09-02-10 |
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Reminiscencia del Primer Centenario

Porfirio Díaz, presidente mexicano, invitado por el gobierno argentino a los festejos del Primer Centenario de la Revolución de Mayo y ante el fenómeno cósmico que sucedió el 18 de mayo de 1910, lo tomó como parte de los actos diciendo que dicha conmemoración trajo más cola que el cometa Halley. Esta rareza cósmica, sin quererlo, dio más brillo al Primer Centenario que todas las luces de los palacios de la avenida Alvear, donde resplandecieron todas las representaciones diplomáticas, económicas, culturales y étnicas, preferentemente dentro de las colectividades italianas, españolas y francesas. Francia, representada por Georges Clemenceau, una de las personalidades más destacadas de Europa, cuando llegó a Buenos Aires como enviado corresponsal de, L’Ilustration de París, dijo: "La Argentina es tan rica que progresa por la noche cuando el gobierno duerme". Efectivamente, en el gobierno del presidente Figueroa Alcorta (1906/10) no había DNU y en las arcas del Banco Central había 724 millones de pesos oro. Las líneas ferroviarias llegaron a 7000 kilómetros de extensión y la inmigración alcanzó a 8.000 almas. Al mismo tiempo se compraron los acorazados Moreno y Rivadavia. Entre las representaciones, la infanta Isabel de Borbón, a quien la prensa la describía así: "Reinó en el Plata con su riquísimo vestido de seda gris recamado en oro, con enormes perlas en cinco largas hileras y una diadema de soberbios brillantes". Concentrado el país en demostrarle al mundo que su condición de potencia internacional no había sido fruto de la casualidad. Como los cometas han despertado terror y curiosidad, así también muestran el lado oculto de las cosas. Mientras que la clase alta efectuaba toda ostentación de lujo y placeres, los socialistas, sindicalistas y revolucionarios argentinos inquietaban a las elites políticas y culturales más que los temores al Halley. Aquellos días se mantuvieron sosegados por haber decretado Figueroa Alcorta estado de sitio: hubo acuartelamiento policial y las cárceles estaban atestadas de presos políticos. Es que el año 1910 fue la condensación de las eternas contradicciones de nuestra querida Argentina. Estamos en las puertas del Bicentenario y la incógnita es: ¿qué dejarán escrito para nuestras futuras generaciones los medios, los historiadores y la opinión mundial?

Roberto Linares

linares3@arnet.com.ar

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