El grupo ofrece contención en el embarazo y el parto. (F. Guillén)
El parto, la maternidad, la lactancia y la crianza de un bebé son momentos trascendentales en la vida de una mujer, y como tales, despiertan dudas e incertidumbres. "Esto está bien; esto no se hace; hacelo así porque es mejor, etcétera, etcétera", son sentencias que influyen en la conducta de la mamá, sobre todo primeriza, a modo de manual de supervivencia durante los primeros meses de vida del bebé. Y ante tantas idas y venidas, lo corriente es que la mujer no sepa bien qué hacer, o peor aún, a quién darle la razón.
Lejos de proponer recetas sobre cómo parir o criar a un niño, se suman distintas propuestas de grupos formados por mujeres que sólo buscan asesorar y contener emocionalmente a la mujer en esos momentos. Con esa idea surgieron las Doulas de Rosario, que ofrecen un espacio de encuentro para conversar e informar, pero fundamentalmente de respeto hacia las necesidades de cada mujer.
"Las doulas somos como una amiga a la que llamamos a cualquier hora y siempre está dispuesta a escucharnos", dice a La Capital, Sandra Dolce, una de las creadoras de la agrupación junto a Mariana Fallótico (fallecida el año pasado en un accidente automovilístico). Sandra se conectó con el grupo luego de la pérdida de un primer embarazo. "Comencé a buscar un obstetra que me escuchara y comprendiera durante esa etapa —relata—. Me contacto con Mariana, que también estaba embarazada, y me recomendó un médico al que en la primera consulta le dije lo que necesitaba: tranquilidad, luces tenues y poca gente en el momento del parto. El médico coincidió conmigo. Luego del parto tuve la oportunidad de viajar a Buenos Aires para escuchar a un experto y allí me dí cuenta que todo lo que me estaba pasando tenía una evidencia científica. Entonces con Mariana decidimos que algo teníamos que hacer".
La figura de la doula (mujer que sirve) proviene de la antigua Grecia. Sin ir tan lejos, su función era cumplida por la familia ampliada (abuelas, tías, primas, hermanas) que años atrás vivía en una misma casa y todos colaboraban con la crianza del niño que nacía. Por entonces ese conocimiento se transmitía de mujer a mujer.
"Mi hijo no duerme a la noche y me levanto a darle la teta. Internamente pienso que sería más fácil que duerma conmigo así no me levanto pero la sociedad me dice que eso está mal. Y allí aparece la duda entre lo que tengo ganas de hacer y lo que está bien para los demás", resume Dolce para graficar una etapa signada por las contradicciones.
Cada hijo es único
"Las doulas no damos recetas ni decimos lo que está bien o mal. Pensamos que por algo sentimos así y que si nos empezamos a escuchar un poco más como mujeres las cosas serían mejor", agrega.
El grupo ofrece charlas abiertas y gratuitas para que todas las mujeres tengan acceso a la información. Además brinda encuentros para la preparación para el embarazo con la idea de abordar la parte emocional. "No somos profesionales pero nos formamos en fisiología del parto, embarazo, parto y puerperio. Lo emocional lo trabajamos desde la propia experiencia", cuenta Dolce. "La doula no reemplaza a ningún profesional de la salud y trabajamos en conjunto con los obstetras", agrega.
Adriana Olguín se sumó al grupo luego del fallecimiento de Mariana. "Ella fue mi doula y me convenció. Cuando fui a la primera reunión me dí cuenta que eso era para mí", dice. "Las doulas hacemos que la mujer se sienta protagonista y pueda decidir cómo parir y cómo criar a su hijo", explica Olguín.
Si la mujer lo decide las doulas la acompañan durante el trabajo de parto y el parto propiamente dicho, y luego la visitan en su casa. También hacen un acompañamiento telefónico.
"En muchos casos las mamás necesitan seguir viéndonos, por eso ofrecemos el taller de crianza que funciona hasta que el bebé cumple un año de vida", agrega.
"Algunas mamás llegan al nacimiento de su hijo con mucho miedo y luego tienen un parto maravilloso y nos agradecen, pero en realidad el trabajo fue de ellas. La mujer acompañada y contenida siente menos dolor y los médicos trabajan más tranquilos. Este es un espacio donde la mujer puede conectarse con lo que puede, con lo que siente que no puede y con lo que le está faltando", resume Olguín.
Mariana
Sandra Dolce y Mariana Fallótico fueron las primeras doulas de la ciudad. "El 18 de octubre del año pasado íbamos a una jornada de capacitación en Bariloche. En un accidente perdí a mi esposo y a Mariana. Se salvó mi hijo, el de ella y su esposo. Fue terrible. Ella sigue siendo mi motor para seguir en esto", confiesa entre lágrimas Sandra.

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