12-03-10 | Por Javier Parenti / Ovación
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Franco volvió para quedarse

El país tira. Las raíces no se olvidan. Aunque para entender esto hay que pasar un tiempo afuera de casa. Desde adentro es difícil darse cuenta. Y pese a que cueste entenderlo, a Diego Javier Franco el corazón lo trajo de nuevo a sus orígenes. Hace ocho meses dejó México tras una gran campaña futbolística, al punto de que su último club (Morelia) retiró el número de camiseta (58) que lució, fue su técnico en inferiores y de la primera división.

"Costó convencer a la familia de volver. Pero yo lo necesitaba. Creía que era el momento de hacerlo y acá estamos, ya más acomodados, con los dos varones jugando al fútbol en Newerton de Cruz Alta, mi club de siempre, pero viviendo en Rosario, la ciudad que me proyectó al fútbol desde Newell’s", contó Darío con la tranquilidad de sus 41 años cumplidos el 17 de enero de 1969.

Claro, ahora le llega el momento de demostrar que tenía razón en volver y eso será ante la primera chance que lo seduzca, que dificilmente sea en un equipo del primer nivel del fútbol argentino sólo porque cuesta entrar en la rueda de técnicos y porque "muchos no me conocen".

Eso es cierto en parte, la de sus inicios como DT, porque como futbolista su nombre quedó grabado en los pocos años que jugó en la Argentina. "Es que mi paso fue rápido, sólo tres años en Newell’s y por jugar en la selección", repasa Franco. Aunque esto es por modestia, porque en ese tiempo se destacó al máximo.

"Bueno, sí. Cuando debuté fui subcampeón de la Libertadores con el equipo del Piojo Yudica, después campeón con Marcelo Bielsa y tuve la suerte de jugar y ganar la Copa América en 1991 y 1993 con la selección argentina", resumió Darío.

Eso le abrió las puertas del fútbol europeo y se fue a España, a Zaragoza. En junio del 95, después de la grave lesión que lo dejó afuera del Mundial del 94 (ver aparte), el destino lo llevó a México y aterrizó en Atlas (dos años y medio). Después pasó a Morelia, "donde jugué desde el 98 hasta mayo de 2004, cuando me retiré".

Al poco tiempo dirigió las inferiores de ese club y luego la primera. "Arranqué a mitad de año y estuve cuatro meses y clasificamos a la liguilla. Después fui un año a Tecos y también clasificamos y por último dirigí cuatro meses en Atlas. Ahí cerré el ciclo y por eso decidí volver".

Y ya está acá. Esperando su momento. Tiene armado el equipo de trabajo: "Con mi hermano Hernán (quien también jugó en Newell's del 93 al 98), un preparador físico mexicano y con Marcelo Pereyra, que jugó conmigo en las inferiores de Newell's, y Alberto Gómez, de Cruz Alta" y también las ilusiones de forjar un camino similar al de su etapa como jugador, cuando el Loco Bielsa lo trajo desde su ciudad, el Piojo Yudica lo puso en la primera de Newell's y el Coco Basile lo llevó a la selección.

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