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Ahí estaban ellos. Cada uno paradito en sus puestos como estacas antes de que todo comenzara. Una vez que la pelota cobró vida empezaron a marcar la diferencia. La Joya Becker regó, por momentos, el Gigante de talento. Jesús Méndez aportó su clásica garra y corazón, aunque con cierta intermitencia por cierto. Nery Domínguez hizo todo sin fisuras. El juvenil cuando tuvo que cortar alguna acción ajena lo hizo sin falta. Cuando debió entregar la bocha, lo hizo limpita. En los momentos de ensuciar el short blanco con el verde del césped no dudó. Completito el pibe. Mientras que Diego Lagos también hizo todo a la perfección, independientemente de su gol y asistencia.
Si bien en Bahía Blanca habían pasado prácticamente desapercibidos, ayer dijeron presente con todas las luces. Los volantes que plantó Miguel Russo en mitad del escenario cumplieron con sus respectivos roles de manera sincronizada. Por más que el abanderado haya sido Lagos, el público le ofrendó un cálido tributo al ene Becker cada vezque pisaba la pelota. Y ni hablar cómo lo mimó cuando le dejó su lugar a Encina.
También es para resaltar el crecimiento que exhibió anoche Nery Domínguez. Poco a poco parece ir adueñándose del corazón de la cancha pese a que recién lleva cuatro batallas de titular. No hay dudas de que los cuatros fueron protagonistas excluyentes en la noche de Arroyito.
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