Economía
Domingo 23 de Abril de 2017

Empleo, un campo de disputa en el modelo económico del gobierno nacional

Pese al optimismo oficial, el mercado de trabajo no repunta. Al impacto de la recesión se suma un cambio en la estructura económica

Como un mantra, el presidente Macri y los principales funcionarios del gobierno nacional insisten con que se está creando empleo. Sin embargo, las mismas estadísticas oficiales reflejan un panorama con más sombras que luces. El trabajo total rebotó en el segundo semestre pero se alteró su composición: hoy el sector privado registrado tiene 70 mil puestos menos que en noviembre de 2015 y crecieron los empleados públicos y los monotributistas, que según los especialistas, podrían camuflar situaciones de desempleo.

Además, desde consultoras y centros de estudios alertan que las ramas ganadoras del modelo _como agro, minería y finanzas_ no son mano de obra intensivas y advierten que para recuperar los trabajos perdidos el año pasado y acompañar el crecimiento demográfico de 2016 y 2017 se deberían crear unos 180 mil nuevos puestos de trabajo.

Una meta que consideran inalcanzable, teniendo en cuenta la caída libre de la industria y las dificultades de la mayoría de los sectores de actividad.

En plena ofensiva de la primera plana de Cambiemos contra el paro general del 6 de abril el ministro de Trabajo de la Nación, Jorge Triaca, planteó en una entrevista al diario La Nación que se habían generado en el corto plazo "alrededor de 88 mil puestos de trabajo".

En efecto, de acuerdo al Observatorio del Empleo y Dinámica Empresarial _dependiente de la cartera laboral y que se basa en la información del Sistema Integrado Previsional Argentino (Sipa)_ entre junio de 2016 y enero de 2017 (último dato disponible) se incorporaron 91.017 personas al universo de los trabajadores formales, que pasaron de 11.956.067 a 12.047.084. Esto incluye a aquellos que trabajan en blanco en el sector privado, el Estado, en casas particulares, y a los independientes: autonónomos, con monotributo o monotributo social. Y deja afuera a los trabajadores en negro, que según el Indec representaron en el cuarto trimestre de 2016 el 33,6 por ciento de los asalariados.

No obstante, Triaca recurrió a una "picardía" metodológica. Como resaltan los especialistas, el ministro reemplazó en su argumentación los datos de serie sin estacionalidad _limpia de variaciones cíclicas de un momento específico del año_ por la serie con estacionalidad, una foto que suele favorecer en el segundo semestre al gobierno de turno.

Julia Strada, licenciada en Ciencia Política e investigadora del Centro de Economía Política Argentina (Cepa) destaca que "en general en todos los años a partir de octubre y noviembre se cuentan 20 ó 30 mil trabajos nuevos en cada mes por colocación de empleo temporal: trabajo rural por cosechas específicas y turismo y gastronomía".

Por el contrario, en la serie sin estacionalidad el crecimiento del segundo semestre es menor: 66.839 trabajadores nuevos, de 11.969.140 a 12.035.979.

Pero como advierte Daniel Schteingart, sociólogo e investigador del Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET-Umet) el empleo en Argentina "todavía está muy por debajo de noviembre de 2015". Esto se debe a que en el mes anterior al recambio presidencial se contaban 6.251.783 personas con trabajo registrado en el sector privado y en enero de este año 6.182.328: 69.455 menos.

Esto, a pesar de que a mitad de año la economía y el empleo tocaron fondo. Es que el rebote del segundo semestre fue suave: entre junio y enero sólo se sumaron al empleo privado registrado 11.965 personas.

En la misma línea, María Laura Cali, directora ejecutiva de SEL Consultores, alerta sobre "un fuerte recorte en dotaciones" de personal. Cali complementa la información macro con datos de una encuesta que realizó SEL a 900 empresas de todo el país. La muestra incluyó 100 grandes empresas, 450 pymes y 350 microempresas, que reconocieron ajustes netos en su plantilla de 6, 10 y 15 puntos respectivamente en 2016.

De acuerdo a Cali se trata de un proceso de mediano plazo: "La acentuada incidencia de recortes en las dotaciones no es nueva, en 2015 llegaba a un 28 por ciento de las compañías y en 2014 al 30 por ciento". En el primer trimestre de este año "la tendencia se sostiene", agrega.

Contabilidad creativa

Entonces, si se achica el empleo privado, ¿Cómo se explica el incremento de los trabajadores registrados?

En primer lugar, por el empleo público. Según el Ministerio de Trabajo en diciembre de 2015 trabajaban en el Estado _en sus tres niveles_ 3.459.183 personas, y un año después 3.490.056; 30.873 más, que representan un 0,9 por ciento.

En rigor, el grueso de las incorporaciones corresponde a los estados subnacionales. Las provincias sumaron 21.603 empleados y los municipios 10.706. Un incremento del 0,9 por ciento y del 2,4 por ciento, respectivamente.

