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Domingo 19 de mayo de 2013
Domingo, 08 de abril de 201201:00

El caso Boudou y los nuevos horizontes de la sintonía fina

Puesto a comentar partidos de la selección, el escritor Osvaldo Soriano escribió una vez un crítico comentario sobre la actuación de un futbolista reconocido no sólo por su capacidad técnica sino por el perfil que supo acuñar de intelectual progresista aplicado al balonpié.

Puesto a comentar partidos de la selección, el escritor Osvaldo Soriano escribió una vez un crítico comentario sobre la actuación de un futbolista reconocido no sólo por su capacidad técnica sino por el perfil que supo acuñar de intelectual progresista aplicado al balonpié. Refugiado bajo esa capa de inmunidad, el jugador protestó sorprendido por el maltrato dispensado a "un hombre del palo". Hubo un intercambio de opiniones. La respuesta de Soriano fue políticamente interesante: "Si sos de izquierda, corré".

La anécdota fue referida por el propio escritor, quien sabe si algo exagerada por el discurso novelesco. Y vuelve a la memoria en momentos en que la realidad endurecida por una trama de conflictos tejidos en nuevas y viejas demandas urgentes, problemas irresueltos y errores no forzados, someten a una exigente prueba de tensión a los representantes políticos surgidos de un proceso de acumulación económica y una construcción política y social sanamente antitética del paradigma neoconservador que implosionó en 2001.

La lucha por levantar una muralla económica, política y cultural contra aquel paradigma condicionó las prácticas del Estado y de la sociedad civil en la posconvertibilidad. Creó una nueva institucionalidad, basada en la recuperación de tradiciones fundacionales como las que refieren al respeto de los derechos humanos, la distribución del ingreso, la integración social, el desarrollo económico equilibrado, la revalorización del trabajador asalariado como sujeto de reparación y la autonomía y la autoestima como eje de inserción en la comunidad internacional.

Estos activos fueron suficientes para apoyar la construcción de un relato que, al mismo tiempo, amalgamó a los protagonistas de este proceso, a nivel de individuos, Estados y grupos sociales, frente a los vaivenes de ese propio proceso. Así, durante casi una década el modelo sobrevivió y se expandió no sólo contra los modelos del pasado sino contra sus propias contradicciones, agachadas, errores, impericias y las poderosas herencias noventistas que anidan en las cabezas de muchos de sus líderes.

El año pasado fue el de la amplia convalidación electoral de esa representación. En sus distintas expresiones, incluso de la derecha, hubo allí un relato que se impuso a partir de una inteligencia electoral que avaló el relato y, con fervor o pesar, las contradicciones que traía consigo.

Con amplio respaldo político, sin el colchón devaluatorio que en todo sentido ofreció la crisis de principios de siglo, y con las fuerzas productivas de la década entrando en contradicción con las relaciones del modelo, la nueva clase política convirtió la victoria electoral en la plataforma de un programa de autorrestauración.

De pronto, las huelgas fueron extorsiones, los reclamos salariales, disfunciones; las organizaciones sindicales, corporaciones; los piqueteros, destituyentes; los ambientalistas, snob y, los docentes, una manga de insatisfechos. La competitividad e incorporó al léxico de las relaciones laborales y los techos salariales dominaron las políticas económicas.

Todos los niveles del Estado se lanzaron a subir tarifas e impuestos tanto para subsanar atrasos históricos como para pagar, si no una fiesta generalizada, sí la factura de más de un privilegio subsidiado y de algún que otro gustito caro de la nueva nomenclatura progresista. El costo de los servicios públicos y de la administración del Estado, así como la distribución de las cargas fiscales, merece ser discutido en todos sus aspectos, sin chicanas ni histeria. La práctica anacrónica de sacudir, cual travesura infantil, aumentos siderales el día después de las elecciones, no ayuda a crear las condiciones para ese debate. Por el contrario, sólo exhibe el desprecio por los votantes.

Aunque esta lógica "correctiva" incluye a todas las jurisdicciones, fue la presidenta Cristina Fernández de Kirchner la que la conceptualizó de modo brillante a través de la categoría de "sintonía fina". Un concepto nacido para explicar el ajuste pero que no se agota en él, ya que al ponerlo en el contexto del conflicto lo reinventa también como campo de disputa sometido a la relación de fuerza del momento.

La aspereza con la que empezó 2012, desde la tragedia Once, la desaceleración económica, la inflación, la sequia y las sangrientas consecuencias de la acelerada transformación de las ciudades argentinas en las Poisonville de Cosecha Roja, cantan la pica a la clase política escondida detrás del relato. Confrontada con la realidad, está obligada a actuar. Y en un terreno pantanoso, la vuelta al origen y el rescate de la identidad podrían ser una brújula posible. Pero frente a esa necesidad de ajustar el discurso y las políticas, aparece el vicepresidente Amado Boudou.

La investigación sobre las relaciones económicas del golden boy kirchnerista echan luz, más allá de sus resultados, sobre el estilo y las formas de hacer política que se aprenden en los centros de formación ideológica de Puerto Madero. Las contradenuncias del vicepresidente gastan aceleradamente las coartadas: Clarín miente, el juez miente y sectores del kirchnerismo mienten. ¿A dónde apuntará la próxima denuncia de falsedad?.

La causa Boudou, en todo caso, evidencia un lado oscuro del modelo, que se minimiza en los buenos tiempos y se maximiza en los malos. Más allá del caso Ciccone, el vicepresidente no es una herencia ni una imposición. Es un engendro político e ideológico sintetizado en los laboratorios del mismo poder construido en la posconvertibilidad. Una nueva forma de "ser del palo", donde la forma reemplaza a la sustancia. Hay budúes desparramados en la Nación y en la provincia, en todos los niveles de la política y de la sociedad civil. Todos susceptibles de inaugurar otro uso de la sintonía fina.

Tags: economia P02

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