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Domingo, 21 de febrero de 201001:00

Los secretos de un palacio donde cualquiera puede ser Berlusconi

La puerta pasa por demás de disimulada. Atrás, más de cincuenta escalones conducen hasta las entrañas de un palacio que recrea las mejores épocas de la Chicago Argentina, el mote con el que Rosario se hizo famosa en épocas de cafiolos y madamas y que en los últimos tiempos parece retomar impulso. El Palacio de Berlusconi, tal cual su original nombre como tributo al premier italiano que se ha visto involucrado en más de un escándalo sexual, late con ritmo propio en el corazón del centro rosarino y engrosa la lista de sitios que pueblan el mapa del turismo sexual en la ciudad.

Los detalles están muy cuidados. La arquitectura sorprende. Tanto como lo que se puede encontrar al trasponer la entrada por la que quizás se pasó mil veces en la calle con nombre de prócer vinculado a la educación del país. En la pared la inscripción da la bienvenida a los parroquianos. "El Palacio de Berlusconi" reza a metros de la escalera de mármol. Después, mesas redondas y puertas, muchas puertas, detrás de las cuales se puede llegar a descubrir los secretos de las bellas cortesanas que saludan amistosamente.

El primer espacio sirve como recibidor. Desde allí es posible empezar a conocer los distintos rincones del palacio, el nuevo reducto que suma comentarios en internet.

Tres mujeres sirven de anfitrionas. Dos atienden la barra y la tercera calma la ansiedad de quienes llegan y quieren conocer secretos. No falta quien compara al palacio con los lupanares que muestra la película "Ojos bien cerrados", de Stanley Kubrick, protagonizada por Tom Cruise y Nicole Kidman. La arquitectura y decoración del Palacio de Berlusconi nada tienen que envidiarle a la fotografía de ese trhiller erótico.

Por dentro.Camas redondas, colchones rodeados de espejos donde es posible compartir momentos íntimos con una privilegiada platea, un subsuelo con duchas y luces blancas que invitan a volar la imaginación, habitaciones que aparecen detrás de espejos giratorios en los lugares menos pensados, cómodos sillones y una decoración exquisita. El palacio tiene todo esto, y algo más.

Perla aparece en escena y deja ver el rosado tatuaje que asoma a centímetros del hombro derecho. Un piercing al lado del labio le mete una mezcla entre interesante y rea. Coki Debernardis le dedicó alguna vez un tema a Fiona Lyon, una prostituta que lo encegueció. "Baila, baila mujer hermosa", cantaba por entonces el líder de Punto G. El tema parece colarse por las ventanas y sacudir la cintura de Perla, que se mueve como Fiona, que recuerda a escenas de Kubrick, que mete miedo y seducción en los ojos de quienes pueblan los sillones.

No falta quien se adentra con ella a conocer más secretos del palacio. Perla vuelve cuarenta minutos más tarde con la misma sonrisa con la que se fue. Afuera, la puerta sigue sin decir nada. Cincuenta escalones más arriba, los sufridos amantes sudacas del premier italiano disfrutan el reducto. Y el mapa del turismo sexual de Rosario suma otro lugar para visitar.

Tags: la ciudad P04

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