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Viernes 24 de mayo de 2013
Domingo, 24 de abril de 201101:00

Las chicas rugbiers que hacen historia

Todas las semanas viajan de San Lorenzo a Arroyo Seco para entrenar, y lo hacen con pasión. Las Fénix son un grupo de jóvenes que representan al Athletic Club de Arroyo. Cuentan su experiencia, su gusto por el deporte y los sacrificios que implica practicarlo.

Por Mario Candioti / La Capital

“!Más rápido, soltá más rápido la pelota...!”. La voz del entrenador Carlos De Pascual resuena durante la práctica en el atardecer sabatino. Allí, siete chicas buscan mejorar la técnica y se empeñan en dar lo mejor de sí para jugar al rugby, un deporte poco habitual entre las mujeres y sobre el cual, dicen, quieren escribir una historia. La historia.

Son Las Fénix, las mismas que resurgieron de las cenizas de haberse quedado sin club en San Lorenzo y que encontraron cabida en el Arroyo Seco Athletic Club (Asac) para despuntar su pasión.

“Nos costó muchísimo llegar hasta acá y queremos crecer, hacer historia”, dice Sol Labanca (31), la capitana del equipo que dos veces a la semana entrena en el Campo de la Gloria porque “después que nos fuimos de Red Star nadie nos quiso dar una mano”.

Precisamente la historia nació en ese club. Pero un partido contra el equipo de Del Acuerdo-Yaguaronas de San Nicolás jugado sin autorización terminó con la ida de la capitana de la institución y un grupo de jugadoras que la siguió.

Ellas y Los Pumas. “¿Por qué elegimos el rugby? Creo que el origen hay que buscarlo en lo que transmitieron Los Pumas cuando fueron medalla de bronce en el Mundial de Francia 2007 y en la fuerza y la personalidad de Agustín Pichot, para mí el mejor apertura del mundo”, resume Sol sobre los orígenes del equipo. “Fui llamando a amigas. Diciéndoles que me hicieran el aguante, que les iba a gustar. Mi lema y mi propósito eran marcar la diferencia. Nadie me influenció”, agrega.

“Esto es una pelea diaria, hay un gran sacrificio porque todos los sábados tenemos que viajar de San Lorenzo a Arroyo y lo hacemos generalmente en ómnibus. Y después tenés que comer algo y no bajás de los 60 pesos”, dice Lorena Suárez (28), otra integrante del equipo, y destaca que “si bien siempre hice deportes, esto es algo fenomenal. Cuando entrás a la cancha arriesgás todo”.

De las cenizas. El nombre de Las Fénix surgió justo en el momento en que el club de San Lorenzo le puso fin a una etapa. “Sentirnos que debíamos resurgir de nuestras cenizas, como el Ave Fénix”, señala Labanca.

Otra parte de la historia es la escasa cantidad de jugadoras, unas 10 en total contando tres de Arroyo Seco que se suman de manera casi permanente a los entrenamientos. Por eso los equipos de rugby femenino son de seven, y los partidos se juegan en dos tiempos de siete minutos. “Al principio junté un grupo de chicas, que no eran éstas. Fueron dejando por distintos motivos. Es que si acá sufrís una lesión, es todo un problema en lo laboral. Pero aparte está el hecho de que varias de nosotras somos madres y para eso tenés que tener una pareja que te siga y que te aguante con todo tipo de dolor. Pero se puede”, abunda entusiasmada tras la práctica.

“La mayoría de nosotras trabaja, o tiene familia. Pero esto de jugar rugby no se explica, se siente. Incluso cuando nos juntamos hablamos de rugby o nos mensajeamos cuando sabemos que hay algún partido importante”, agrega Lorena.

Técnico clave. El presente de Las Fénix está muy ligado a Carlos De Pascual, un reconocido ex jugador de Atlético del Rosario, que incluso integró el equipo que logró el primer título de la Urba en 1995.

“Un día una de las chicas del grupo nos contó que sabía de un entrenador que había dirigido mujeres en Venezuela. Lo contacté, le pregunté cuánto nos cobraba y si podía entrenarnos. Me dijo que sí y empezamos a practicar en el Campo de la Gloria. Pero allí no había cancha. Entonces Carlos, que había entrenado al Asac, nos consiguió el club, al que le estamos eternamente agradecidas. Y a los tres meses, a fines de 2009, ya estábamos jugando. El primer partido lo volvimos a jugar contra las nicoleñas. Después fuimos a Santa Fe contra las chicas de Charoga en un encuentro donde salimos segundas, y después participamos de un Mundialito en Córdoba. Una experiencia increíble. El 30 de este mes hacemos un encuentro con las chicas de Yaguaronas, Charoga y Red Star acá en Arroyo.”

Arriesgar el físico también es cosa de mujeres y Las Fénix lo asumen sin problemas. “Esto de ser mujer y arriesgar es un orgullo. Creo que para que algo te guste mucho tiene que haber pasión. La pasión de entrar a la cancha y ponerte a llorar de la emoción de poder jugar. Es como ir a una guerra a defender tus colores. Porque esto es muy sacrificado. Entrenamos a las 9 de la noche, dejamos a la familia y volvemos a las 12 y les preparamos los útiles a los chicos y cocinamos. No importa. Además está la solidaridad de tus compañeras dentro de la cancha”, se entusiasma Sol.

Ser reconocidas. Al verlas correr y esforzarse por mejorar cada pase, cada jugada, surge una pregunta insoslayable: ¿A qué apuntan como equipo? Y la capitana no duda: “A que el rugby femenino sea reconocido y se le dé la misma importancia que al masculino. Esa es una cuestión machista. Por ejemplo, en Rosario no hay rugby femenino. Yo estoy esperando que algún club se anime a escribir la historia. Y nosotras estaremos para eso. Porque aspiramos a crecer en todo sentido”.

Es que si bien Asac les abrió las puestas y le están “eternamente agradecidas”, todos saben que puede darles “hasta acá”. Pero ellas quieren crecer y anhelan algún día poder tener un lugar permanente para entrenar y poder ir a jugar sin tener que pagar tanto de sus bolsillos.

La última jugada cerca del ingoal está dedicada al entrenador: “Carlos nos dio todo, nos dio la posibilidad de jugar, de ser Las Fénix. Si él no estuviera acá, nosotras no existiríamos. Es un tipo duro, exigente, pero que te transmite una gran pasión, que es la fuerza que tenemos y mostramos cada vez que entramos a la cancha”. Try y festejo...

Prejuicios

“Hay prejuicios alrededor de lo que hacemos. Hubo chicas cuyas familias no las dejaron hacer rugby porque creen que pueden volverse lesbianas. Un día estábamos entrenando y pasó un grupo de chicas. Nos gritaron “¡¡marimachos!! Y no entienden que la cuestión no pasa por ahí. Todas tenemos esposo o pareja. Y de última, la elección sexual no importa".

Rosario

“En Rosario no hay rugby femenino. Estamos esperando que algún club se anime y ahí estaremos”.

Tags: la region P36

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