ATE
Domingo 17 de Septiembre de 2017

Según el Indec, el salario mínimo debería triplicarse para cubrir la canasta básica

Según un relevamiento elaborado por trabajadores del Indec, el piso salarial debería triplicarse para cubrir la canasta básica.

Para satisfacer las necesidades de una familia tipo el salario mínimo debería triplicarse. Así se desprende del último informe de la junta interna de ATE-Indec, presentado en Rosario a mediados de agosto: mientras que el Consejo del Salario fijó el piso en 8.860 pesos, para los trabajadores del organismo estadístico oficial un hogar constituido por una pareja con dos hijos menores necesitó 24.312,80 pesos en julio para cubrir una canasta de bienes y servicios básicos.

De acuerdo a la estimación de los trabajadores de ATE-Indec, ese salario de 24.312,80 pesos se compone de 7.621,30 pesos, que corresponden a una canasta alimentaria mínima, y 16.691,50 pesos, que incluyen otros bienes y consumos mínimos.

Según reconocen desde el gremio, el relevamiento pretende funcionar como un GPS de la discusión paritaria: una referencia para sindicatos y movimientos sociales sobre cuál es el ingreso que debería reunir una familia para cubrir sus necesidades.

En la presentación del trabajo en Rosario, realizada en la sede local de ATE, participaron Raúl Llaneza y Fabio Peñalva, miembros de la junta interna de ATE-Indec, y la secretaria de Formación Nacional de la CTA-Autónoma, Cynthia Pok. Allí los dirigentes sindicales subrayaron que la canasta en cuestión es diferente a la que se utiliza para medir la pobreza —que se ubicó en el 30,3% en el segundo semestre de 2016— y que ambas metodologías son diferentes pero compatibles entre sí.

En efecto, la canasta de la junta interna de ATE-Indec incluye algunos productos y actividades más que la canasta básica -como una salida por mes a comer pizza y tomar una cerveza- pero sobre todo desmenuza con mayor precisión la problemática del alquiler.

De todas maneras, aclararon que no se trata de una canasta óptima, ya que su conformación requeriría un amplio debate social sobre cuáles son las referencias de aspiración de consumo.

Además, en la actividad los gremialistas analizaron la situación del fragmentado del mundo del trabajo. Llaneza planteó que en los últimos 20 meses debido a la devaluación, la inflación y los tarifazos los trabajadores del Estado perdieron 32 mil pesos. "Son más de dos salarios", calculó.

En tanto, Pok señaló que en materia de empleo existe "un estancamiento".

"Hay pequeños movimientos, que son punta de lanza de procesos; los despidos muestran una dirección, pero no cambia sustancialmente la situación", evaluó.

En este sentido, la especialista sugirió seguir de cerca la evolución de la tasa de desocupación junto a la de actividad y empleo. Una caída del desempleo podría encubrir el llamado "efecto desaliento": al no poder insertarse laboralmente, las personas abandonan la búsqueda de trabajo.

De todas maneras, Pok remarcó que la crisis del empleo no castiga a todos por igual: la desocupación trepa al doble que el promedio entre los jóvenes, y perjudica especialmente a las mujeres. "El mito ni-ni es perverso", calificó.

También puso la lupa sobre la distribución del ingreso: destacó que el 70% de los trabajadores gana menos de 15 mil pesos, y estimó en base a estudios del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (Ippyp, dirigido por Claudio Lozano) que de cada 8 horas y 22 minutos que trabaja una persona con 2 horas produce su sustento y las 6 horas y 22 minutos restantes constituyen el excedente empresario. "Con 7% de ese excedente se cubre la brecha de la pobreza", resaltó.

En este marco, Pok cuestionó "el mito de que hay que crecer para repartir; es al revés, no hay que esperar los brotes verdes".

Por su lado, Pok se explayó sobre las transformaciones en el mundo del trabajo. "Se acabó hace rato el modelo del asalariado típico", sostuvo y explicó: "Argentina dejó de ser un país industrial, la mayoría de la población está en las pymes, se expandió el cuentapropismo de subsistencia, que es la parte más degradada de la clase".

En una fase de reflujo, indicó, "la patronal impone condiciones de inserción más débiles", basadas en "la precarización, la flexibilización, la intermediación y la externalización".

A su turno, Pok opinó también sobre la normalización del Indec. Como los otros integrantes de la junta interna, en su balance el foco se desplaza de la conducción del organismo a la pelea de los trabajadores y a la función social de la información: "Recuperar las estadísticas es recuperar la palabra del pueblo. Cientos de miles de hogares argentinos nos han contado su situación, y nosotros transformamos eso en números. Hablamos de pobreza, y vimos chicos comiendo en las palanganas con los perros. Debemos preservar lo que el pueblo nos ha dicho".

Sobre este punto en particular, La Capital dialogó con los miembros de la junta interna acerca del trabajo en el Indec en la era post-intervención.

—¿Existe información de la época de la intervención que sea recuperable y se pueda "limpiar"? ¿O ya está perdida?

—Cynthia Pok: Se hicieron análisis, revisiones técnicas, y esa información tiene muchas falencias: muchas de ellas son voluntarias, otras son por descuido. Por mi conocimiento de haber sido denunciante de la intervención de las estadísticas públicas y estar comprometida con su recuperación, y también como usuaria de la información en mi rol como secretaria de Formación de la CTA-Autónoma e integrante de ATE puedo decir que es muy difícil mirar retrospectivamente la información. A un adulto no se le puede decir: "Vení que te voy a sacar la foto de tu primera comunión"

—¿Todos los indicadores estaban manipulados por igual?

—Raúl Llaneza: El primer insumo fundamental de la estadística pública es la confianza en el dato. Cuando salimos en 2007 por primera vez contra la intervención política y el desplazamiento de la doctora Bevacqua y parte del equipo del Indice de Precios al Consumidor (IPC) sabíamos que iba a generar en la sociedad una repercusión, estábamos denunciado que el dato no era real. El dato que se utilizaba en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) tuvo una suerte de contaminación de datos que toman el IPC.

—Fabio Peñalva: Es un sistema estadístico: al tocar una variable modificás otra. Por ejemplo, si tirás el IPC para abajo menospreciás la pobreza y sobrevaluas artificialmente el PBI. Se hablaba de la mentira patriótica, de tocar los índices por los bonos, pero nadie hablaba de los bonos PBI: ahí también hubo manipulación en la información o se vició el sistema estadístico.

—¿Qué sucede en particular con la EPH?

—CP: Se logró reconstituir un equipo a partir de nuestras organizaciones, y estamos controlando todo el proceso. Ahora estamos en una etapa muy particular, porque también nos tocan las generales de la ley: ha habido despidos, como en otras áreas del Estado. Sustituciones, contrataciones por un lado y despidos por el otro; es complicado.

—¿Cuáles son las condiciones de trabajo actuales en el Indec? ¿Se diferencian de las que existían en el período anterior?

—FP: En esta nueva etapa hemos podido recuperar nuestros instrumentos de trabajo, sobre todo en los programas donde fue más virulenta la intervención, como la EPH. Mejoraron los equipos técnicos de trabajo en el caso de la Encuesta Permanente de Hogares y en el IPC hay 13 compañeros que habían sido desplazados en 2007 y ubicados en el Ministerio de Economía; con esta gestión han regresado a su puesto de trabajo.

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