Economía
Domingo 27 de Agosto de 2017

Relaciones carnales

La nueva versión de las relaciones carnales con Estados Unidos vuelve a transitarse en un solo sentido

La nueva versión de las relaciones carnales con Estados Unidos vuelve a transitarse en un solo sentido. El gobierno de ese país respondió fríamente a la ofrenda que una semana le hizo la administración de Mauricio Macri al vicepresidente Mike Pence: abrir unilateralmente el mercado local a las carnes porcinas norteamericanas, pese al riesgo sanitario que implica la decisión. Poco después, el Departamento de Comercio de ese país impuso aranceles compensatorios a la importación de biodiésel argentino.

Está en juego un negocio de más de 1.200 millones de dólares que impacta, sobre todo a la crema del empresariado más afín al gobierno nacional: el poderoso complejo oleaginoso. El 80% de la producción se concentra en Santa Fe. El producto, un derivado de la misma cadena de procesamiento de soja, ya enfrenta trabas de la Unión Europea, cuyas autoridades utilizaron el mismo argumento que las estadounidenses. Merced a una demanda que se inició con el gobierno anterior, la Organización Mundial de Comercio (OMC) falló recientemente a favor de la Argentina, que espera todavía que la medida se ponga en práctica.

En ambos casos, son muestras de la extraña reciprocidad del "mundo" al cual el gobierno de Mauricio Macri se quiere abrir sin cortapisas. De hecho, también hay dictámenes internacionales a favor del ingreso de carne vacuna y limones al mercado norteamericano. Y sin embargo, como señal para agilizar el cumplimiento de estos compromisos es que el gobierno entregó el mercado de la carne porcina. "Para vender hay que poder comprar", aleccionan los funcionarios locales en los foros domésticos, mientras las contrapartes comerciales les dan palmadas en la espalda y luego hacen lo que quieren.

Este y otros paradigmas ideológicos lubrican una política económica que produce, entre sus resultados, el mayor déficit comercial desde 1994. El estancamiento exportador, pese a la megadevaluación de 2016, y el fomento de las importaciones derriban las industrias nacionales, como siguió ocurriendo en Santa Fe luego de las Paso. Pero también alimentan un agujero en las cuentas externas que se potencia con el endeudamiento y la fuga de capitales.

Mientras el gobierno nacional muestra brotes verdes nacidos apenas de entelequias estadísticas, las cifras que se conocieron esta semana en relación a la economía tienen que ver con este preocupante combo del frente externo: hacienda informó un aumento del 19% del déficit financiero de las cuentas públicas, explicado en buena medida por la suba de 230% en el pago de intereses. Los servicios de la deuda ya insumen casi lo mismo que la ejecución de gastos de capital. El Indec informó que el rojo comercial fue de 3.255 millones de dólares en siete meses. Y el Banco Central señaló que en julio las compras de dólares por parte de particulares batieron llegaron a 3 mil millones y acumularon 18 mil millones en lo que va del año.

La restricción externa, que obligó al gobierno anterior a implementar restricciones cambiarios, se agiganta como una amenaza que, por ahora, sólo es amortiguada por los dólares que ingresan de la deuda y por la bicicleta financiera. El origen del agujero ya no es el intento de sustitución de importaciones sino el financiamiento de la fuga de divisas. La calificadora S&P advirtió en la última semana sobre la insostenibilidad de este esquema. Fue apenas una mueca en el mar de sonrisas del Consejo de las Américas, una tertulia ultravip en honor a quienes hacen lo que está haciendo al gobierno de Mauricio Macri. En ese foro, el jefe del FMI para el Hemisferio Occidental, Alejandro Werner, se deshizo en elogio al programa económico nacional. También reclamó, como todos los contertulios, profundizar la flexibilización laboral, la rebaja de impuestos a las empresas y el aumento de la edad jubilatoria.

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