"Argentina es una sociedad enferma", dice Daniel Rabinovich, un integrante de Les Luthiers. Y agrega: "Es un país muy desordenado donde la gente se va de boca y donde ir por mal camino es ser vivo e inteligente. Mi país es muy complicado". De a rato parecemos dementes. Hoy se vive la sensación de que estamos en una guerra. No con armas, sino con bombas de palabras. Basta recordar palabras de la presidente de la Nación días atrás: "No soy genia, si fuera genia haría desaparecer a algunos". El principal deporte en estos días es atacarnos unos a otros. Ver cuál es el dirigente que dice la frase más altisonante. Es que la política argentina de hoy basa su tarea en el concepto y en la estrategia de amigo-enemigo. La política actual se ha escurrido del terreno de discutir propuestas, del que nunca debería haberse ido. Esto ocurre justo en un momento en el que hace falta calma, desarmarnos, contar mucho antes de emitir opiniones altisonantes. Hay que dialogar más. Aunque creo que los argentinos estamos enfermos de yoismo: el " yo, yo, yo" está presente en todas nuestras conversaciones antes del "nosotros". No se reconoce al otro ni en el diálogo ni en la vida. En todos lados (instituciones, grupos políticos, clubes, equipos de trabajo) todos quieren ser el padre de la idea ("yo"). Necesitamos más nosotros y menos yo. Para esto tenemos que aprender a ser tolerantes con los demás. Respetar lo que opinan otros, aunque no sea lo que pensamos. La mayoría escuchó la frase " todos tienen una parte de la verdad", que hoy se ha convertido en una frase hueca, vacía de contenido, porque muy pocos la incorporan a la práctica diaria. En general, queremos ser dueños de la verdad en su totalidad. Esto no es posible. Ninguno puede solo. Construir un país para vivir en común, requiere del esfuerzo de todos y de cada uno. Tenemos que aprender a consensuar. Y tal vez el primer consenso que deberíamos lograr cuando debatimos un tema es que el resultado final es una idea de todos. Estamos viviendo tiempos de ansiedades, apuros, nervios, estrés. Aún así tenemos que empezar a convertir las discusiones de cualquier índole en diálogos basados en el respeto. Parafraseando a Rabinovich, si no cambiamos nos convertiremos en una sociedad "muy enferma", poblada con dementes. No es tarde. Depende un poco de cada uno. Y mucho de nuestros dirigentes. Un ídolo futbolístico, en un país apasionado por este deporte habló, justamente, de las pasiones argentinas. Dijo Marcelo Bielsa (técnico actual de la selección chilena de fútbol): "Los argentinos no tenemos tolerancia y por eso no crecemos".
Gustavo Farroni

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1.
afortunat
10-02-2010 08:41:23 hs
Además ganar en tolerancia, que los de abajo tenemos mucha, hay que eliminar la hipocresía. Macri, De Narvaez hablando de pobres, algo que ellos causaron
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