26-10-08 | Por Florencia O´Keeffe / La Capital
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Dora, una poeta que enfrenta la adversidad

Desde que nació, Dora Rodríguez tuvo que adaptarse a los avatares de la vida. Cuando tenía apenas cinco días sus padres biológicos la dejaron en una caja de cartón en la puerta de un convento. Hacía frío y lloviznaba, pero apenas la descubrieron las monjas recibió el calor y el cariño que tanto necesitaba. Ahora, con 70 años, hace 9 que vive en el geriátrico El Hogar, de Rosario. Su llegada se pareció a la de aquel momento. Confiesa que tuvo miedo y se sintió sola, pero en poco tiempo encontró en ese lugar la contención y la compañía que buscaba.

Dora tiene esclerosis múltiple. La enfermedad la dejó sin habla y sin movimientos en sus piernas, pero ella se las ingenia para seguir adelante. Con la ayuda de la terapista ocupacional descubrió nuevas habilidades y se reencontró con antiguas pasiones. Ella se comunica a través de un abecedario impreso en un papel. Con el dedo va señalando letra por letra y de ese modo va armando las palabras que la gente sigue con la vista. Tiene, además, una compañera inseparable: una máquina de escribir en la que vuelca sus sentimientos, sus deseos, alegría y penas, porque Dora escribe cuentos y poemas.

A través de la escritura logró sobreponerse a algunos momentos de tristeza y soledad, expresar su afecto hacia determinadas personas, quejarse cuando algo no le gusta y también contar la historia de su vida. El geriátrico la ayudó hace algunos años a publicar su primer libro "Recuerdos para mi hijo". Ahora ya está pensando en su segunda obra.

Cuando llegó a El Hogar no hablaba, pero además carecía de todo tipo de recursos para comunicarse. "En la vida dentro del geriátrico es necesario estimular a cada persona para que logre su lugar de pertenencia, para que pueda hacer lo que desea. De hecho, el objetivo central de la terapia ocupacional es mejorar la calidad de vida de la gente con algún tipo de problemática para que consiga el máximo nivel de autonomía e integración", explica Analía Massari, terapista ocupacional y una de las impulsoras de las "nuevas" habilidades de Dora, como de otros integrantes del geriátrico.

Con su abecedario de colores (un recurso simple y efectivo que Massari le ofreció a la mujer para facilitar su comunicación) Dora explica que escribir la libera, la fortalece, la divierte. "Hace 15 años que Dios me puso así. Y aunque no puedo hablar me expreso con mis poemas. Tengo mucho amor para dar, muchas cosas para decir; la vida puede ser muy dura, es cierto, pero también es tan linda...", manifiesta con simpleza.

A pesar de su enfermedad ella asegura que quiere salir adelante y demostrarles a otros que pasan por situaciones difíciles que se puede. Uno de sus amores es el Negro Fontanarrosa, quien "ha sido mi guía y mi ejemplo", comenta. A él le dedicó un poema (días después del fallecimiento del dibujante) en que expresó toda su admiración y afecto. "Yo siempre lo quise aunque no pude conocerlo personalmente. Me hacía reír tanto... Cuando supe que le pasaba algo parecido a lo que me sucede a mí entonces lo valoré mucho más, porque él no se dejó caer, no aflojó nunca", expresa mientras se seca las lágrimas.

También integra el coro del geriátrico, acompañando la música con distintos instrumentos. "Siempre me gustó cantar. Adoraba a Alberto Castillo; me encontré con esta imposibilidad pero de todos modos canto con el alma", describe Dora.

Opciones

Estimular la alimentación por cuenta propia aun en aquellos que tienen dificultades para hacerlo, permitirles ordenar y arreglar sus pertenencias, facilitarles el aseo personal, incentivarlos a descubrir nuevas posibilidades para paliar las carencias que puedan tener en ciertas funciones, son propuestas de la terapia ocupacional. "Hay que ofrecer distintas actividades en diferentes lugares como la habitación, el comedor o durante sus salidas", dice Massari.

El lugar donde Dora pasa la mayor parte de su tiempo es el salón principal de El Hogar. Allí los habitantes de la casa desayunan, almuerzan, cenan, realizan juegos, miran televisión.

Cada una de las mesas está "copada" por grupos de 5 ó 6 personas en los que en general conviven hombres y mujeres. "Ellos se van sentando y acompañando de acuerdo a sus afinidades, a las amistades que se van generando con el tiempo", explica Julio, uno de los enfermeros del geriátrico, quien se ocupa del aseo de aquellos que no pueden hacerlo, de medirles la presión y hasta de arreglarles las uñas a las más coquetas.

Los compañeros y hasta los amigos que se formalizan en el geriátrico son una parte fundamental de la recuperación de muchas personas que tienen que atravesar esta experiencia de vida, menciona Julio.

Mientras "Dorita" muestra sus poemas y cuenta su historia, Jorge permanece a unos metros de distancia. Se lo ve serio, pero en realidad está atento, porque Jorge es algo así como el amigo y "asistente" personal de la escritora. Y aunque a veces "pelean" tienen un vínculo que refuerzan día a día y que le facilita a la mujer muchas de las actividades cotidianas.

La vida en un geriátrico "no es muy distinta a la vida en cualquier otra parte; acá tenés tus días buenos y tus días malos. En definitiva, la soledad es algo con lo que siempre tenemos que lidiar los seres humanos", dice Mabel, quien llegó por propia voluntad hace tiempo.

Mabel, una de las nuevas amigas de Dora, concluye: "Ella es un ejemplo para nosotros. La fuerza que tiene nos motiva a todos".

 

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Pagina 1 de 1 -

Maravilloso como la poesía brilla a través de ella y le da alas

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