A pesar de la retórica antiestatista del elenco gobernante, el Estado nacional recortó su plantilla sólo un 0,2 por ciento (1.436 personas) en un año. Después de los despidos de comienzos de 2016 _que dieron luz verde al sector privado para despedir_ la administración pública nacional empezó a sumar personal, hasta casi llegar al nivel que tenía cuando se prendieron las luces en la supuesta fiesta populista. El eyectado Alfonso Prat-Gay podría decir que el macrismo quemó "grasa militante" y ganó músculo PRO.

En segundo lugar, se incorporaron al universo formal 61.563 monotributistas. En noviembre de 2015 eran 1.807.902, entre monotributistas "puros" y los monotributistas sociales; en la actualidad son 1.869.465, entre ambas categorías.

Sobre este punto, Strada plantea dos situaciones típicas: "Pueden ser trabajadores despedidos que pasan al monotributo y piden la Asignación Universal por Hijo (AUH), y deberían contarse como despidos; la otra variante se relaciona con trabajadores informales que se anotan en el monotributo porque existe la posibilidad, pero no significa creación de empleo". En ambos casos, se trataría de contabilidad creativa para engrosar las filas de los asalariados registrados.

Brotes multicolores

Más allá de esto, si se acerca el zoom en los distintos sectores no hay maquillaje estadístico que alcance para disimular las imperfecciones del mundo laboral.

Sin embargo, Schteingart resalta "una gran heterogeneidad" del empleo en Argentina, tanto a nivel regional como sectorial. "Ni es todo brote verde, como dicen los optimistas, ni todo brote rojo, como dicen los detractores del macrismo", sostiene, y agrega: "Hay sectores que quizás arrancaron y empezaron a caminar, como el agro; otros siguen cayendo mes a mes, como la industria. Se nota bien el cambio de perfil productivo que impulsa el gobierno".

La tormenta industrial

Precisamente, en los primeros trece meses de gobierno de Cambiemos la industria manufacturera expulsó a 51.466 trabajadores (4,10 del total), siempre en la serie desestacionalizada y según datos del Ministerio de Trabajo de la Nación en base a las altas y bajas en la seguridad social.

En 2016 la industria debió surfear una tormenta perfecta que incluyó incremento de costos (sobre todo, tarifarios), caída del consumo interno, apertura de importaciones y cierre de mercados internacionales.

Además, la retracción de la actividad económica pegó distinto en el empleo en las diferentes provincias. "En 8 provincias de las 24 la caída del empleo en blanco fue la peor desde 2002. En Tierra del Fuego cayó 15 por ciento, en su mayoría por la electrónica; en Santa Cruz es la peor caída desde que se tiene registro, en 1996, y en buena medida se explica por la dinámica de la construcción", indica Schteingart.

A nivel nacional, en la construcción perdieron el trabajo 24.529 personas (5,50 por ciento del total). No sólo se paró la obra privada: el macrismo clavó el freno de mano en la obra pública y recién lo soltó en el cuarto trimestre.

Las únicas tres provincias en las que creció el empleo en el cuarto trimestre de 2016 con respecto al mismo período de 2015 fueron La Pampa (1,9 por ciento), Tucumán (2,6 por ciento) y Jujuy (2,8 por ciento).

Justamente, distritos basados en la producción agraria y agroindustrial, una de las ramas ganadoras en el post kirchnerismo, junto a minería y entidades financieras.

El detalle es que las actividades más dinámicas del esquema económico actual no son mano de obra intensivas: agricultura, ganadería, caza y silvicultura emplea el 5,22 por ciento del trabajo privado registrado; minería, el 1,29 por ciento; intermediación financiera, el 2,63 por ciento. Es decir, emplean sólo a 9 de cada 100 trabajadores del sector privado.

En base a esta situación, Strada señala que la confianza oficial en un repunte del empleo a partir del despliegue de estas actividades "choca con la historia y la estructura económica argentina".

El tercer semestre

En este marco, las perspectivas son moderadas. De acuerdo a Cali la expectativa de las empresas es de "mantención de empleo más que generación efectiva".

"Las expectativas se han ido corriendo, la opinión es que recién se va a recuperar en el segundo semestre o en 2018", sostiene, y añade: "Sólo dos de cada diez empresas, cualquiera será su tamaño, considera que la generación genuina de nuevos puestos de trabajo comenzará en la primera mitad de este año".

Funcionarios y empresarios cantan la misma canción: el marco regulatorio actual no fomenta la generación de nuevos puestos de trabajo. Según el relevamiento de SEL, 74 por ciento de las compañías demanda subvenciones a las cargas sociales de los nuevos trabajadores y reducción de las cargas sociales de los ya contratados, y el 49 por ciento pide flexibilizar la ley de contratación de personal eventual y tercerizado.

