Economía
Domingo 04 de Junio de 2017

La economía y el Síndrome de Estocolmo en las relaciones laborales

Un ejemplo laboral se encuentra cuando bajo determinadas circunstancias temporales o geográficas los empleadores asumen posturas abusivas y amparados en eso, sus colaboradores acaban solidarizándose con sus empleadores.

Era Agosto de 1973 cuando un tal Jan Erik Olsson perpetró un robo en Banco de Crédito Estocolmo (Suecia). En su raid delictivo y al verse acorralado por las fuerzas de seguridad, tomó a varios empleados del banco como rehenes para su negociación. Tenía altas pretensiones para negociar su entrega y bien las hizo valer en su momento.

Lo novedoso del caso fue que los rehenes finalmente terminaron "protegiendo" al raptor para evitar que fueran atacados por la policía. Durante su cautiverio, una de ellas afirmó que «no le asusta Clark ni su compañero, sino que más temor le generaba el accionar de la policía», cuenta la historia cuenta luego de la liberación.

El psiquiatra Nils Bejerot, asesor de la policía sueca durante el asalto tomó esta situación como caso testigo para lo que luego fuera descripto como Síndrome de Estocolmo para referirse a la reacción de los rehenes ante su cautiverio.

Un tiempo después, en febrero de 1974 la nieta del magnate William Randolph Hearst, fue secuestrada por el ejército Simbionés de Liberación (grupo de guerrilla urbana surgido en California en 1973). Dos meses después de su liberación, la mujer se unió a sus captores y reforzó la popularidad al término de "Síndrome de Estocolmo". El término ganó relevancia al punto que se puede aplicar a tu economía.

Pensalo en términos de finanzas personales. La economía argentina te obliga a ser "economista y equilibrista" full time. Los permanentes desafíos que genera el entorno económico hostil te posiciona en un lugar en que los errores se pagan caros. Por ejemplo y en términos de inflación, quienes no buscaron alternativas para que su dinero rinda el último año, el esfuerzo e ingresos perdieron en promedio un 40%.

Cuando estas situaciones nos afectan, quienes tienen la fortuna de contar con información calificada o asimétrica (uno sabe más que el otro y lo hace valer) generan ventajas sobre quienes no la disponen y son damnificados. Si bien no todo en economía es suma 0, las desventajas de acceso a la información tienen altos costos.

Un ejemplo laboral se encuentra cuando bajo determinadas circunstancias temporales o geográficas los empleadores asumen posturas abusivas y amparados en eso, sus colaboradores acaban solidarizándose con sus empleadores asumiendo que aunque malo conocido, es lo mejor que les puede suceder consagrando la sumisión.

La economía en "negro" que nos afecta desde hace décadas (hoy supera el 30%) es otra forma de sometimiento. Cuando aquel agente económico (empleado en relación laboral) trabaja para una organización que sostiene su estructura con evasión no tiene acceso a mecanismos de financiación o créditos adecuados, debe acceder a canales alternativos altamente costosos y marginales.

La famosa Forestal (The Forestal Land) fue quizás uno de los ejemplos autóctonos mas ajustados a la concepción de la usura y la expropiación al punto de ofrecer además un monopolio de abastecimiento a quienes aportaron todo su esfuerzo físico.

Y de la historia económica muchas veces no logramos extraer las enseñanzas y capitalizar los errores, los que muchas veces los volvemos a cometer pagando las consecuencias. Los ejemplos en el plano político como en la dirigencia toda son, el Síndrome de Estocolmo en su más pura versión. Los abundantes modelos de adhesión por el simple afán de pertenencia (gremios, sindicatos, clubes, partidos políticos) generan una incondicionalidad que se transforma en fanatismo con costos infinitos y sin sustancia.

Si en tu economía gastas más de lo que generás, te vas a endeudar. Si quieres vivir una realidad que no está acorde a tu situación de ingresos o generás mayores ingresos (trabajas más y mejor) o ajustás tu gasto. No será culpa de quien te presta sino de tu fantasía de creer que en economía los dislates no se pagan.

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