“Tengo taquicardia cada vez que voy a la obra social para tramitar algo
para mi hijo”, dice María de los Angeles Sánchez. Hace una década que lucha para conseguir
los tratamientos que necesita su pequeño de 10 años, que nació con síndrome de Down y trastornos en
el esófago. Se alimenta a través de un tubo gástrico, tiene complicaciones cardíacas y pulmonares.
A las 13 horas de vida lo operaron por primera vez. “Los médicos
me dieron pocas esperanzas, pero mientras estaba internado me miraba como diciendo «quiero
vivir»”. Tuvieron que ponerle un botón gástrico para que se alimentara. Y María de los
Angeles, que se enfermera de terapia de niños, se encargó de cuidarlo. “Creo que mi profesión
me fue preparando para poder ayudarlo, porque él también sufre fuertes espasmos que requieren la
aplicación de oxígeno”.
Los problemas con la obra social (Iapos) comenzaron cuando al nene se le
indicó que debía comenzar una rehabilitación para poder empezar a hablar.
“Me decían que no correspondía, me pedían papeles y siempre
faltaba algo”, cuenta la mujer, agotada de sólo pensar por lo que tiene que pasar cada vez
que se enfrenta con la obra social. “Te cansan para que no vayas más, para que no luches,
pero en mi caso no va a pasar, porque ante el amor de madre nada se interpone”, remarca.
Maltrato. “Ir a la obra social es horrible, no sólo porque lo único que te dicen es «no»,
sino porque además te maltratan y no entiendo por qué”, asegura María de los Angeles, que
hasta sufrió una úlcera sangrante por los trastornos que le supone la lucha burocrática para lograr
que su hijo siga
vivo.
Hace cuatro años, agotada y sin fuerzas, una amiga le aconsejó recurrir
a la Justicia. Presentó una medida cautelar que hasta el momento no se resolvió, pero la obra
social fue intimada a empezar a cubrir los tratamientos. Sólo así, su hijo comenzó a tener la
atención de fonoaudiólogos, psicólogos y kinesiólogos. “Aprendió a decir algunas palabras:
mamá y te amo”, dice emocionada María de los Angeles.
Público vs. privado. Ella trabaja en un hospital y ve las diferencias. “Ahí se le da
contención a los padres, medicamentos a los niños, pañales y hasta ropa”, dice. Asegura que
no pasa lo mismo en el ámbito privado. Hace una pregunta que no tiene respuesta: “¿Por qué
tengo que atravesar tantas dificultades si trabajo y tengo obra social?”. Cubre turnos
rotativos, por lo que trabaja de noche y de día ya que es el sostén de su casa. Y tiene una hija de
21 años que la ayuda a cuidar al nene.
“Es un chico feliz, me abraza, me besa y siempre está contento,
¿cómo no voy a pelear por él?”, dice y sin dudar subraya: “Me podrán poner todos los
obstáculos, pero no voy a bajar los
brazos”. l

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2.
Vengador
06-12-2009 11:04:53 hs
Obras sociales que no sirven mas que para pagarles sueldos a unos cuantos jefecitos burocratas deberian desaparecer. ¨Bandidos¨
1.
claudiogal
06-12-2009 10:53:19 hs
Te felicito Maria de los Angeles,eso nos demuestra que hay dos tipos de sociedades,la tuya y la de los burocratas(HdMP).Sigue adelante,suerte
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