electrónico para monitorear sus movimientos y con guardia armada las 24 horas en razón de que ya no es previsible.

Eso sí, DSK ahora sabe quién no es: no es más el director del Fondo, ni va a ser el presidente de Francia. No sabemos si la camarera sabía realmente quién era el chimpancé. Sí sabemos que este eximio economista no es un simio, ya que un ser con conductas en general previsibles como un mono jamás haría semejante desmesura, muy propia de los imprevisibles humanos, especialmente de algunos masculinos adictos al poder.

Por: Jorge Besso

jorgebesso@yahoo.com.ar

Tags: mujer P08

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