Economía
Domingo 18 de Junio de 2017

El programa del recorte del gobierno nacional va hasta el límite

La guadaña del "sinceramiento", como llama al gobierno al desmantelamiento de las instituciones redistributivas de la sociedad, avanza hasta el hueso, como le gustaba decir al ex presidente Carlos Menem.

Sin lugar para los débiles. Pensionados, jubilados, asalariados, consumidores populares o pequeños industriales. La guadaña del "sinceramiento", como llama al gobierno al desmantelamiento de las instituciones redistributivas de la sociedad, avanza hasta el hueso, como le gustaba decir al ex presidente Carlos Menem.

Convencido del apoyo de la opinión publica a su programa de recortes y decidido a plebiscitarlo en las elecciones legislativas, el gobierno nacional descargó esta semana una sobredosis de ferocidad regresiva. A su estilo, fue por diez para avanzar nueve.

El recorte general de pensiones por invalidez desató, como ya ocurrió con otras decisiones tomadas en el último año y medio, indignación y movilizaciones. Los estrategas del ajuste recalcularon, como en el primer tarifazo, y seguramente intentarán avanzar por otro sendero pero que llegue a la misma meta. El Norte sigue allí. En simultáneo, funcionarios de la seguridad social blanquearon la intención de avanzar con una reforma previsional que eleve la edad jubilatoria y el propio presidente lanzó una nueva ofensiva contra la Justicia laboral, enojado con el "abuso de protección" que entiende ejerce a favor de los trabajadores y que pone obstáculos a la flexibilización laboral. El oficialismo acumula resentimiento sobre ese fuero, que homologó paritarias por encima del 21%.

El recorte de pensiones es la foto más brutal de una película que comenzó con los despidos en el Estado para "sacar la grasa militante", siguió con la advertencia oficial de negociar salarios a la baja cuando a los obreros del sector privado "les apriete el zapato del desempleo", y la recomendación de "hacer gimnasia" a las fábricas nacionales afectadas por las importaciones y la caída del consumo, producto esto último de una historia "populista" que les hizo creer a los empleados que podían "comprar un celular o un auto".

La declamada transparencia del modelo macrista anida en las intenciones de sus funcionarios. La "competitividad" no sólo es una vocación de disciplinamiento a las empresas y trabajadores que se expandieron en la posconvertibilidad. Es el nombre de un darwinismo explícito sobre sectores económicos, clases sociales y ubicación geográfica.

La "batalla cultural" para volver a la prehistoria del capitalismo es la gran apuesta electoral del oficialismo para las elecciones legislativas. Estima, y tiene sus razones, que el programa de la selección natural conecta con las aspiraciones de buena parte de los electores. Sobre ese razonamiento, la gobernadora de Buenos Aires provoca una y otra vez al frente de gremios docentes (no sólo el Suteba) para que acepten una paritaria humillante, o el intendente de Córdoba, con sus aliados políticos y sindicatos, militariza el conflicto salarial a los choferes de colectivos.

Mientras la espada del poderoso atrae incluso a quienes tarde o temprano van a padecerla, esta persecución es fuente de una estrategia electoral con éxito. El fenómeno no es nuevo. Tampoco sus consecuencias. A contramano del relato oficial, las cifras de desempleo del primer trimestre del año expusieron lo que se nota sin lugar a dudas en la calle: el desempleo y el subempleo subieron, incluso, o sobre todo, en regiones que supuestamente son beneficiarias de la política económica. Tres de los cuatro aglomerados que entraron en la tasa de dos dígitos están en las dos provincias más importantes del país. La mitad son de provincia de Buenos Aires, considerada la madre de todas las batallas para los próximos comicios.

El Gran Rosario volvió a superar la desocupación del 10%, reflejando un tendencia que se verifica en la vida diaria. Es imposible otro resultado en una región en la que cierran fábricas y comercios con sistematicidad prusiana.

