Economía
Domingo 16 de Abril de 2017

En la calle y en el Banco Central, la era de los halcones

El endurecimiento de la política monetaria coincide con el endurecimiento de la política represiva. El gobierno busca suplir la falta de resultados económicos con extremismo político.

El gobierno de Mauricio Macri debutó con los palos a los pocos días de iniciar su mandato, cuando cargó contra los trabajadores de Cresta Roja que luchaban por su reincorporación. Quince meses después, cruzó otra línea con el desalojo intimidante de los obreros de AGR que resisten los despidos del grupo Clarín y la golpiza a los maestros que reclaman un aumento salarial que no esté por debajo de la inflación..

Es difícil encontrar entre estos trabajadores que pelean para no perder su empleo y/o poder adquisitivo a los destituyentes o vagos que denuncian los funcionarios del Ejecutivo nacional, raramente envalentonados por una marcha que difícilmente puede competir en overoles con las multitudinarias protestas sociales de marzo y abril.

Lejos de la estigmatización que propone el relato oficialista, esas protestas que se multiplican en las calles involucran obreros suspendidos o despedidos de empresas bien conocidas, que luchan por seguir trabajando, y empleados de todos los sectores que resisten una política explícita de reducción del salario real y precarización de las condiciones de trabajo.

No se trata de una percepción. Los números oficiales y privados hablan claramente de la suba del desempleo y la pobreza, la pérdida de salario real, la debacle industrial y la caída del consumo popular. Y para no dejar dudas, está la colección de declaraciones impiadosas de funcionarios y economistas oficialistas, que desde diciembre de 2015 encadenaron un expreso programa de "corrección" del nivel de ingresos y consumo de la clase trabajadora.

Este programa entró en una nueva fase con la decisión del nuevo superministro Federico Sturzenegger. El titular del BCRA subió la tasa de interés con el argumento de contener una inflación que, pese al relato oficial, no logran domesticar. En el modelo económico actual, cualquier emprendimiento productivo sólo puede competir con la fenomenal bicicleta financiera que se ofrece como negocio, en base a una baja de salarios. La recesión y el desempleo se profundizarán como contracara de las ganancias financieras y la fuga de dólares.

El endurecimiento de la política monetaria coincide con el endurecimiento de la política represiva. El gobierno busca suplir la falta de resultados económicos con extremismo político. Relanzó así su "batalla cultural" contra una clase trabajadora que entiende vive por encima de lo que debe y la disfrazó con la ilusión de una guerra ideológica contra sus antecesores.

Con Sturzenegger como guardián de la Fe económica y los Bullrich como cruzados del ajuste y la espada, el oficialismo viraliza una lógica de confrontación que, irresponsablemente, se convierte en el caldo de cultivo de "lobos solitarios" que atacan las concentraciones de los trabajadores. Hubo tres ataques con vehículos en menos de un mes en el Gran Rosario, con el saldo de un muerto y dos heridos.

En este clima de tensión, el imperativo de racionalidad se desplaza lejos de un oficialismo que se afinca en su núcleo duro. Fue relevante la decisión de los docentes de cambiar su forma de lucha, para esquivar la emboscada tendida por los gobiernos nacional y de la provincia de Buenos Aires. También a condena a la represión por parte del gobierno santafesino, que quizás . debería completarse con un llamado de atención de los legisladores provinciales a los pares que avalaron la represión.

Hace 30 años un grupo de militares se sublevó en Semana Santa contra el gobierno de Raúl Alfonsín, para exigirle que frenara los juicios contra los autores de delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura. Las plazas del país se llenaron de manifestantes en defensa la democracia, que en ese entonces de verdad estaba en juego. Muchísimos fueron encolumnados en banderas de la mayoría de los partidos políticos y sindicatos. Orgullosos de su identidad y sin disfrazarse de apolíticos, enfrentaron una sublevación que tuvo entre sus protagonistas a un funcionario estrella del gobierno.

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