Marcada por los festejos, despedidas y los tradicionales encuentros de verano, en esta época del año los hospitales públicos de la ciudad reciben decenas de jóvenes de entre 15 y 22 años en avanzado estado de ebriedad. Esta conducta se percibe principalmente los fines de semana, cuando salen de los boliches bailables y locales de esparcimiento...
Reciclan unas 10 horas por día para llevarse al bolsillo entre 30 y 50 pesos también por jornada, casi la mitad de lo que ganaban hace un año cuando la crisis económica general y la caída del precio del petróleo todavía no los había herido de muerte.
El fenómeno no es nuevo, pero crece y se masifica. Muchos de aquellos que hasta hace poco se mataban con clases aeróbicas, pesas y frenéticos pedaleos comenzaron a optar por disciplinas más tranquilas y descontracturantes. Una slow life, vida lenta y desacelerada, por la que los gimnasios se llenaron de adeptos al yoga...