La línea de contención instrumentada regionalmente para minimizar este impacto, los recursos volcados a la asistencia de la creciente demanda social, la vocación por encontrar acuerdos entre capital y el trabajo que no sigan la lógica del aleccionamiento, se vuelven activos que el sistema político local, incluso en términos multipartidarios, puede presentar frente al inhóspito cuadro nacional. Un aspecto no menor frente a la perspectiva de otra larga década neoliberal.

Dólar, deuda y déficit, combo feroz

El Instituto de Estudios de la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) advirtió que la cotización del dólar "no es sostenible" sin lograr un aumento de la productividad y criticó el alto déficit y el "excesivo nivel de endeudamiento" impulsado por el gobierno nacional.

"La historia del país demuestra que no es posible convivir demasiado tiempo con un elevado déficit fiscal y una deuda pública en constante ascenso", sostuvo el reporte de la Fundación que coordina Jorge Vasconcelos.

El trabajo advierte sobre los "cuatro desequilibrios que, en el mediano plazo, la economía argentina necesita comenzar a revertir", al referirse al endeudamiento, el déficit fiscal, el dólar y la inflación.

Indica que existen "también límites para el endeudamiento externo generado por el déficit de cuenta corriente del balance de pagos".

El informe del Ieral advierte que la "reducción sostenida del déficit fiscal es clave para que el necesario aumento de la tasa de inversión no agrave los desequilibrios externos".

"Actualmente, lo que limita el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos es la existencia de ahorro privado que compensa parcialmente el rojo de las cuentas públicas, pero un sector privado superavitario es posible por el bajo nivel actual de la inversión que, de persistir, impediría el crecimiento sostenido del PIB", indicó el estudio.

El trabajo señaló que será "clave" que el Banco Central pueda reducir la inflación "ya que estabilizar la economía sin tener que recurrir a tasas de interés ultrapositivas es fundamental para desincentivar los movimientos de capital de corto plazo, que acentúan la volatilidad de las distintas variables".

"Reducir el déficit fiscal, a su vez, aumentará el margen para la expansión de la inversión privada", señaló el trabajo.

Los fondos federales se concentran

La distribución de recursos fiscales entre la Nación y las provincias se centralizó aún más en el primer trimestre de este año, debido al ingreso extra de montos provenientes del blanqueo, que no se coparticipan, informó la consultora Economía & Regiones.

"Desde la óptica del federalismo fiscal, la distribución continua manteniendo su sesgo centralizador, dado que el gobierno nacional concentró cerca de tres cuartas partes de la renta federal, quedando en las arcas provinciales sólo un 27% del total", puntualizó E&R en su último informe.

Al respecto, precisó que ese porcentaje "fue, además, menor al 30% obtenido al primer trimestre de 2016, debido al monto extra de recursos ingresados por el sinceramiento fiscal, que no son coparticipables".

Esa centralización de recursos no se interrumpió aun con la firma del "acuerdo por el nuevo federalismo", por el que se inició el proceso de restitución de 15 puntos porcentuales a las provincias de la masa coparticipable que se destinó durante un cuarto de siglo al financiamiento de la Ansés.

A pesar de esa devolución, "el desequilibrio fiscal vertical todavía persiste, recibiendo las provincias sólo el 29,8% de los recursos federales", algo que está "lejos de la garantía del 34% de la ley Nº 23.548", advirtió la consultora.

Asimismo, en el informe se subrayó que esos recursos "son insuficientes en relación a sus funciones de gobierno que abarcan la educación, salud, seguridad y justicia, tarea que implica asumir cerca del 50% del gasto público de los tres niveles de gobierno".

Por otra parte, el informe de E&R indicó que en el primer trimestre de 2017 el sector público provincial presentó ingresos por 353.774 millones de pesos y gastos por 330.677 millones, lo que puso en evidencia "un fuerte crecimiento del gasto (42% interanual) frente a los recursos (37%)".

"Esta situación contrasta con la observada en el primer trimestre del año 2016, cuando los ingresos se expandían a un ritmo del 38% anual, mientras los gastos lo hacían al 33 por ciento, como consecuencia de la contención del gasto que hubo en los primeros meses con motivo del cambio de gobierno en varias jurisdicciones", señaló E&R.

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