Economía
Domingo 02 de Julio de 2017

La distribución de la riqueza entre los modelos de mercado y Estado

La distribución de la riqueza por decreto es uno de los temas que más distorsiones dialécticas se construyen generando una división injustificada desde la lógica económica

"Ojalá que las cosas cambien...", es una frase tan recurrente como habitual. Parece que en América latina hemos optado hace muchos años por delegar la responsabilidad de nuestros destinos económicos y sociales a líderes carismáticos que bajo la bandera del populismo tomaron el poder y fueron confundiendo a la gente sobre los valores centrales sobre los que gira la economía y el progreso.

La distribución de la riqueza por decreto es uno de los temas que más distorsiones dialécticas se construyen generando una división injustificada desde la lógica económica, otorgando un inútil y letal argumento a la postura pasiva victimaria de los que menos tienen, como si la responsabilidad de forjarnos el futuro dependiera de terceros y no de nosotros mismos.

No es novedoso que en pleno siglo XXI se ofrezcan alarmantes números de pobreza. Sobre una base de 7.500 millones de seres humanos, unos 930 millones están desnutridos, 2.300 millones sin acceso a medicina básica, 1.270 sin agua potable, unos 1.600 millones sin electricidad, otros 890 millones analfabetos, y las estadísticas siguen. Cierto es que hay valores irrefutables como: a) la vida humana y su valor objetivo que tiene que ser protegida; b) que cada persona tiene la responsabilidad sobre su propio destino. Ambos son principios básicos sobre los que rigen las bases y condiciones de la dignidad e independencia humana.

Emergen así dos modelos que en tensión permanente pugnan por la libertad y la igualdad.

El modelo de mercado, con actores libres y un Estado que solo debe corregir ineficiencias del mercado, evitar abusos, marcar la cancha en términos futbolísticos. Los mercados y países desarrollados claramente optaron por este mecanismo rector.

El modelo intervencionista, con un Estado que asume el mando en todo sentido, brinda servicios que privados no ofrecerían y se promueve un modelo patriarcal. El Estado "nos debe" (salud, educación, vivienda, seguridad) solo que alguien debe pagarlo. Los países latinos en mayoría optaron por este formato.

Los modelos jamás son puros. En la economía real hay un mix permanente. En Argentina por momentos prevalece un modelo, luego otro, como si fueran golpes de timón viramos 180º las ideologías, buscando un rumbo que genera inestabilidades, intervenciones y un alto costo social. En términos de credibilidad nos sale caro, muy caro.

Para que funcione el modelo de mercado hay condiciones que deben cumplirse: 1) información perfecta, 2) competencia perfecta, 3) derechos de propiedad claros, 4) una justicia activa que los garantice. En las condiciones previas la intervención y existencia del Estado es clave, solo que es necesario determinar cuál es la justa medida de su existencia.

¿Pero cómo se distribuye esa riqueza?

El Estado debe estimular vía política y regulación que los empresarios sean una generación en franco crecimiento, fomentando las inversiones productivas, morigerando la presión impositiva a niveles razonables y no confiscatorios, asi como también premiando a que todos nos involucremos en la producción. En términos claros, que te cueste caro no producir. El ser humano se mueve por estímulos.

La riqueza o renta se distribuye según enfoques: a) geográficos – en función de las regiones que aportan; b) funcional – a partir de la industria o sector que la genera. En términos gráficos lo vas a ver en la famosa "Curva de Lorenz" y su Coeficiente de Gini (es un índice que mide la desigualdad de una distribución, en economía utilizado para medir la distribución del ingreso. Es un número entre 0 y 1 donde 1 es la distribución perfecta).

La evidencia mundial indica que existe una fuerte correlación entre la: desigualdad distributiva, el nivel de presión impositiva y el tipo de política fiscal de los gobiernos. Los países "centrales" con mayores niveles de desarrollo tienen Estados más chicos y eficientes, con menos gastos improductivos que les permite una menor tasa impositiva y liberar ingresos al mercado de la producción e inclusión derivada. Esta es, la mejor forma de incorporar capital humano a la distribución justa y equitativa de la riqueza.

Se ha forjado la idea que el capital es dañino a la sociedad y hay que combatirlo. Mi pregunta es ¿qué genera riqueza entonces?

Los países que lideraron la revolución industrial (1760-1830) lo hicieron junto a la maquinaria (capital) quien además del sostenido crecimiento económico fomentó: a) inclusión de mano de obra, b) reinversión de capital, c) incorporación de nuevas tecnologías y d) demandó de instituciones pro-desarrollo, leyes que facilitaron el establecimiento de empresas, forjando costumbres productivas activadas por esta inercia.

Cuando en los discursos políticos se habla de redistribución de la riqueza se trata al empresario hasta con desprecio, como si fuera el causal de los daños que aquejan a la economía. El empresario genera empleo, paga los impuestos (no todos) de los que se alimenta al Estado, fomenta tecnologías, incluye, invierte y junto a su equipo genera riquezas que luego se distribuyen. Fomentarlos en el mundo de vanguardia dio resultados.

¿Qué dice la teoría sobre la renta?

La renta es una función directamente proporcional a la productividad y esta a su vez, de las capacidades de generarla, de la tecnología, del capital físico, del trabajo incorporado, de los recursos naturales, de las leyes, etc.

Quizás sea un momento de cambios en la argentina, que lejos de penalizar a quienes tienen la iniciativa de emprender, de asumir el riesgo y de generar valor agregado para luego distribuirlo, sea nuevamente el eje central sobre el que gire la economía. Con herramientas de formación, con estímulos a la inversión, con un Estado que sea un facilitador y con un capital humano que comprenda que la mejor inclusión es la producción y no la dádiva, el asumir el protagonismo y no esperar del Estado las respuestas.

Fueron muchos los años en los que el eje de discusión fue la re-distribución de riquezas y no la generación de ella. El modelo de Robin Longstride (Robin Hood) se impuso durante décadas formando ideas equivocadas sobre el empresario maligno y un Estado patriarcal al que todos pagamos. Revertir esta situación llevará años de coherencia, esfuerzos y compromiso de todos. Generar riquezas es una filosofía social, no solo un acto económico.

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