Economía
Domingo 07 de Mayo de 2017

Como el brazo ejecutor de un castigo bíblico, el gobierno pone en la mira los convenios colectivos

Contra un crédito para sacar de terapia intensiva a Sancor, presionó y logró forzar al gremio de los trabajadores de la industria láctea a abrir la discusión sobre el convenio laboral.

Como el brazo ejecutor de un castigo bíblico, el gobierno avanza sobre el terreno minado por su propia recesión, con el desmantelamiento de las instituciones económicas y sociales de la posconvertibilidad. Contra un crédito para sacar de terapia intensiva a Sancor, presionó y logró forzar al gremio de los trabajadores de la industria láctea a abrir la discusión sobre el convenio laboral.
El objetivo de reformular los convenios laborales fue anunciado con carácter general desde el inicio de la gestión macrista por el ministro de Trabajo, Jorge Triaca. Comenzó a tocar tierra en 2017, luego de que la recesión económica provocada por el cambio de modelo dejara un tendal de despidos, pequeñas y medianas empresas cerradas y regiones económicas enteras urgidas de la necesidad de la ayuda estatal para no caer en graves crisis sociales.
Los condicionamientos ausentes en el pago a los fondos buitres, en el negocio financiero de las Lebac o en las reducciones impositivas a exportadores y mineras, aparecen ahora como la penitencia obligada de los trabajadores y las pymes regionales por "haber pecado de populismo" con su ilusión, diría González Fraga, de acceder con el ingreso de su trabajo a bienes y servicios que aparentemente no deberían estar a su alcance.
El rastrillo contra la institucionalidad laboral va creando nuevas Vaca Muerta allí donde puede. En los últimos días, ese convenio testigo que flexibilizó las condiciones de trabajo de los petroleros neuquinos se extendió a otros sectores de la actividad. La conducción de Atilra, brava para lidiar con sus disidencias internas, capituló en cambio frente a la industria y el gobierno luego de una breve escaramuza. Los docentes, objetivos declarados de la guerra de Macri y Vidal contra las paritarias, son provocados una y otra vez con propuestas salariales a la baja.
El retroceso del segmento del mercado laboral formal y con mayor capacidad de resistencia, se potencia en el largo tercio del mundo del trabajo precarizado. Y, como no podía ser de otra manera, deja el tendal en el comercio y la industria ligada al mercado interno. Las advertencias de sectores industriales como la Unión Industrial Argentina (UIA) por la mortandad de empresas, las calientes reuniones de los comerciantes rosarinos, exponen el fenómeno. Los dirigentes más perceptivos avizoraron y siguieron este proceso desde el inicio. Los otros, van cayendo en la cuenta de que no se trataba de un relato.
Se acercan las elecciones, y el gobierno está seguro de que la mezcla de lo que el Centro Scalabrini Ortiz (Ceso) llama populismo financiero (endeudamiento y dólar barato), y emocionalidad anti K, lo blindará de las consecuencias políticas de las medidas económicas. Juega con ventaja frente a una oposición partidaria desorientada y una oposición social, representativa de las víctimas del nuevo modelo, que se expresa en la calle como un río desbordado, sin cauce.
Atomizados, los cuatro actos masivos del 1º de mayo, en los que se expresó el malestar contra el rumbo económico, quedaron expectantes frente al espectáculo del presidente Mauricio Macri hablando en el acto organizado por uno de los gremios que se mueve en los umbrales mínimos del universo salarial de la Argentina.
El día en el que se recuerda a los mártires de la lucha por la jornada laboral de las ocho horas, el jefe del Estado ganó las tapas con un anuncio de subsidio estatal a la carga salarial de las empresas privadas y un reclamo a los trabajadores para que mejoren su productividad.

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