Economía
Domingo 29 de Enero de 2017

La vuelta al mundo en un escenario hostil

El suspenso en la autorización para el ingreso de limones a Estados Unidos, recuerda a los agroempresarios argentinos los rigores del proteccionismo estadounidense.

Quizás en dos meses sea una anécdota. Por ahora, el suspenso en la autorización para el ingreso de limones a Estados Unidos, recuerda a los agroempresarios argentinos los rigores del proteccionismo estadounidense. El mismo que impactó en sus bolsillos durante décadas de guerra de subsidios y aranceles entre ese país y Europa. Ayudas implícitas o explícitas a sus productores, reservas de mercado, cupos, normas técnicas o sanitarias que se eternizan forman parte del compendio de mañas que los países con desarrollo productivo ponen en juego para proteger sus mercados. Nadie los regala, se trate de limones, carne o, en su momento, tubos de acero.

EEUU no es la excepción. La disputa por los aranceles industriales con el sur esclavista no fueron ajenas a las tensiones que estallaron en la guerra civil, que ganó el republicano Abraham Lincoln. Siglos después, es el país que aplica la mayor cantidad de medidas paraarancelarias entre los que integran la Organización Mundial de Comercio. Desde esta perspectiva participan en el proceso de mundialización del capital.

Desde la crisis de 2008, el ritmo de la evolución del intercambio internacional se redujo a menos de la mitad de las tasas preexistentes. El último bienio la expansión fue menor a la del ya ralentizado crecimiento de la economía mundial. No hay ensalada de datos históricos capaz de minimizar el efecto disruptivo de l caída de Lehman Brothers, cuando comenzó a sacudirse una fase específica de la historia de expansión capitalista: el programa de la globalización surgido tras la revolución conservadora, el movimiento que desmanteló el Estado de bienestar luego de que la inconvertibilidad del dólar fracturara el sistema de Bretton Woods.

Las estrategias de salida del colapso de 2008 incluyeron la intervención estatal en la economía, en algunos casos con nacionalizaciones de bancos y empresas, la administración del comercio exterior, el relajamiento de las políticas monetarias y, más tardíamente y en desigual medida, estímulos fiscales a la demanda. Los países desarrollados que más rápido rebotaron fueron los que, como Estados Unidos o Gran Bretaña, menos se apegaron a la ortodoxia. Entre los que siguieron la ruta de la austeridad, penaron menos los que pudieron descargar parte del ajuste en sus deudores. En las principales economías de Sudamérica, la salida fue veloz, de la mano de políticas anticíclicas, integración regional y, sobre todo, la complementariedad comerical con China, que todavía registraba muy altas tasas de expansión.

Este proceso comenzó a moderarse, entre otras cosas, cuando el activismo de la FED aceleró la convergencia global de los costos de la crisis. El comercio mundial y las negociaciones multilaterales para expandirlo quedaron golpeados en un mundo sobreofertado, en el que las negociaciones regionales comenzaron a ganar terreno y en el que se abrió una disputa por la distribución de las cadenas globales de valor. La lluvia de dólares baratos amainó con el repliegue del programa de expansión monetaria estadounidense, los precios de los commodities bajaron un par de escalones y el mundo se puso más hostil para países como la Argentina. Esto no empezó con Trump. Este marco condiciona a la economía local al menos desde hace tres años. Cambió la forma de encararlo, con el nuevo gobierno apostando a "regresar al mundo" por vía del reendeudamiento, la desregulación externa y la apertura comercial. Que es la discusión que aflora estos días.

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