Uno de los casos más complejos que hoy trabaja el Centro de Desarrollo e Investigación en Tecnologías Especiales (Cedite) es el de Alejandro Meneses, un joven salteño de 20 años que nació con parálisis cerebral, que entre otras dificultades hace que sus músculos se vayan atrofiando con el tiempo. Si bien pudo empezar a caminar, de a poco fue perdiendo fuerzas. Hoy está atado a una silla de ruedas. Escucha y ve con precisión, pero sólo mueve la muñeca y un dedo. Con esos recursos está transitando el segundo año de ingeniería en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) gracias a un sistema desarrollado en la misma universidad.
Alejandro no habla. Llegó al Cedite porque sus padres, que vinieron de Salta, buscaron la forma de que su hijo pudiera seguir desarrollándose. Así llegaron a la UTN y conocieron al director del centro, José Luis Albano. "Después de muchos estudios pudimos ver que con su dedo podía manejar un teclado virtual a través de un software especial", explicó el especialista. Gracias a ese sistema, el chico de 20 años hoy es un alumno con promedio 8,25.
Viaja tres veces por semana desde la zona oeste junto a Pedro, su papá. En clase, con su computadora, Alejandro escucha, toma notas con el teclado virtual que aparece en la pantalla y pide a alguno de sus compañeros que saque fotos al pizarrón con el celular para luego bajar esas imágenes a la PC.
"¡Quiero estudiar!". La frase se lee en la pantalla de la computadora de Alejandro cuando se habla del esfuerzo que debe poner cada día para asistir a clases. Aunque los gestos de su rostro son parcos, el chico se expresa apretando con el dedo el mouse: "Estudiar da futuro", escribe. Se proyecta y sabe que no siempre estarán sus padres. Es consciente de que si termina la carrera podría dedicarse a la programación, tener un sueldo y pagarle a una persona para que lo cuide. Conoce su incapacidad, pero también su capacidad.
Con la notebook chatea, diseña páginas web, utiliza programas para dibujar, hace planos y, sobre todo, habla con su papá, mamá y amigos. Está integrado en la comunidad de Testigos de Jehová y allí se reúne con jóvenes, va al cine y los domingos se levanta a las 7 de la mañana para salir a predicar.
Antes de terminar la nota con LaCapital quiere dejar un mensaje para los lectores y escribe en la compu: "Yo siempre doy gracias a Dios por la vida que me da a mí y a mis padres. Y agradezco a la facu por la ayuda que me da. Daré más gracias de corazón si alguien me da una mano con la vivienda, ya sea la municipalidad o quien pueda".
El grito de auxilio se lee entrelíneas. Sabe que si sus padres no pueden seguir pagando el alquiler, deberán volver a Salta y entonces no podrá seguir estudiando (ver aparte).
El empeño, la fuerza y el ardor de Alejandro se escuchan aunque él no diga nada. También a través suyo se adivina el heroísmo de unos padres que luchan con esfuerzo por la vida de un joven que, sin su apoyo, no hubiera llegado a ser un estudiante universitario.

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