Economía
Domingo 02 de Abril de 2017

Los brotes verdes de la economía no florecen y crece la tensión social

En un clima caldeado por la estigmatización de la protesta social, un ataque criminal acabó con la vida de Jonatan Gardini, trabajador que participaba de una medida de apoyo a un reclamo laboral en San Lorenzo.

En un clima caldeado por la estigmatización de la protesta social, un ataque criminal acabó con la vida de Jonatan Gardini, trabajador que participaba de una medida de apoyo a un reclamo laboral en San Lorenzo. El irresponsable coro de voces que culpó a los manifestantes de su propia tragedia, completó el combo. La polarización política que algunos gurúes oficialistas fogonean como coartada para eludir el conflicto económico y social ya no se despliega sobre un terreno simbólico sino sobre una realidad dramática.

Asociar automáticamente un acto demencial con una posición política es temerario. Usarlo para revictimizar a los agredidos es perverso y sumamente peligroso.

La Gran Tatcher que el gobierno nacional quiere aplicar a los docentes, como caso testigo de disciplina laboral, suena como ingeniosa iniciativa en las reuniones de marketing político y ofrece un discurso agresivo a los fanáticos ideológicos que reemplazaron a los economistas de la city en los debates televisivos. Pero desnuda una limitación: el deterioro que provocó en las condiciones de vida de la mayoría de la población la política económica obligó al gobierno a esconder ese debate y refugiarse en la grieta.

Es habitual que los políticos construyan fantasías para ofrecer en el mercado de opiniones. El gobierno anterior pretendía que destruir el Indec era luchar contra los acreedores internacionales o que pisar el precio del trigo a los productores era combatir la oligarquía. La supuesta pesada herencia, la crisis asintomática, el segundo semestre, los brotes verdes, sobrestockean de falacias al dream team de los CEOs. Bien por ellos si hay quien les compre esos argumentos. Grueso error si ellos mismos se lo creen.

Desendeuadmiento, un mercado interno amesetado pero en un nivel alto, bajo desempleo y programas sociales y redistributivos de probados resultados, forman parte de la herencia que le permitió al gobierno diferir la reacción contra su experimento económico. Mauricio Macri acertó en campaña al prometer que no tocaría los activos acumulados en la posconvertibilidad y se limitaría enmendar sus falencias y desprolijidades. Como era de sospechar, no fue lo que hizo. Cargó contra el empleo y el salario, fogoneó la recesión como elemento disciplinador de la puja distributiva y transfirió ingresos de los sectores económicos más vulnerables a los más acomodados. Hoy enfrenta un problema económico grave, que no estalla, paradójicamente, por la red de protección social que sus intelectuales denuncian como la Argentina improductiva. Es más, debió relanzar programas creados por el demonizado Axel Kicillof, como Procrear y la familia de Ahora 12, toda vez que los bananas del Ministerio de Producción chocaron la calesita del consumo con Precios Transparentes. Estos planes son ahora presentados como el arma secreta para reanimar el mercado de cara a las elecciones. En la lógica oficial, A y No A son idénticos. Por caso, el empleo público, ayer emblema de la "grasa militante" y ahora "virtuoso brote verde" de las malheridas estadísticas de trabajo registrado. O la paritaria, que busca quebrar en la guerra declarada a los docentes, al mismo tiempo que la presenta como herramienta de reactivación en los próximos meses.

Economistas amigables con el gobierno, tal el caso de Miguel Bein, advirtieron desde el corazón de la city que con paritarias del 20% sería difícil recuperar el consumo. Ese es el techo que pretende imponerle a los docentes y que ya transó con algunos gremialistas, como Armando Cavallieri. Es probable que en algún momento de este año las estadísticas de la economía muestren algún signo positivo respecto de la pesada herencia que se autofabricó en 2016. El gobierno y sus analistas auguraban este cambio a fines del año pasado. Como ocurrió con el segundo semestre, ese futuro viene demorado. Pero aun cuando ese dibujo estadístico se presente, quedará el desafío de convertirlo en un alivio tangible. Porque afuera de las "crisis asintomáticas" o de las "reactivaciones que no se sienten", hay un mundo real que demanda un presente.

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