Para Strada y Schteingart el principal obstáculo para la creación de empleo es el propio modelo. Strada reconoce que el debate sobre si Argentina debe ser el supermercado del mundo "es válido" pero ese esquema "no alcanza" para desarrollar la economía nacional.

En su opinión "Cambiemos va a por el camino de la destrucción de la industria" y la expulsión de trabajadores de ramas que el gobierno califica como "sensibles" _calzado, madera y muebles, textiles y electrónica_ y "latentes", como automotriz y autopartes. De acuerdo al relevamiento de despidos del Cepa aún faltaría despedir entre 100 mil y 200 mil trabajadores para que se cumpla el objetivo del gobierno.

Schteingart cree que el empleo "puede recuperarse algo más" aunque no sabe si volverá a los niveles de noviembre de 2015. Y pone sobre la mesa una variable clave: el crecimiento demográfico. Cada año la población aumenta 1 por ciento, así que para incorporar a las nuevas generaciones al mercado de trabajo y mantener constante la proporción de asalariados en blanco cada cien habitantes se tienen que crear unos 65 mil puestos de trabajo al año.

Entre 2011 y 2015 se generó el empleo suficiente para mantener la tasa constante, pero en 2016 la relación empeoró. De esta manera, calcula Schteingart, este año "se tendrían que crear 180 mil puestos de trabajo para recuperar los puestos de trabajo que se perdieron desde noviembre de 2015 y compensar el crecimiento demográfico de 2016 y 2017".

En su visión, no brotarán "ni de casualidad" 180 mil puestos nuevos, aunque sí podrían crearse 40 mil ó 50 mil. Evalúa que "va a depender mucho de lo que pase en la construcción, que genera mucho empleo", y también en la industria.

En el sector fabril ve "muy poco probable, por las dinámicas de los sectores, que se recuperen los 50 mil puestos que se destruyeron".

"Cuando se tiene un esquema macroeconómico que incluye apertura comercial con un tipo de cambio que ya está apreciado, un mercado interno que no arranca mucho y tasas altas no hay fomento para las industrias locales. Es un esquema complicado para las empresas que tienen dificultades para competir", resalta.

En el esquema actual, opina, se desaprovecha el potencial de encadenamiento de la industria: "Por cada puesto que generás en la industria, creás dos en otro sector de la economía; ningún otro sector tiene esto".

¿Daño colateral o estrategia?

En este marco, recorre la Argentina el fantasma del desempleo. El dato aislado de la tasa de desocupación puede ser engañoso: según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec entre el tercer y el cuarto trimestre de 2016 la tasa de desempleo a nivel nacional bajó del 8,5 por ciento al 7,6 por ciento, pero, al mismo tiempo, la tasa de actividad _que mide la relación entre la población total y las personas que tienen o buscan trabajo_ cayó del 46 por ciento al 45,3 por ciento y la tasa de empleo _la relación entre las personas que trabajan y el conjunto de la población_ descendió del 42,1 por ciento al 41,9 por ciento.

En términos absolutos: en los 31 aglomerados donde se realiza la EPH, que representan el 62 por ciento de la población total, los desocupados pasaron de 1.069.000 personas a 937 mil, pero la población económicamente activa se contrajo también de 12.546.000 personas a 12.397.000.

Esto significa que la desocupación disminuyó no porque las personas consiguieran trabajo sino porque dejaron de buscar empleo y pasaron a la inactividad. Es el llamado "efecto desaliento".

Ante esto, surgen interrogantes: ¿Apunta el macrismo al pleno empleo?, ¿Es la desocupación un daño colateral del modelo?, ¿O un instrumento de una estrategia neoliberal clásica, que busca disciplinar a los trabajadores, imponer acuerdos salariales a la baja y avanzar con la desregulación del mercado de trabajo?

Strada considera que la respuesta a la pregunta sobre si los funcionarios están convencidos del camino o su discurso es puro simulacro depende de cada caso: "Veo a Sturzenegger y veo convicción en la teoría monetarista; en Macri veo total cinismo, no veo que sea una persona convencida de que sus políticas vayan a reducir la pobreza o generar empleo. Todo lo que han hecho, salvo la extensión de la asignación universal a los monotributistas, incluso la reparación histórica a los jubilados, no conduce a los objetivos que se declaman".

Para Schteingart el gobierno enfrenta una contradicción: "Por un lado quieren ajustar, y eso implica cierto disciplinamiento del movimiento obrero con las pretensiones salariales; pero a la vez tenés que generar humor social en un país que vota cada dos años".

A mediados de marzo la vicepresidenta Gabriela Michetti planteó el problema: "¿Con comicios cada dos años, cómo hacemos para construir lo que tenemos que construir? Lo más efectivo sería, en vez de alargar la presidencia a seis años, por lo menos durante un tiempo, evitar la elección de medio término".

"Esa frase de Michetti resume el dilema", considera Schteingart.

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