"¿Alcohol en gel?, no. Agua y jabón y lavandina diluida. Me hago llenar bidones por la cuba desde el brote de dengue. Sobre llovido, mojado", se lamentó Lorena Reichhardt, de 29 años y madre de Tiago, de 13 meses, ambos pacientes del centro de salud Rosello.
A pocas cuadras de allí, en el centro de salud Santa Lucía, de Riobamba 7691, varias madres y sus chiquitos con síntomas de enfermedades respiratorias esperaban ser atendidos. Valeria Miño, de 25 años, estaba acompañada por Derian, de 2.
"¿Es el único?", le preguntó La Capital a la mujer. "No, es el último", respondió con ironía y aclaró: "Tengo dos más grandes que él. Sólo el mayor tuvo los síntomas de la gripe A, mucha fiebre, dolor de cabeza y de garganta, pero enseguida lo trajimos acá y lo medicaron. Está bien, fue una gripe estacional. Por suerte, porque en mi casa el aislamiento es difícil".
Las historias se repiten, tanto en el aspecto socioeconómico como en los cuadros virales de los pacientes: resfríos, bronquitis y fiebre son moneda corriente entre los chiquitos que aguardan ser atendidos.
Por su parte, la jefa de administración del centro, Claudia Gómez, comentó a este diario que el panorama era "sereno" con respecto a dos semanas atrás, cuando se llenó la pequeña sala de espera.
"Acá el espacio es reducido y no podemos armar un consultorio febril, entonces tratamos de que la gente se quede sentada apenas entra, que no circule, y nosotras mismas les tomamos la fiebre. Han sido días difíciles, pero no hubo desborde de humores ni de atención", contó la empleada.

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