01/06/2012
15:32
Sería temerario afirmar que la eliminación de la Copa Argentina podría venirle bien a Central. Ninguna derrota, por más digna o inmerecida que sea, actúa con la fuerza de un inflador de confianza. Todo lo contrario. En fútbol siempre se edifica con las victorias. Aunque este caso puntual tal vez merezca hacerle un hueco a las salvedades, sobre todo porque la derrota en San Juan le permitirá al grupo enfocar todos los cañones en el verdadero objetivo que le quita el sueño a Pizzi y a sus jugadores: el ascenso.
Así como resulta aconsejable tener la cabeza ocupada en un solo frente, también el plantel de Central está obligado a realizar una mirada introspectiva para reforzar su mensaje interno y buscar los anticuerpos necesarios que le permitan no doblar las rodillas luego del traspié sufrido contra Boca.
En ese sentido, este plantel ya envió señales de saber convivir con situaciones que ponen contra la espada y la pared. Vale aclarar que el episodio actual toma distancia de una adversidad extrema. Lo que sí puede generar es que ponga a prueba la capacidad de reconversión que tiene este equipo para hacerle frente a la recta final de la B Nacional.
Igual, con la lupa puesta en la lógica no habría motivos para pensar que la caída ante Boca podría empujar a Central a deslizarse por un tobogán de rendimientos y resultados. Nada de eso se avizora en el horizonte. No hay indicios de decaimiento. El miércoles el equipo lució tan respaldado en lo colectivo como lo demostró el sábado pasado frente a River. Ni aún en la desdicha se entregó de pie y manos ante Boca. Fue el propio forjador de su destino. Eso sí, tuvo el caramelo en la boca y se lo dejó sacar como un niño. Pero nadie hubiera puesto el grito en el cielo si el ganador era Central. De hecho, controló el trámite hasta que Toledo desperdició el penal.
Justamente esa circunstancia del partido impone apretar la tecla stop. Porque eso, a la luz de lo que sucedió después, le hizo un tajo a la médula ósea canalla. Central pasó de ser un equipo confiado en sí mismo a uno con algunas debilidades a la vista. Y esto proyectado para lo que viene entrega algún flanco para la desconfianza. Por eso será vital el trabajo de hormiga que deberá realizar Pizzi para que las dudas no tomen de las solapas a sus jugadores.
Porque Central en la B Nacional no tiene margen para ninguna insinuación de derrumbe. Cualquier obra de beneficencia que haga en los tres partidos que le restan (Patronato, Chacarita y Desamparados de San Juan) podría pagarlo de la peor manera. Y ahí sí habría lugar para algún movimiento sísmico en todos los estamentos del club.
Por lo pronto, Central se lleva de San Juan una eliminación que no tendría que causarle daños colaterales mayores. Es verdad que Pizzi siempre demostró darle importancia a la Copa Argentina y fue consecuente con esa pretensión a la hora de la composición de los equipos que puso en las llaves contra Guillermo Brown de Puerto Madryn (32avos de final), Vélez (16avos de final), Belgrano (octavos de final) y Boca (cuartos de final). Pero ahora lo más saludable es dar vuelta la página y sólo mirar la hoja en la que están escritas las últimas tres fechas del torneo. Ahí sí hay que afinar el lápiz y no hacer garabatos que ensucien el libro que está preparado para escribir con todas las letras la palabra ascenso.
01/06/2012
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